Informacion economica sobre Cuba

Mundo | 23/08/2012

La otra cara de Cuba

La llamada "economía informal" trae a cuba desde Miami, Panamá y España

toda clase de productos en contenedores. El líder de la Nueva Revolución

Capitalista en Cuba es Roberto, un eufemismo cubano para aludir a

objetos robados. Después de medio siglo de socialismo, los cubanos

descubren que sólo pueden aspirar al empobrecimiento ilícito

MARIO SZICHMAN

Si el pueblo venezolano tiene paciencia y cree que medio siglo no es

nada, en otro medio siglo de experimentos socialistas en Venezuela podrá

observar cómo se retorna a cuentagotas hacia el capitalismo. Pero a un

capitalismo con sueldos de hambre.

La mejor ventana es Cuba, separada de Venezuela por el mar de la

felicidad. El gobierno presidido por Raúl Castro ha decidido darle un

respiro al Estado y permitir que la empresa privada ponga de pie una

economía al borde de un ataque de nervios. Pero, como es bien sabido,

resulta más fácil matar a un elefante que resucitar a una hormiga.

REFORMANDO LAS REFORMAS

El retorno de Cuba a un sistema de capitalismo (estatal) recuerda la

tortura china de la gota de agua. Todo es lento, todo es exasperante, y

la única garantía real es que recién cuando concluya la tortura el

prisionero podrá pasar a mejor vida. La intención del gobierno de La

Habana es reducir la burocracia y conseguir que la empresa privada

controle casi la mitad de la producción nacional.

Pero los números no lucen muy bien. Desde que el gobierno de Cuba

permitió a los ciudadanos abrir negocios a fines de 2010, dijo The New

York Times , casi un cuarto de millón de personas han comenzado a

trabajar por su cuenta, abriendo restaurantes, loncherías y otros

negocios al por menor.

En total, se estima que 387.000 cubanos trabajan en el denominado sector

privado, una denominación que hace justicia a las tareas, pues ese

sector suele estar privado de suministros y de incentivos. Pero ocurre

que la población cubana asciende a 11 millones de personas. Y que el

gobierno aspira a que en cinco años, un 40 por ciento de la producción

del país recaiga en el sector privado. Una demostración de lo difícil de

hacer esa conversión es ver las cifras que maneja el gobierno, y

confrontarlas con las cifras reales.

En abril pasado, Esteban Lazo Hernández, vicepresidente del Consejo de

Estado de Cuba, dijo que en el curso de cinco años la producción del

sector privado pasará, del actual cinco por ciento, a entre un 40 y un

45 por ciento. Pero para eso, millones de cubanos deberán abandonar el

sector estatal. Y eso no está ocurriendo. Para este año, el gobierno

proyectaba añadir 240.000 empleos en el sector privado. Sin embargo, en

la primera mitad del 2012, sólo 24.000 personas solicitaron licencias

para trabajar por su cuenta.

ROBERTO ES EL LÍDER

La mayoría de los negocios por cuenta propia que han abierto los cubanos

funcionan en casas, o en las puertas de viviendas. Y algunos proveedores

no son muy confiables, pues muchas veces le están esquivando el cuerpo a

la justicia, y cuando caen presos, la cadena de suministros sufre.

The New York Times citó un modelo de negocio capitalista al estilo

cubano. Un hombre, que pidió no ser identificado, abrió una lonchería en

un barrio de La Habana, donde sirve hamburguesas. El pan para la

hamburguesa se lo provee el empleado no identificado de una panadería

estatal que los hurta cuando su jefe está distraído. Y la carne de la

hamburguesa se la vende un amigo no identificado que debe creer que la

propiedad privada es un robo, y por lo tanto, hace justicia

revolucionaria sustrayendo carne molida de otro empleador.

En realidad, el líder de la Nueva Revolución Capitalista en Cuba parece

ser Roberto, un eufemismo cubano para aludir a objetos robados. Y

aquellos que desean actuar de manera honesta, tampoco reciben muchos

incentivos. Por ejemplo, Amarilis Albite, una estudiante de

contabilidad, abrió una lonchería en su casa, en un suburbio de La

Habana. El negocio parece funcionar bien, pero los problemas para

conseguir algo del Estado empiezan a parecerse a los de Venezuela. La

señorita Albite pidió un préstamo en un banco para comprar una nevera

que costaba 700 dólares.

Finalmente, tuvo que renunciar a la solicitud porque el banco le exigía

dos garantes. Y cada uno de ellos debía dejar en el banco la suma total

del préstamo, hasta que Albite cancelara la deuda. Para Albite, el

gobierno ha permitido que la gente se dedique a la iniciativa privada

con el único propósito de que pueda sobrevivir. "Pero no creo que nadie

pueda hacerse rico de esta manera", añadió. Pues la riqueza personal

huele a capitalismo.

CUBA IMITA A VENEZUELA

Cualquier persona que viaje a Venezuela, tropezará con enormes colas de

venezolanos que traen productos a su tierra. Cualquier clase de

productos, porque a excepción del petróleo, Venezuela todo lo importa.

Maletas del tamaño de neveras, bolsas de lona en que podría dormir

tranquilamente un jugador de básquetbol, cajas de la altura de una

persona, son el aditamento indispensable de todo turista venezolano que

se precie.

Lo mismo está ocurriendo ahora en Cuba. La llamada "economía informal"

trae a Cuba desde Miami, Panamá, Ecuador y España, toda clase de

productos en contenedores que caben en la bodega de un avión. Los

cubanos han conseguido que familiares, amigos, y mulas, les traigan

desde comida hasta iPhones. Emilio Morales, presidente del Havana

Consulting Group, con sede en Miami, calculó que ese comercio paralelo

asciende a mil millones de dólares al año.

Pero ahora, el gobierno cubano, alarmado ante esa avalancha de

mercancía, y ansioso por conseguir algo de dinero para lidiar con una

economía en ruinas, anunció que a partir de septiembre piensa cobrar un

100 por ciento de impuestos al ingreso de esos productos. Y eso

seguramente afectará los ingresos de las personas que se dedican a la

actividad privada.

EL OTRO LADO DEL MAR DE LA FELICIDAD

Tras medio siglo de una economía voluntarista, los cubanos descubren que

si bien expropiar es fácil, y meter presos a los especuladores no

requiere de mucho ingenio, hacer funcionar el aparato productivo

requiere know how, saber cómo hacerlo. Pese a todas las hurras que se

dediquen a Fidel, las gallinas no pondrán más huevos, las plantas

eléctricas no producirán más electricidad, ni los servicios públicos

mejorarán sin una infraestructura conveniente. El mejor de los

comisarios políticos no podrá suplantar al más mediocre de los

tecnócratas, al menos cuando se trata de aumentar la producción o de

mejorar las formas de explotar la riqueza.

http://www.talcualdigital.com/Nota/visor.aspx?id=75189&tipo=AVA


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