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Agricultura
Lista de compras

El calvario de poner a producir 'tierras ociosas'. Herramientas en
moneda dura y la burocracia de nunca acabar.

Alberto Méndez Castelló, Las Tunas | 23/01/2009

Los ciudadanos verán alejarse cada vez más de sus mesas los productos
del campo mientras los agricultores enfrenten más trabas burocráticas
para comercializar sus frutos y precios de usura para adquirir sus
herramientas.

A pesar de que Cuba ocupa el antepenúltimo lugar del mundo en el Índice
de Libertad Económica, según un estudio realizado en 2008 por la
Fundación Heritage, si usted tiene vocación de agricultor —y mucho
dinero— este es el momento de hacerse granjero en la Isla.

La tierra no vale nada; por pura abulia, los campos labrantíos se
extienden por todo el país cubiertos de malezas; y un funcionario del
Ministerio de la Agricultura, que bien puede ser una hermosa joven de
encantadora sonrisa, estará aguardando, formulario en mano, por el
valiente que decida adentrarse en los breñales.

"¿Tiene usted experiencia agrícola?, sí; ¿de cuántos años? ¿Posee usted
un tractor o animales de tiro, algo así como una yunta de bueyes, un
caballo o un burro?, no. ¿Y arados o cultivadoras, y herramientas de
labranza, digamos un azadón, o un pico y un machete?, tampoco. Bueno,
señor, su caso será analizado y se le dará una respuesta", le dirá la
joven, en caso de ser usted un campesino inerme. Pero no espere por la
respuesta, consígase las herramientas, porque sin ellas ni soñar con que
le adjudicarán ni la más mínima parcela de tierra.

Puesto que en Cuba las UMAP (Unidades Militares de Ayuda a la
Producción), el DEP (Departamento de Establecimientos Penitenciarios),
el EJT (Ejército Juvenil del Trabajo), las ESBEC (Escuelas Secundarias
Básicas en el Campo), los IPUEC (Institutos Preuniversitarios en el
Campo) y las jornadas de trabajo voluntario en el campo han ejercitado
en las faenas agrícolas a casi todos los ciudadanos, parece obvio que
sólo se precisa de un poco de dinero para hacerse merecedor de un
terreno en usufructo, según el Decreto-Ley No. 259 sobre la entrega de
tierras ociosas.

Como las tierras labrantías se encuentran abandonadas desde hace
décadas, muchas cubiertas por el temible marabú, esos arbustos invasores
de púas agresivas, tan populares en el mundo desde que el señor
presidente ponderó su verdor pernicioso en los campos de Cuba en su
discurso del 26 de julio de 2007, hágase de herramientas de marca.

Para derribar el marabú y hacer fructificar la granja de sus sueños,
realice sus compras en algún comercio de la corporación Cubalse. En una
ferretería que bien puede llamarse Meridiano, adquiera un buen machete.
Un Collins fabricado en Colombia le hará desembolsar 12,50 pesos
convertibles, esto es, 312,50 de los devaluados pesos cubanos. Pero no
desestime esta moneda, si logra hacer fructificar la tierra de
promisión, serán estos pesos los que reciba a cambio de sus frutos.

En posesión del Collins, precisará de una lima para afilarlo, la cual le
costará 4,10 convertibles, esto es, 102,50 pesos devaluados. Como debe
hacer ringleras con lo chapeado, también necesitará un rastrillo, el que
rastrillará de su bolsillo antes de tocar la hojarasca de marabú 4,45
convertibles, o lo que es lo mismo, 111,25 pesos de su salario.

Con las herramientas idóneas, y librado del marabú, necesitará una
cabaña o un cobertizo para protegerse del sol y la lluvia mientras traza
y cultiva sus parcelas de labranza. Cómprese una cinta métrica, una
escuadra, un martillo, un berbiquí… La cinta métrica le costará cuatro
pesos convertibles; la escuadra, 7,55; el martillo, cinco; el berbiquí,
7,10… Para no proseguir, esto le sumará la bonita cifra de 23,65 pesos
convertibles. Si incluimos el machete, la lima y el rastrillo, la cifra
asciende a 44,75 pesos de los duros, porque de los blandos, por los que
tendrá que sudar la camisa muy duro, importan 1.117,75 pesos.

Cuando nos referíamos a que precisaría algún dinero para tomar la tierra
de sus sueños, no tuvimos en cuenta la cantidad para herramientas ni
para semillas; pero sí unos 75 ó 80 centavos devaluados, la calderilla
indispensable para comprar los barbitúricos que el psiquiatra ha de
medicarle. Serán para controlar la depresión que sufrirá cuando, entre
usted y sus clientes, se interponga un ejército de inspectores y
policías que, primero, le exigirán su carné de identidad, y luego de
informarse sobre qué día usted nació, quiénes son sus padres, dónde vive
y por qué se encuentra fuera de su municipio, pasarán a interrogar a sus
boniatos, a los que requerirán, antes de decomisarlos: ¿por qué, si
proceden de tierra roja, viajan con destino a una bolsa negra?

http://www.cubaencuentro.com/es/cuba/articulos/lista-de-compras-149837


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