Informacion economica sobre Cuba

Economía

Los cuentapropistas desconfían del gobierno

Orlando Freire Santana

La Habana 05-06-2012 – 7:37 am.

'Cuentas Claras', impuestos mensuales, gastos de producción…, y la

sensación de que el gobierno siempre engaña.

No hace mucho se informó que la Empresa de Tecnologías de la Información

y Servicios Telemáticos Avanzados (CITMATEL) había creado un sistema

informático denominado Cuentas Claras, diseñado para facilitar la labor

contable de los cubanos que han optado por el trabajo por cuenta propia.

Se trata de un CD que permite el registro de los datos personales del

cuentapropista, así como el cálculo de sus impuestos, el almacenamiento

de datos relacionados con los gastos e ingresos diarios, y los tributos

pendientes de liquidación.

Los fabricantes de Cuentas Claras aducen que el sistema informático

garantiza también la disponibilidad de los cambios y modificaciones que

experimenten las resoluciones que rigen el trabajo por cuenta propia. En

este caso, la nueva versión del sistema se le haría llegar a la persona

que haya adquirido la anterior. Esta es, sin dudas, una de las grandes

facilidades que aporta Cuentas Claras, por cuanto mantenerse actualizado

en los marcos de la legislación tributaria es un reto que afrontan los

interesados.

Sin embargo, a pesar de lo anterior, un muestreo entre decenas de

cuentapropistas habaneros indica la escasa adquisición del referido CD.

Hay que tomar en cuenta que Cuba clasifica entre los países más

rezagados del mundo en lo concerniente al acceso a las técnicas de

información por parte de los ciudadanos. Ello queda confirmado, por

ejemplo, en el bajo porcentaje de personas que poseen computadoras en

sus hogares. Mas, cualquier analista que ahonde en las interioridades

del trabajo por cuenta propia podría afirmar que la desconfianza es el

principal valladar que se interpone ante la aceptación de Cuentas Claras.

No obstante los indicios de que en esta ocasión el trabajo por cuenta

propia no constituye una salida coyuntural de las autoridades, sino una

estrategia que posibilite el aligeramiento del hipertrofiado sector

estatal de la economía —y por tanto casi la única válvula de escape para

los cientos de miles de trabajadores de entidades gubernamentales que

deben ser despedidos—, el cubano de a pie no las tiene todas consigo.

Recuerda lo sucedido en los años 90, cuando después de que la economía

diera signos de recuperación tras la debacle del período especial, los

gobernantes comenzaron a poner trabas a los negocios privados, en

especial a la elaboración y venta de alimentos. En ese contexto, casi

todos los restaurantes —popularmente conocidos como paladares— fueron

cerrados.

Por otra parte, la actual legislación que ampara el trabajo por cuenta

propia contiene más de un aspecto que inquieta a los cuentapropistas.

Uno de ellos son los gastos ocasionados en la producción de un artículo

o la prestación de un servicio. A pesar de que la última versión de la

Declaración Jurada de Ingresos Personales contemplaba un porcentaje

mayor de gastos a deducir de los ingresos brutos (40% en el caso de la

elaboración de alimentos, contra un 10% en años anteriores), la Ley

exige que la mitad de esos gastos se justifiquen mediante facturas o

comprobantes de venta. Y he ahí donde radica el problema: una buena

parte del comercio minorista no emite esos documentos, al tiempo que no

existen establecimientos mayoristas donde los cuentapropistas puedan

adquirir sus insumos.

El impuesto mensual que pagan los trabajadores por cuenta propia es otro

elemento peliagudo. Además de que una porción sustancial de las

ocupaciones pagan cuotas impositivas elevadas —sobre todo las que se

consideran actividades más lucrativas—, cada municipio del país tiene la

potestad de elevar las cuotas en cualquier momento. Después, al final

del año, la famosa Declaración Jurada puede determinar que el agobiado

cuentapropista deba de pagar una suma adicional de dinero al presupuesto

estatal.

Y qué decir del Artículo 4 de la Resolución 286 de 2010, que establece

que todo cuentapropista que obtenga ingresos anuales superiores a los 50

mil pesos debe llevar un sistema contable parecido, aunque más

simplificado, al que operan las entidades estatales; además de la

obligatoriedad de que abran cuentas bancarias para sus operaciones. Esto

se interpreta como un intento gubernamental por controlar hasta el más

mínimo resquicio de los negocios privados.

Por tales motivos, es lógico que los trabajadores por cuenta propia

prefieran contratar los servicios de un economista o alguien versado en

temas tributarios, con los cuales poder tratar en confianza asuntos tan

sensibles como los aquí mencionados, y por el contrario desdeñen las

cuentas no muy claras que proponen las autoridades.

http://www.diariodecuba.com/cuba/11254-los-cuentapropistas-desconfian-del-gobierno


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