Informacion economica sobre Cuba

Consumo

Contra el marketing

Orlando Freire Santana

La Habana 25-06-2012 – 10:06 am.

Almacenes de objetos inservibles, tiendas de ropa descolorida y pasada

de moda, mercancías anacrónicas: la economía nacional y los 'inventarios

ociosos'.

Tienda de discos en La Habana, 23 de marzo de 2012. (REUTERS)

La proliferación de inventarios ociosos y de lento movimiento es una de

las muestras más fehacientes de los males que aquejan a la economía

cubana. Esa inmovilización de recursos, con la consiguiente pérdida de

millones de pesos a escala nacional, significa que algún engranaje no

funciona bien en la cadena producción-comercialización-consumo.

Almacenes repletos de objetos inservibles, percheros de donde cuelgan

ropas descoloridas y pasadas de moda, cajas que contienen mercancías

anacrónicas, y estantes donde duermen el sueño eterno piezas y

accesorios técnicamente obsoletos, son presencias cotidianas en nuestras

instituciones comerciales, lo mismo mayoristas que minoristas.

Si hubiese que hurgar en las causas de semejante anomalía, no dudaríamos

en señalar, como una de las más importantes, el irrespeto que aún se

observa hacia los elementos de la economía de mercado. Y esto, en

determinado momento, pudiera parecer un contrasentido. Porque en los

planes de estudio de las especialidades relacionadas con la economía,

tanto a nivel universitario como en el medio superior, se ha incluido

con frecuencia la asignatura de Marketing, la cual establece la

necesidad de que las entidades realicen un minucioso estudio de mercado

antes de fabricar un producto o concebir un servicio. Esto argumenta lo

perentorio de que las empresas chequeen su entorno y los vaivenes de la

competencia, así como fija claramente que el cliente o consumidor son la

razón de ser de toda la actividad económica.

Sin embargo, a la hora de llevar a la práctica tales enunciados,

sobreviene un divorcio con respecto a la teoría. En Cuba, por lo

general, los productores no conocen los gustos y preferencias de los

consumidores. Su tarea casi siempre consiste en cumplir el plan de

producción, y después vender esos renglones a determinada empresa

comercializadora, la que debe adquirir esas producciones sin saber si

tendrán o no posibilidad de salida.

Por supuesto que son estas entidades dedicadas a la actividad comercial

las más perjudicadas en todo el mecanismo. En ellas es donde se detecta

el inventario ocioso, además de que sus finanzas afrontan los mayores

descalabros. A menudo deben de pagarles a los productores sin haberles

vendido a los consumidores finales. Y si deciden no pagar, argumentando

la tan socorrida tesis de que "no te puedo pagar porque no he cobrado",

estimulan el incremento de la tristemente célebre cadena de impagos,

otro de los fenómenos que laceran el funcionamiento de la economía nacional.

Otros factores que coadyuvan a la existencia de inventarios ociosos son

la baja calidad de muchos productos fabricados en el país, e incluso de

no pocos de los que se importan. También inciden la burocracia y el

centralismo que se aprecian por doquier, los cuales afectan la autonomía

con que debían de trabajar nuestras empresas y entidades.

Lo anterior impide, por ejemplo, que a nivel de empresa se pueda decidir

acerca de la rebaja del precio de aquellos productos que no tienen

salida, y de esa forma contar con la posibilidad de recuperar, al menos,

una parte del gasto incurrido. En las actuales condiciones, por el

contrario, casi todas las decisiones en materia de precios deben ser

tomadas en los niveles superiores de la empresa —dícese grupos

empresariales o ministerios—, y en algunos casos el trámite podría

llegar hasta un organismo global como el Ministerio de Finanzas y Precios.

La posibilidad de que los productores pudiesen ofertar directamente a

los consumidores constituye otra vía que agilizaría la cadena

producción-comercialización-consumo. Pero sucede que los mecanismos

burocráticos que rigen nuestra economía estipulan que los primeros

vendan únicamente a entidades comercializadoras, lo que, además de

alargar la referida cadena, aumenta los gastos de transporte y

almacenamiento. Y no menos importante: un vínculo más estrecho entre el

productor y el consumidor permite que aquel se retroalimente con las

opiniones y sugerencias del destinatario final del producto.

Es cierto que en los últimos tiempos se han visto algunas acciones que

tienden a disminuir los inventarios ociosos, como la venta de ropa

reciclada en centros de trabajo, la realización de ferias de productos

de lento movimiento, y la rotación de las mercancías de un municipio a

otro, en dependencia de la aceptación que hayan tenido en determinadas

regiones del país. No obstante, no hay dudas de que se trata de un

asunto que requiere mayor atención. Sobre todo si consideramos que los

inventarios ociosos pueden apreciarse como la punta del iceberg que

anuncia otros infortunios.

http://www.diariodecuba.com/cuba/11647-contra-el-marketing


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