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Economía
A media luz

De la pesadilla de los apagones a la falta de bombillas: La incoherencia
de la 'revolución energética'.

Federico Fornés, La Habana | 06/06/2008

En 1980, Juana Larrea se quejaba de que no tenía toallas en casa cuando
en el cosmos un compatriota saltaba a los titulares. Casi treinta años
después, en plena revolución energética, como gusta llamar el gobierno a
su programa de generación eléctrica, esta anciana tiene otra reclamación
que hacer: bombillas para alumbrarse.

"Vamos de lo sublime a lo ridículo", ironiza.

La señora Larrea comparte la suerte de miles que en la Isla buscan cómo
alumbrarse cuando el gobierno habla maravillas del plan energético que
acabó virtualmente con los irritantes apagones de diez o más horas
diarias que, además, servían de cobertura para robos, atracos y vandalismo.

"Eso está perdido", responde un vendedor de ferretería al ser preguntado
sobre las bombillas ahorradoras. Encorbatado y bien rasurado, suelta la
frase en lengua vernácula: "venían del yuma", para indicar que el
producto era facturado en Estados Unidos. "Cosas del bloqueo", satiriza.

En el escaparate se anuncian varias lámparas portátiles y tubos de luz
fría a precios que arrancan exclamaciones: estos últimos desde 2,50
pesos convertibles hasta 3,60 convertibles, casi la sexta parte del
salario promedio.

Víctor Lamas, mozo de limpieza de un hospital, se rinde a las
especulaciones. Imagina que las luminarias de bajo voltaje fueron a
parar a "Haití o viajaron para Bolivia o para la China, quién sabe".

Y puede que lleve razón. El gobierno ha exportado su "experiencia
energética" a varias naciones del Caribe mediante activistas cubanos.
Puerto Príncipe, la capital haitiana, conoce de la diploenergía de su
vecina caribeña. El diario argentino La Nación anunció el 3 de junio que
Buenos Aires quiere sustituir cinco millones de lámparas, a corto plazo,
y 20 millones en el futuro. Para esto ya "ha hecho contactos con el
gobierno de Cuba, desde donde se importará un cargamento de lámparas de
origen chino. Venezuela tramitó tiempo atrás una iniciativa similar".

Lamas lleva tres semanas zapateando por los comercios en procura de un
bombillo "del que sea". Se sirve de la luz residual del televisor para
ver qué come, porque "ni los merolicos tienen", dice aludiendo al
mercado informal.

"Antes porque te quitaban la luz y ahora porque no hay con qué tener
luz", comenta malhumorado, porque no halla alternativas para su
problema. Arremete con un "¿velas?, ¿de dónde?".

Una oficina de la cadena Tiendas Panamericanas, usualmente distribuidora
en sus ferreterías de este tipo de accesorios, respondió con evasivas a
la pesquisa de CUBAENCUENTRO.com.

"No sabemos, señor", ignoran los funcionarios o facilitan otro número
telefónico para interlocutores fantasmas.

Las últimas ofertas que quedaban en el mercado eran para enloquecer.
Bombillas ahorradoras, que semejaban la llama de una vela para apliques
y lámparas de brazos, de tan sólo siete vatios de potencia, salían a un
precio de 2,45 pesos convertibles.

"De contra que no alumbran, me la quieren meter por la cabeza a ese
precio…", rezonga Lamas.

Malas noticias

La sustitución de las bombillas incandescentes por lámparas ahorradoras
comenzó en la Isla en el verano de 2005, como parte de un programa
impulsado por las autoridades para reducir el consumo de electricidad y
colocar el ahorro como el principal motor económico del país, con unos
2.000 millones de dólares al año.

Fidel Castro diseñó personalmente la operación. Puso a miles de
trabajadores sociales, "los ángeles guardianes de la revolución", como
les llamó entonces, a tocar de puerta en puerta y cambiar las bombillas
incandescentes por las ahorradoras.

Roberto González Vale, especialista del Ministerio de la Industria
Básica, explicó a la sazón que el objetivo en la capital era sustituir
1,2 millones de unidades tradicionales por las eficientes. El nuevo
soporte evitaría inversiones en unidades generadoras por un costo de 20
millones de dólares.

Fue un trueque rápido y exitoso. Pero desde esa primera vez nunca más se
realizó la reposición y el Estado comenzó a comercializarlas en las
tiendas en divisa o en la red en pesos con un precio equivalente a la
moneda dura. De tal modo, una bombilla de 15 vatios llegó a venderse en
1.60 CUC, equivalente al 9% del salario promedio. Era la mejor opción.

Ante la falta de bombillas ahorradoras, las personas han regresado a las
lámparas fluorescentes, pero estas cuestan 65 pesos, equivalentes a 2,60
CUC, más el tubo lumínico de 20 vatios que podría conseguirse, en el
mejor de los casos, por 20 pesos. Malas noticias. Han desaparecido.

"La reconversión doméstica sale cara y no está a la vuelta de la
esquina", comenta FD, un ingeniero del sector. Achaca la falta de
bombillas a la pésima gestión de los compradores cubanos. "No creo que
falte el dinero para adquirirlas", deduce.

Pies de barro

La llamada revolución energética aporta ya réditos. En junio de 2007,
Cuba pasó de ser un país deficitario en electricidad a uno —dicen— con
exceso de oferta. Según el vicepresidente Carlos Lage, el potencial de
generación en la Isla alcanzó 3.400 megavatios, los cuales sobrepasan un
36% la demanda de 2.500 megavatios, informó la prensa oficial.

Vicente de la O, director de la Unión Eléctrica, dijo por su parte a una
comisión de la Asamblea Nacional que en los últimos tres años el ahorro
fue de 961.419 toneladas de combustible. El funcionario explicó que casi
un 40% del ahorro "se debió al cambio de refrigeradores altamente
consumidores por equipos más eficientes" en ciudades y zonas rurales.

Sin embargo, la venta de esos equipos, de la marca china Haier, está
paralizada. Según rumores, la firma asiática emplea componentes o
tecnología en poder de los estadounidenses, lo que en aras del embargo
de Washington a la Isla veta su distribución entre los ciudadanos.

Hace un año, Yadira García, ministra de la Industria Básica, dijo que
más del 98% de cerca de un 1.900.000 encuestados en Cuba elogió los
beneficios del programa energético.

El estudio representó el 65% de las personas que recibieron equipos
electrodomésticos eficientes, sobre todo de cocción, que consiguieron
reducciones sustanciales en el uso de los combustibles tradicionales,
como la leña, y de alto costo para la salud, como el queroseno.

Según los cálculos oficiales, con inversiones superiores a los 1.500
millones de dólares, el plan energético logró en el corto plazo
establecer un nivel de generación sin precedentes, descentralizar su
producción y revertir los odiados apagones que amenazaban con revueltas
locales.

Sin embargo, este impresionante campo de generación tiene los pies de
barro. Se sustenta en parques de usinas que devoran toneladas de
fuel-oil y diesel.

En 2005, cuando comenzó el proyecto, el barril de petróleo costaba
USD46, ahora casi se ha triplicado y lo peor es que no se vislumbra un
fin para la espiral. Cuba, que consume 8,2 millones de toneladas de
hidrocarburos, tiene su pozo fundamental en Venezuela y ya eso es un riesgo.

http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/articulos/a-media-luz-89298


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