Informacion economica sobre Cuba

Publicado el sábado, 08.29.09
Bienes importados hay, pero son caros
Por The Miami Herald
LA HABANA

El Centro Comercial Plaza Carlos III del centro de La Habana, de tres
pisos, es una muestra de artículos que infringen las leyes del embargo.
Hay gorras de pelotero Wilson, accesorios de iluminación Westinghouse,
exprimidoras Proctor-Silex y hornos de microondas General Electric.

Y eso es sólo en el segundo piso.

En la calle, jeans Sean John y gafas de sol Ray-Ban se ven junto a las
camisetas del Che Guevara. En algunas oficinas del gobierno hay
computadoras Dell y Cubana de Aviación tiene por lo menos un Boeing 767.

Con tantos artículos estadounidenses a la vista, podría excusarse a los
cubanos por pensar que el embargo, implementado hace ya 50 años, en
realidad no imposibilita conseguir productos, sino que los hace más
costosos.

"El embargo no es entre Estados Unidos y Cuba'', dice Manuel, un taxista
habanero de 46 años. "Es entre los cubanos: los que pueden comprar las
cosas y los que no pueden''.

Aunque es ilegal que la mayoría de las compañías estadounidenses y sus
filiales hagan negocios en la isla, el mercado cubano está repleto de
esos productos.

Ciertos artículos, como alimentos, productos agrícolas y medicinas son
legales como excepciones al embargo. Pero otros los llevan empresarios,
compañías fachada del gobierno y distribuidores independientes a quienes
las leyes de Estados Unidos les preocupan poco.

"No hay nada de lo que nosotros producimos que no se pueda adquirir de
abastecedores extranjeros'', dice Robert Muse, abogado de Washington y
experto en el embargo.

"Si ellos [los cubanos] quieren algo, siempre pueden conseguirlo''.

Situada dentro del Centro Comercial Hicacos en la exclusiva playa de
Varadero hay una tienda que vende docenas de modelos de zapatos
deportivos New Balance.

En la sede de la compañía en Boston, el vicepresidente Edward Haddad
dice que su empresa cumple el embargo, pero piensa que esos zapatos se
los compraron a la distribuidora independiente de Centroamérica, que
opera en la Zona Franca de Colón, Panamá.

Empresarios de todo el Caribe se abastecen en Colón para revender, explica.

"Uno de los motivos por los que hay tantos artículos estadounidenses en
Cuba es la manera en que se opera esa región'', agrega. Muchos compran
en efectivo. La gente va a la Zona Franca de Colón, compra productos y
se los llevan, y los dueños de esas marcas no tienen idea de qué pasa
después''.

Kim Freeman, portavoz de GE, no sabe explicar cómo los hornos de
microonda van a parar a las vidrieras del Centro Comercial Plaza Carlos
III a 260 pesos convertibles, conocidos como CUC, equivalentes a unos $312.

"Los acuerdos industriales con nuestros distribuidores les exigen que
cumplan las normas de control comercial de Estados Unidos, que prohíben
a las compañías estadounidenses vender a Cuba'', dijo Freeman en una
declaración. Ese centro comercial lo opera el conglomerado CIMEX,
propiedad del gobierno cubano. "Investigaremos y tomaremos las medidas
necesarias si se han infringido esos acuerdos'', añadió.

Hasta bienes como aviones de pasajeros pasan por los huecos del embargo.

Por ejemplo, el Boeing 767 que opera Cubana de Aviación. Fabricado a
principios de los años 90, comenzó a prestar servicio con la aerolínea
brasileña Varig antes de ser trasladado a una compañía portuguesa de
arriendo de aviones, según Airframes.org. El avión finalmente fue
adquirido por STP Airways, de Sao Tomé y Príncipe, en el 2008. Desde
entonces el avión vuela con los colores de Cubana a aeropuertos de
Europa, según tres fuentes expertas en la materia.

"No podemos controlar cómo los aviones Boeing se negocian en los
mercados secundarios'', dice el portavoz Nicolaas Groeneveld-Meijer,
quien recalca que su compañía acata el embargo. "Las aerolínea de otros
países tienen la libertad de vender sus Boeing a Cuba, de segunda o
tercera mano, y según las restricciones estadounidenses, no prestamos
apoyo técnico a esos aviones''.

En algunos casos, ciertas empresas pueden cargar con la responsabilidad
si sus productos llegan a Cuba.

Desde enero, la Oficina de Control de Bienes Extranjeros (OFAC) ha
sancionado a ocho compañías e individuos por infringir el embargo. En
julio la OFAC le impuso a Philips Electronics of North America una multa
de $128,750 cuando una de sus afiliadas en el extranjero vendió equipos
médicos a Cuba. La compañía reveló voluntariamente la infracción pero se
negó a conceder entrevistas sobre el asunto.

Aunque ese caso era obvio, la mayoría no lo es, dice Timothy Ashby,
experto en asuntos cubanos del bufete Sonneschein, Nath & Rosenthal en
Miami. En algunos casos, viajeros cubanoamericanos legalmente llevan a
la isla artículos de consumo que terminan en el mercado negro. Otras
veces los productos entran desde otros países sin el conocimiento del
fabricante. Todos los resquicios del embargo "hacen virtualmente
imposible sancionar a los productores de esos artículos'', dice Ashby.

Aunque en Cuba se encuentran algunos bienes de consumo estadounidenses,
no siempre están al alcance del cubano de a pie.

Por ejemplo, las gorras de béisbol Wilson. El precio es de 11.20 CUC,
equivalentes a unos $14. Si se toma en cuenta que el salario básico en
la isla es de alrededor de $10 al mes, eso significa que la misma gorra,
si se ajusta al ingreso mínimo en Estados Unidos, costaría $1,624.

Aunque la comparación no es enteramente precisa, porque en Cuba la
vivienda, los alimentos y los servicios médicos son gratis o están
subsidiados.

Aunque el precio de muchos bienes importados es exorbitante para el
nivel de vida cubano, un día reciente el Centro Comercial Plaza Carlos
III y otras tiendas que venden esos productos estaban llenos de clientes.

José, de 36 años, fue a Trasval, una enorme ferretería llena de juegos
de herramientas ProLine y botes de basura Rubbermaid, en busca de un
cláxon nuevo para su Peugeot, un modelo de los años 80. Tardó unos tres
meses en ahorrar los 36 CUC ($43) que necesitaba.

"Me puse de suerte'', dijo José. "Un individuo me dio una propina de $20
por llevarlo a Varadero''. Lo demás lo consiguió como pudo.

Aunque prácticamente todos los bienes importados se venden en CUC, a la
gran mayoría de los cubanos les pagan en pesos, que se cambian a razón
de 24 por CUC.

Los taxistas y los que trabajan en el turismo están mejor que muchos
otros porque frecuentemente les dan propinas en CUC. La norma es que las
entreguen al gobierno, pero no siempre lo hacen.

Los que viven del sueldo del gobierno tienen que sufrir.

"Uno solamente puede entrar a esas tiendas [de CUC] si tiene familiares
en el extranjero que le envían dinero, o si está haciendo algo ilegal'',
dice Miguel, de 46 años, maestro de Educación Física que dice que gana
unos $15 al mes. "Vivimos en un sistema que convierte a todo el mundo en
delincuente''.

Muchos admiten que se han llevado algún artículo de su centro de trabajo
o han hecho alguna operación en el mercado negro para ganar dinero extra.

Por ejemplo, algunos empleados de fábricas de tabaco se colocan en la
parte trasera de las instalaciones y ofrecen a los turistas "puros'' más
baratos; los empleados de hoteles venden jabones robados y los taxistas
no declaran todos sus ingresos.

En la Empresa Nacional Telefónica los empleados estaban vendiendo
ilegalmente en $6 un código de 12 números para hacer llamadas nacionales.

La popularidad de las tiendas en CUC y sus artículos importados se hace
aparente cuando se compara con lo que se puede comprar con los pesos
comunes y corrientes.

El lema de la tienda Variedades, en 23 y 10, en el Vedado, es "de todo
en moneda nacional''.

Pero un fin de semana reciente la amplia tienda, que antiguamente era un
Woolworth's, estaba llena de cajas polvorientas y vacías, y unos pocos
artículos regados.

Había pulóveres a 80 pesos ($3.30), pantalones de hombre a 160 pesos
($6.67) y alimentos empacados.

Pero la mayor parte de la actividad giraba alrededor de un pequeño
kiosco de carnicero, que tenía cuatro tipos de carne: dos tipos de
salchichas, algo de tocino y un pollo.

"Esto no está tan vacío'', dijo una mujer de cierta edad al salir del
lugar con una flauta de pan y un par de sandalias de playa. "A veces hay
más, pero a veces menos''

Pero mientras las fuerzas del mercado y los intereses comerciales de
Estados Unidos erosionan cada vez más el embargo, algunos creen que un
día no lejano las compañías estadounidenses podrán comerciar
directamente con la isla.

"El embargo en realidad no funciona y no hay una manera eficiente de
hacerlo cumplir'', dice Ashby, el abogado miamense. "El embargo no se
eliminará de una sola vez, pero creo que los próximos siete años todo
habrá terminado''.

Los reporteros Al Chardy y Rui Ferreira contribuyeron a este reportaje.
Además, un redactor de The Herald reportó desde La Habana. El nombre del
reportero y los apellidos de los entrevistados en Cuba no se dan a
conocer porque el periodista no tenía la visa exigida por el gobierno
cubano para reportar desde la isla. El gobierno niega rutinariamente las
solicitudes de tales visas por parte de The Miami Herald.

Bienes importados hay, pero son caros – El embargo por dentro – El Nuevo
Herald (29 August 2009)
http://www.elnuevoherald.com/cuba/embargo/v-fullstory/story/530714.html


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