Informacion economica sobre Cuba

EU: Escenarios para la transición en Cuba

Marcelo Raimon

25 de mayo de 2012

WASHINGTON (apro).- En esta ciudad y en Miami parece existir un regreso

a los años noventa, cuando muchos daban por descontado que la caída del

comunismo en Rusia y Europa llevaría también al final de la Revolución

en Cuba.

Ahora los motivos del entusiasmo son distintos: las reformas firmadas

por Raúl Castro, la salud de su hermano Fidel, la enfermedad del

presidente de Venezuela, Hugo Chávez, la apuesta por la exploración

petrolera. Y tanto el exilio cubano como los habituales sectores "duros"

de la política y la diplomacia estadunidense están muy activos y a la

expectativa, con libros, conferencias y declaraciones.

El pasado 16 de mayo, por ejemplo, el American Enterprise Institute

(AEI), el think tank que tiene entre sus principales estrellas al

exsubsecretario de Estado para el Hemisferio Occidental, Roger Noriega,

organizó un panel cuyo título olía a esperanza: La Cuba post-Castro:

¿Qué futuro dejará Raúl detrás?

Apenas dos días después, otro destacado centro de estudios de los

conservadores en Washington, la Heritage Foundation, celebró un "Acto de

solidaridad con el pueblo de Cuba". En vísperas de un nuevo aniversario

de la fecha de la Independencia, los panelistas en el Heritage, entre

ellos el periodista disidente Normando Hernández, uno de los 75

detenidos en la "primavera negra" del 2003, afirmaron que "la lucha por

la libertad continúa" en la isla.

Introducido por Noriega, exasesor del senador republicano Jesse Helms

(quien diseñó la ley de Helms-Burton y uno de los políticos más

furiosamente anticastristas del país), el encargado de abrir la mesa de

discusión en el AEI fue el exfuncionario de la CIA y ahora escritor

Brian Latell, quien acaba de publicar el libro Los secretos de Castro,

en el que revisa el papel de Fidel como el "maestro espía supremo" de La

Habana.

Latell, investigador con el Instituto de Estudios Cubanos y

Cubano-Estadunidenses de la Universidad de Miami, hizo que sus

compañeros de panel menearan la cabeza y se encogieran de hombros cuando

afirmó que, a su juicio, "las reformas económicas que implementó Raúl

son las más significativas desde mediados de los sesenta y son

irreversibles".

El escritor pasó lista de los cambios en materia agrícola que está

implementando el gobierno de Castro y, en particular, los permisos

concedidos para ejercer profesiones independientes o iniciar pequeñas

empresas en 187 categorías.

El exagente recordó que son las propias autoridades cubanas las que

subrayan que actualmente hay 370 mil personas en esa economía paralela y

que se espera que ese número llegue a 600 mil para fines de este año.

Cada vez más cubanos "dependen menos del régimen y ven con menos

simpatía los controles" sobre la economía, dijo Latell. Se trata,

aseveró, de "una nueva y vigorosa realidad, es una nueva Cuba, no en

términos políticos, pero es una nueva Cuba", añadió el investigador,

quien, como dato de color, destacó la aparición en la isla de sitios de

internet de compra y venta de bienes y servicios, como Cubisima.com y

Revolico.com.

"En ellos se puede comprar, por ejemplo, un penthouse en el Vedado por

un millón de dólares", apuntó.

Los panelistas en la mesa del AEI, al igual que los del Heritage, se

mostraron en desacuerdo con Latell y estimaron que las reformas sirven

solamente para que Castro "compre tiempo" para su gobierno. "Raúl –dijo

Noriega– es el guardián ideológico de la Revolución" y por ahora sólo

queda preguntarse "¿qué dejará atrás cuando el benefactor venezolano

Chávez pierda su batalla con el cáncer y sus sucesores estén mas

preocupados por su propia supervivencia" que por la del gobierno de La

Habana?

Entrevistado por Apro, Ray Walser, uno de los analistas senior del

Heritage y moderador de la mesa sobre Cuba, señaló que puede ser que

"las reformas no vayan a poder revertirse en términos de reconstruir una

economía completamente socialista", sin embargo, continuó, los cambios

"están designados primariamente a ganar tiempo y permitir a los Castro

una salida digna del escenario mundial".

Reversibles o irreversibles, es evidente que las reformas están

provocando un alboroto en Estados Unidos, en especial en el exilio de

Miami y los "halcones" de Washington. De hecho, el panel en el Heritage

fue abierto por el diputado Connie Mack, republicano por Florida y uno

de los principales miembros del bloque anticastristas en el Congreso.

Una de sus colegas, Ileana Ros-Lehtinen, no pierde oportunidad para

disparar contra La Habana y se refirió al país caribeño, de manera

profundamente negativa, durante una reciente conferencia sobre libertad

de expresión en América Latina que se llevó a cabo en el Congreso

estadunidense.

La intensidad del renovado debate, por cierto, tiene mucho menos que ver

con el insignificante impacto económico de una eventual normalización de

las relaciones con Cuba que con el ya antiguo enfrentamiento ideológico

entre La Habana y Washington. El conflicto capitalismo-comunismo se

ilumina en el caso cubano de una manera mucho más visceral de lo que

ocurre, por ejemplo, en el frente de las crecientes relaciones

comerciales con China o Vietnam.

Pero, si bien "gran parte de la resistencia a hacer negocios con Cuba

tiene raíces políticas e históricas, la marea está cambiando", dijo a

Apro la investigadora Barbara Kotschwar, autora junto a Gary Clide

Hufbauer del libro Restaurando las relaciones económicas con Cuba, que

está por publicar el Petersen Institute for International Economics

(PIIE), otro centro de estudios de Washington.

Según Kotschwar, existen "encuestas que señalan que las nuevas

generaciones de cubanos-estadunidenses se sienten mucho menos ligados a

la política del embargo respecto de sus padres y abuelos, y son más

proclives a algún tipo de compromiso" con Cuba.

"Es muy probable –continuó– que con el paso del tiempo Estados Unidos

adopte una política más pragmática respecto de la isla y empiece a hacer

negocios con los cubanos, aunque el sistema de gobierno cambie de manera

gradual o mantenga algunos aspectos del socialismo."

En ese sentido, Walser, un exfuncionario del Departamento de Estado,

contrastó que, en su opinión, "Estados Unidos tendrá dificultades en

normalizar las relaciones con un Estado represivo, y de partido único",

incluso en el caso de que "los hermanos Castro desaparezcan del escenario".

En sintonía con el pensamiento de los sectores más conservadores, Walser

estimó que las reformas en Cuba son solamente "significativas en

términos de simbolismos y, en general, para el pueblo cubano, pero no

están designadas para construir una economía moderna y dinámica, sino

para aliviar el peso sobre el Estado, reducir la inflada fuerza de

trabajo y enfrentar una crisis económica masiva".

"Las puertas no están abiertas para inversiones extranjeras masivas,

libertad económica o verdadero espíritu empresarial", añadió. Frente a

eso, dijo, "Estados Unidos seguirá esperando al final del régimen de los

Castro, y por una apertura económica y política genuina".

Menos terminante, Kotschwar dijo que, si bien "es peligroso calificar

las reformas de 'irreversibles', en especial si se recuerda que las

reformas en el frente de las inversiones de mediados de los años noventa

se revirtieron rápidamente cuando cambiaron las circunstancias", se

puede decir que los cambios implementados por Raúl Castro "parecen estar

marchando al ritmo de la situación económica del país".

"Sin fuentes obvias de financiamiento externo o interno –a menos que los

depósitos de petróleo en el Golfo de México puedan dar más ganancias de

lo que se espera–, el gobierno es incapaz de mantener la fuerza de

trabajo o la productividad en importantes sectores, como la

agricultura", por lo que las reformas parecen ser imprescindibles, dijo

la investigadora.

"También es importante destacar –agregó– que los cubanos parecen estar

abrazando una cultura empresarial, aunque sea limitada".

En el frente petrolero, por cierto, en estos días se conocieron malas

noticias para el gobierno de La Habana, cuando la compañía española

Repsol anunció que el primero de los tres pozos que tenía planeado

perforar en el Golfo de México para extraer el crudo cubano fue un fracaso.

Entretanto, mientras se sigue esperando el desenlace de las reformas, de

la novela del petróleo y se especula sobre el ajedrez político de La

Habana, en Estados Unidos sigue esperando pacientemente un actor que

espera poder jugar un papel fundamental en el futuro cercano de la isla:

el exilio en Miami.

El especial interés de Estados Unidos por Cuba se puede explicar en

parte no solamente por el hecho de que la isla se encuentra a "apenas 90

millas de Florida", sino por la influyente presencia del exilio en

Miami. Y es allí donde se pueden recolectar algunos números que

alimentan este enfrentamiento casi "familiar" que se esconde detrás del

conflicto Washington-La Habana.

Según la Cuba Property Rights Initiative (CPRI), existen actualmente 5

mil 913 reclamos de propiedad de exiliados cubanos que sufrieron

expropiaciones, por un valor actualizado de alrededor de 7 mil millones

de dólares.

Participante en la conferencia en el AEI, el director de la CPRI, Javier

García-Bengochea, afirmó que la falta de leyes sobre la propiedad

representa "el problema económico fundamental" en Cuba, y claramente una

de las mayores, si no la mayor, preocupaciones del exilio.

Si bien son crecientes las versiones sobre interés de corporaciones de

Estados Unidos en hacer negocios en Cuba –sectores como el turismo y el

petróleo hacen soñar a muchos ejecutivos–, los estadunidenses "tienen

que entender que ningún emprendimiento" en la isla "tendrá protección

legal", advirtió García-Bengochea.

Con una visión más hacia la izquierda, el analista Saul Landau, del

Institute for Global Communications (IGC), también de Washington,

disparó que "a Estados Unidos no le importan las reformas en Cuba,

solamente quiere que sus líderes mueran y que sus sucesores se rindan".

Al fin y al cabo, dijo Landau a Apro, "no es el sistema económico cubano

lo que mueve la hostilidad de Estados Unidos, sino la desobediencia, una

práctica que Fidel perfeccionó y que, está a la vista, logró extender

por décadas".

En ese marco, dijo el comentarista, las reformas de Raúl Castro se

explican simplemente porque "la economía de Cuba no está funcionando".

"Los cubanos están cambiando, de manera lenta pero segura –estimó

Landau. Sin embargo, no será ese cambio lo que impulse a Estados Unidos"

a cambiar su posición, dijo.

La visión desde Washington y desde Miami combina la excitación por las

reformas y el presunto cambio de mentalidad de los cubanos con una

importante cuota de prudencia.

Si Cuba se sigue moviendo hacia una economía mixta, en la isla existen

amplias "posibilidades, desde el sector de la biotecnología al turismo,

pasando por las energías alternativas", afirmó Walser. Pero, como

condición para una participación de capitales foráneos, "el régimen

tiene que desmantelar su asfixiante burocracia, aceptar sociedades

genuinas con compañías extranjeras y aceptar la creatividad de la

diáspora", añadió.

Kotschwar, por su lado, puso el lado comercial del conflicto en

perspectiva. "Es poco probable que un cambio en Cuba tenga un impacto

considerable en Estados Unidos, teniendo en cuenta la disparidad en

tamaño de ambos países". En todo caso, dijo, "tendrá un impacto en la

política, y en especial sobre las comunidades cubanas en lugares como

Florida y Nueva York."

"Muchas empresas estadunidenses verán a Cuba como un importante mercado

adicional", pero no mucho más que eso, señaló la investigadora, quien

también destacó las reformas como muestra de que Raúl Castro eligió una

opción "gradualista" para convertir la economía cubana.

En un artículo publicado por la revista Foreign Policy en este mayo

abundante en paneles y ensayos sobre Cuba, el analista Jaime Suchliki,

también anticastrista, recordó que "en los primeros años noventa, mucha

gente esperaba que el régimen comunista" de La Habana "colapsara".

"Aquellos de nosotros que seguimos la situación de cerca conocemos bien

cómo terminó esa historia y los hechos siguientes alimentaron nuestra

prudencia", escribió en la nota, titulada Alistándose para la vida

después de Castro. Suchliki asegura que "la transición post-Castro, en

efecto, algún día llegará, pero cuando eso ocurra, promete ser un largo

y complicado proceso".

Un largo proceso que, esperan los "exiliados" y los "halcones" de la

diplomacia en Estados Unidos, llegará tras otro largo periodo de un

enfrentamiento ideológico que ya entró en la historia. Y cuando ello

ocurra, bromeó el analista Landau, será la hora de que "Fidel entre al

libro Guinness de los récord por su desobediencia" frente al mundo

capitalista que ahora se frota las manos esperando su salida y la de su

hermano.

http://www.proceso.com.mx/?p=308779


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