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Economía

Trabajadores relatan las tribulaciones de su primer año con negocios por
cuenta propia
Agencias
La Habana 26-12-2011 – 1:09 pm.

'Cuba tiene enormes dificultades. Esto es un maratón, y están apenas
gateando', dice un analista.

Un año de grandes esfuerzos para aprovechar la ampliación del trabajo
por cuenta propia no hizo rico a Julio César Hidalgo. Este propietario
de una pizzería tuvo algunos meses buenos, pero el restaurante que abrió
con su novia da pérdidas y a veces no tienen con qué comprar
ingredientes básicos.

No obstante, este joven de 31 años cree que es mejor tener un negocio
propio, reporta la AP.

Hace un año, Hidalgo preparaba pastelitos en una panadería del Estado,
en la que empleados y jefes se peleaban por "llevarse" algunos huevos,
harina y aceite de oliva, pues era la única forma de salir adelante con
salarios de 15 dólares al mes. Hoy no le responde a nadie, paga
impuestos y emplea a otros.

"En parte, se cumplió mi sueño de tener lo mío propio en mi casa, de
poder mandarme a mí mismo y puedo decir que se cubrieron las
expectativas porque no creo que en Cuba hoy podemos aspirar a más", dijo
Hidalgo junto a su novia Giselle de la Noval. "Hemos sobrevivido".

La historia de Hidalgo es muy parecida a la de varios individuos
entrevistados por The Associated Press que instalaron negocios propios
luego de las medidas de hace un año, que abrieron las puertas a una
forma limitada a la iniciativa privada.

Sus experiencias, igual que las reformas mismas, no pueden ser descritas
como un gran éxito. De una docena de individuos que abrieron negocios
—un restaurante, dos puestos de venta de DVDs, dos cafeterías, una
costurera, una manicura y un hombre que instaló un gimnasio— tres
cerraron o empezaron a trabajar para otros. Un cuarto dijo haber sido
hostigado por sus antiguos empleadores estatales. Fuera de Cuba, nadie
diría que sus experiencias son exitosas.

Sus vidas, sin embargo, fueron transformadas, se hicieron realidad
algunos sueños, hubo un cambio de actitudes y se abrieron puertas que
habían estado cerradas más de medio siglo.

En el caso de Hidalgo, algunos problemas personales agravaron el reto de
abrir un negocio.

Luego de un verano caluroso en el que nadie quería comer pizza, Hidalgo
tuvo que cerrar el negocio dos meses para atender a su abuela, que
padece Alzheimer. Mientras el local estuvo cerrado, él y De la Noval
tuvieron que pagar impuestos y hacer aportes jubilatorios, lo que se
llevó los pocos cientos de dólares que habían ganado.

Volvieron a abrir a fines de noviembre, con tan poco dinero que no
siempre pudieron ofrecer la especial de la casa.

"Después que cerramos dos meses se puede decir que empezamos de cero, y
nosotros no perdimos el negocio porque tuvimos disciplina y orden desde
marzo hasta septiembre", manifestó De la Noval, de 23 años.

Una de las medidas más radicales del año que se acaba fue la decisión de
aumentar significativamente la cantidad de trabajadores por cuenta
propia principalmente en el sector de los servicios, parte de un hasta
ahora esfuerzo infructuoso por reducir las plantillas estatales.

El Gobierno planea despedir progresivamente a millón y medio de sus
empleados.

Unos 355.000 cubanos han recibido licencias para abrir negocios, pero la
mayoría son jubilados o personas sin anterior vínculo laboral. Solo un
18% son antiguos trabajadores estatales, según los datos oficiales.

Casi en cada esquina de La Habana y en pueblos y ciudades de toda Cuba
hay ahora carteles improvisados y sombrillas que anuncian la presencia
de un nuevo negocio, así como vendedores callejeros que ofrecen a viva
voz desde vegetales hasta escobas y servicios de reparación.

"Estamos en un año de estabilización, los cambios han avanzado, el ritmo
no es el adecuado para la acumulación de los problemas que hay pero hay
avances y sobre todo son consecuentes, uno detrás de otro y no hay señal
de paralización o retroceso y tampoco hay improvisación", opinó el
experto Omar Everleny Pérez, del Centro de Estudios la Economía Cubana,
perteneciente a la Universidad de La Habana.

El Gobierno no ha ofrecido estadísticas sobre los ingresos en concepto
de impuestos y los ahorros en las nóminas de empleados generados por las
medidas. Un informe publicado en octubre por el diario oficial Granma
indicó que los impuestos que pagan los negocios nuevos se habían triplicado.

Las autoridades de la Isla redujeron sus pronósticos para el crecimiento
económico de 2011 del 3% al 2,7%, un índice muy bajo para un país en
desarrollo.

Las personas que instalaron negocios privados se quejan de los altos
impuestos que deben pagar, la falta de materia prima y el hecho de que
de repente están rodeados de competidores.

La mayoría de la gente que comienza a trabajar por cuenta propia no
tiene capital para abrir negocios innovadores y se limita a instalar
cafeterías, salones de manicuras, pequeños puestos a la vera de los
caminos y cosas por el estilo.

Anisia Cárdenas es una costurera, una de más de 100.000 cubanos que
tenían licencias para operar negocios privados desde la década de los
noventa. Tras la ampliación del trabajo por cuenta propia decidió
expandirse y pagar dos dólares al día para alquilar un porche de una
vecina en el que instaló su máquina de coser.

Sin embargo, no hubo mucha actividad y tuvo una competencia feroz de
otras costureras con licencia. Luego de unos pocos meses tuvo que
regresar a su pequeño apartamento, temerosa de verse obligada a cerrar
su negocio por no poder pagar un impuesto de 19 dólares mensuales. Ahora
trabaja como empleada de otra costurera.

"Las cosas son difíciles", dijo Cárdenas, quien está tratando de ahorrar
dinero para la fiesta de los 15 años de su hija en enero. "Todo es muy
caro".

Otros dicen que las normas a veces no tienen sentido y los empleados
estatales siguen mirando los negocios privados con cierta suspicacia.

María Regla Saldívar es un cinturón negro en taekwondo que consiguió una
licencia para dar clases privadas a los chicos del barrio en un parque
frente a su trabajo. A principios de año soñaba con convencer al
Gobierno de que la dejase convertir un lavadero abandonado en un centro
de recreación.

Pero el Gobierno le negó el local y luego sus jefes en el Instituto
Nacional de Deportes le suspendieron el sueldo porque dijeron que sus
actividades particulares estaban afectando su desempeño. Dejó entonces
ese trabajo.

Finalmente, su antiguo jefe le prohibió usar el parque para clases de
artes marciales, algo que, técnicamente, está prohibido. El Gobierno
considera que la enseñanza de esa disciplina puede resultar mortal, por
más que la mayoría de los clientes de Saldívar no son siquiera adolescentes.

"Aquí se le llama envidia", dijo Saldívar de su jefe. Actualmente da
clases a 14 estudiantes en un patio detrás del departamento donde vive
con su hija adolescente.

Saldívar asegura que no lamenta lo sucedido en el último año. Dice que
tener que tomar decisiones comerciales aumentó su autoestima y que se
siente feliz de haber podido ahorrar 2.000 pesos (80 dólares),
equivalentes a cuatro salarios estatales promedio.

"Para mí es mucho dinero", dijo pasando los dedos sobre unos pantalones
de color azul celeste que había comprado. "Yo quería tener esto (los
pantalones) desde hace rato y lo tengo. No parecía una entrenadora,
parecía una buscadora de mangos".

Rafael Romeu, director de la Asociación para el Estudio de la Economía
Cubana, con sede en Washington, consideró que Raúl Castro "cambió la
conversación" desde que reemplazó a su hermano Fidel y presionó a los
distintos organismos del Gobierno para que resolviesen los problemas de
la economía en lugar de seguir atribuyéndolos a factores externos como
el embargo.

Los cambios no han alcanzado por ahora para revivir la moribunda
economía cubana.

"Son pasos positivos. Ahora puedes tener un teléfono celular, puedes
comprar una casa o tener una pequeña empresa. Pero esto no es la caída
del Muro de Berlín. No son cambios grandes", manifestó Romeu. "Cuba
tiene enormes dificultades. Esto es un maratón, y están apenas gateando".

Romeu, quien ha trabajado en todo el mundo estudiando las economías
emergentes, dijo que Cuba está actuando con mucha más cautela que China
o Vietnam, que abrieron sus economías a paso más acelerado.

Algunas reformas parece avanzar a paso más rápido que otras.

El negocio es muy bueno en una esquina conocida desde hace tiempo como
el epicentro del mercado informal de bienes raíces de La Habana. Solo
que ahora, los avisos que se colocan en los árboles ofrecen legalmente
propiedades en venta, sin necesidad de recurrir a "permutas".

"Todo es legal" comentó Méndez Rodríguez, agente de bienes raíces sin
licencia —esa actividad no está incorporada como tal por ahora—. Indicó
que él y otros intermediarios no cobran, sino que viven de los "regalos"
que les hagan sus clientes.

El Estado concede licencias para 181 actividades en la actualidad y
circulan versiones de que pronto incorporará la de agentes de bienes
raíces. Rodríguez dijo que las reformas han generado un aumento en los
precios y que una casa que hace un par de meses costaba 20.000 dólares
requiere hoy un 50% adicional.

Los nuevos comerciantes quisieran ver aumentos de ese tipo en sus
actividades.

Javier Acosta, quien invirtió en un restaurante propio más de 30.000
dólares que había ahorrado trabajando como mesero, dice que por ahora no
tiene muchos clientes.

"Este ha sido un año de duro trabajo, de sacrificio, de trabajo arduo.
Días que no viene nadie, días que viene una mesita, dos mesitas, que
viene bastante gente", manifestó.

Relató que operar el negocio le cuesta unos 1.000 dólares al mes y que
cuando no hay mucho movimiento no alcanza a cubrir esa cifra.

De todos modos, cree que las medidas le cambiaron el rostro a Cuba.

"Después de 50 años en que todo estaba prohibido se necesita tiempo para
cambiar la mentalidad de la gente y hacerles entender que esta vez es
diferente", afirmó, sentado en su restaurante vacío. "Si usted no
trabaja, no come".

A pesar de sus problemas, Acosta dice que volvería a correr el riesgo si
tuviese la oportunidad. Hidalgo y De la Noval están de acuerdo. Ellos
esperaban abrir a tiempo para la víspera del año nuevo, que los cubanos
festejan tradicionalmente con pierna de cerco, yuca, frijoles negros y
postres.

Hidalgo dijo que su familia no tiene suficiente dinero ahorrado como
para tomarse la noche después de las crisis y tribulaciones de este año.

Afirmó que mantendrá abierta la pizzería hasta tarde y festejará el Año
Nuevo con su novia y su tía allí mismo.

"Pensamos hacer una pequeña comida nosotros tres", dijo Hidalgo. "La
pierna (de cerdo) si la puedo comprar será para vender no para comer
nosotros".

http://www.ddcuba.com/cuba/8773-trabajadores-relatan-las-tribulaciones-de-su-primer-ano-con-negocios-por-cuenta-propia


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