Informacion economica sobre Cuba

Los inversionistas extranjeros abandonan al régimen castrista

[11-06-2012]

Elías Amor Bravo

Economista ULC

(www.miscelaneasdecuba.net).- En los últimos días, los medios se han

hecho eco de un continuado proceso de abandono de la inversión

extranjera en Cuba. Datos de CEPAL sobre las inversiones extranjeras en

América Latina apuntan a que en la actual fase de crisis económica

mundial, los capitales internacionales apuestan por la región, con 153,4

mil millones de dólares, un aumento del 31% con relación al año

anterior. El régimen castrista, sin embargo, se ha quedado al margen de

este proceso. La última noticia sobre la decisión de Repsol de abandonar

la exploración petrolífera en aguas del golfo de México, ha venido a

confirmar que las empresas internacionales han dado la espalda al castrismo.

Dada su extensa duración en el tiempo, no es posible hablar de una

relación del régimen castrista con la inversión extranjera, sino que

ésta se ha ido adaptando a las circunstancias específicas de cada

momento, y de manera especial, en los últimos años, a ganar tiempo, en

esa negación de cambios políticos hacia la democracia en que se

encuentra instalado el raulismo.

Aun a riesgo de exponer cuestiones ya conocidas, la llegada de los

"revolucionarios" a La Habana en 1959 supuso la ruptura de las

relaciones económicas y comerciales con Estados Unidos, y la apertura de

un proceso de sovietización de las estructuras económicas y políticas de

la Isla que duró prácticamente hasta el derrumbe del muro de Berlín en

1989. En ese período tan largo de tiempo, no es posible hablar de

inversiones extranjeras, por cuanto el sistema estalinista blindaba la

participación de los países del este de Europa y de la URSS en los

distintos sectores de la economía cubana. Alguna empresa española,

británica o italiana y poco más.

La caída del muro de Berlín y del llamado socialismo real produjo la

primera crisis grave de la economía castrista y durante el denominado

"período especial", Fidel Castro aún en contra de su criterio, se vio

obligado a abrir puertas al capital extranjero. Se crearon zonas

francas, se fomentó la participación de empresas internacionales en

sectores estratégicos de la economía (turismo, minerales), se buscó

desesperadamente fuentes de financiación para sostener la ineficiente

estructura económica creada por el sistema colectivista de planificación

central. Cuando el rumbo de la nave quedó medianamente estabilizado a

comienzos de siglo XXI, se consumó el desastre económico con el cierre

de la industria azucarera, se agitó un intenso proceso de

recentralización que dejó fuera a numerosos empresarios que acudieron a

interesarse por el entorno económico del período especial, en tanto que

la llegada de los petrodólares de Venezuela sentó las bases para un

nuevo modelo basado en la mono dependencia financiera del exterior.

La situación actual presencia una aparente contradicción, ya que uno de

los ejes principales de las reformas del régimen castrista es el fomento

de la inversión extranjera hacia la isla. Sin embargo, grandes compañías

internacionales han comenzado a restringir sus inversiones en la isla o

directamente a marcharse.

¿Por qué sucede esto? No es difícil de explicar. Por mucho que los

responsables políticos del régimen, como Rodrigo Malmierca, titular del

Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, se esfuercen en invitar al

capital extranjero a "corregir los errores" en lo que algunos podrían

calificar como "política de alfombra roja", lo cierto es que la base a

partir de la que se formula esta política carece de sentido común, como

otras muchas cosas que se vienen haciendo en la economía castrista.

China, y en menor medida Vietnam, ofrecen un buen ejemplo de que para

fomentar la inversión extranjera, es necesario construir, ante todo, un

marco estable y jurídicamente respetable, de derechos de propiedad

legítimos. No son admisibles los escenarios de alquileres a 50 años,

tierras en usufructo, o el riesgo de invertir en propiedades previamente

confiscadas a sus legítimos propietarios. El origen del mal de la

política de inversiones extranjeras del castrismo se encuentra, como la

mayoría de los fracasos de este régimen, en el robo sistemático y la

destrucción del stock de capital privado existente en la Isla en 1959

sin reparaciones. Sin una redefinición de un nuevo marco que compense a

los confiscados y restablezca el orden legítimo de derechos de propiedad

que nunca debió subvertirse por motivos ideológicos, nadie en su sano

juicio va a situar un solo dólar en la economía castrista a medio y

largo plazo.

Las autoridades del régimen deberían saber que las inversiones

extranjeras no dependen de la actualización de una Ley de Inversiones

Extranjeras mala en su diseño e inadecuada para los retos de la

globalización. Los inversores quieren apostar, con legítimo derecho, por

aquellas actividades que ofrecen una tasa de rentabilidad interna más

elevada, en los sectores más dinámicos de la economía y no en aquellos

que un burócrata planificador les obligue a invertir por medio de

fórmulas mixtas. Y además, saben que al apostar por un determinado país,

la base del consumo interno es una garantía para el desarrollo de sus

actividades. ¿Cómo una empresa extranjera puede confiar en el consumo

interno de un país con salarios medios de 18 dólares al mes? Por último,

las campañas contra la presunta corrupción, que no sólo llega a los

dirigentes cubanos de las empresas extranjeras sino en algunos casos a

ciudadanos procedentes de otros países, que se encuentran inmersos en un

sistema judicial dependiente del poder político, que hace y deshace de

acuerdo con las directrices del gobierno.

La situación ha llevado a varias empresas a abandonar Cuba tras décadas

de presencia allá. Por ejemplo, algunos casos han sido especialmente

sonoros, como Unilever PLC, multinacional anglo-holandesa de bienes para

el consumidor, el ya referido caso de Repsol y sus proyectos petroleros,

el Grupo israelí BM especializado en la producción de zumos ha

abandonado tras la ruptura de negociaciones con el gobierno.

Cada empresa extranjera que abandona Cuba, deja en mal lugar a Raúl

Castro frente a su hermano, que seguramente le estará culpando de su

debilidad con los inversores internacionales. Conocido es que en este

asunto, las diferencias entre los dos hermanos son muy notables. Fidel

Castro siempre ha defendido el mantenimiento de un alto nivel de

inseguridad jurídica para los extranjeros, a fin de someterlos a poder

coercitivo cada vez que sea de interés. Su apuesta por el turismo sentó

las bases de un modelo ruinoso para el estado cubano, según el cual la

construcción de la planta hotelera es propiedad del estado, y la gestión

de los servicios se encarga a las empresas españolas. La duración y

eficacia de este modelo está aún por ver, pero supone un escenario muy

distinto al que las mismas empresas realizan en otros enclaves más

rentables del Caribe, y suponen una notable inseguridad jurídica a medio

plazo.

Los analistas se han preguntado, además, sobre la influencia en todo

este proceso de abandono de las inversiones extranjeras en Cuba, del

mandatario venezolano. De un lado, Chávez es partidario de mantener con

el castrismo una relación privilegiada, pero su enfermedad ha encendido

luces de alarma en La Habana. En el caso de una desaparición del

presidente de Venezuela o una derrota en las urnas, los proyectos de

refinerías que están en curso podrían quedar paralizados, y lo que es

peor, los 115.000 barriles diario de crudo y derivados se situarían a su

precio de mercado, a la vez que el ejército de maestros, educadores,

entrenadores, policías, y demás que trabajan en Venezuela serían

devueltos a la Isla a volver a cobrar sus sueldos en pesos cubanos.

Detrás de todo hay quienes piensan, y yo me incluyo entre ellos, que

todo esto se debe al fracaso continuado de las reformas introducidas por

los llamados "Lineamientos", y que tantas expectativas habían creado a

nivel internacional. La acumulación de fracasos en los distintos

programas y actuaciones emprendidos hasta la fecha, ha hecho perder

credibilidad y reputación a Raúl Castro y su equipo en materia de

gestión económica, lo que les convierte en una especie de "bonos basura"

en la terminología de las proscritas agencias de rating en la Isla.

Fracasos en las medidas adoptadas y paralización en otras de gran

expectación, como la reforma migratoria, apuntan a un escenario muy

complicado para Raúl Castro, que le ha llevado a desaparecer de la

primera línea durante las últimas semanas. Es evidente, qué duda cabe,

que la lucha por el reparto del poder, en vida de los Castro, ya ha

comenzado. Veremos purgas y denuncias, destape de asuntos turbios de

corrupción, y la apertura de expedientes confidenciales que van a

confirmar la podredumbre de la dictadura y su necesidad de sustitución

por un nuevo régimen político. Cuanta más intenso sea el enfrentamiento

entre estos sectores en conflicto, mayor será el riesgo asociado a la

gestión del poder y también más extensos los períodos de desaparición.

La reciente reunión en La Habana entre el Cardenal y las Damas de Blanco

pone de manifiesto la existencia de ese vacío institucional, algo

impensable en el régimen castrista hace meses.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=36223


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