Informacion economica sobre Cuba

Política

Sin apuro

Arnaldo Ramos Lauzurique

La Habana 01-08-2012 – 10:15 am.

Construcciones, agua, redes eléctricas, residuales: el caos en cifras

oficiales. Y Raúl Castro, que prometió cambios, pide paciencia.

Raúl Castro no tiene apuro para deshacer los entuertos que su régimen

creó. El jueves 26 de julio de 2012, al cumplirse exactamente 59 años

del comienzo de la destrucción, sentenció "sin prisa… poco a poco…", y

repitió "poco a poco". Coincidentemente —dos días antes— el martes 24,

ocurrió uno de los ya habituales derrumbes de viviendas en La Habana,

esta vez en la céntrica calle Infanta, esquina a Zanja, al lado de otro

edificio que hace unos meses también colapsó. La víctima mortal, que se

conoce, no pudo oír las nada tranquilizadoras palabras de Raúl Castro, y

los sobrevivientes, si se molestaron en oírlas, deben haber abandonado

toda esperanza.

Más que el techo, el hábitat de la población en su conjunto constituye

la representación de la horrenda realidad nacional actual. La

alimentación y el transporte son los otros factores permanentes de

angustia y desesperación, pero las maltrechas viviendas, las

deficiencias en la redes de agua, alcantarillado, electricidad y el

resto de los servicios comunales son el espejo de la sociedad cubana.

El problema habitacional

Hasta junio de 2010, existían en el país 3.661.020 viviendas, de las

cuales solamente el 47% de ellas —1.720.680—eran de tipología I, con

paredes de mampostería y cubiertas de placa, que son las oficialmente

reconocidas para resistir los frecuentes huracanes que afectan al país,

y albergaban aproximadamente a 5.283.000 habitantes. Por lo tanto,

alrededor de 6 millones de personas moraban en más de 1,9 millones de

viviendas no aptas para resistir esos fenómenos, lo cual casi ratificó

Fidel Castro, cuando en su artículo "Un golpe nuclear" de septiembre de

2008, afirmó que: "Cuba necesita no menos de 1,5 millones de viviendas

anticiclónicas…"

La clasificación —por un engañoso estado técnico— en junio de 2010, que

se limitaba a los aspectos constructivos, arrojaba que alrededor de 1,3

millones de viviendas, el 35,6% del total, con aproximadamente 4

millones de personas, se encontraban en regular y mal estado.

Por otra parte, alrededor de 1,6 millones de casas —con unos 4,8

millones de habitantes— eran de cubiertas ligeras, por lo que fueron las

más dañadas por los huracanes Gustav y Ike; al punto que se estimó que

para resolver esas afectaciones se requerían más de 22 millones de

metros cuadrados de tejas, lo que significaba un daño equivalente a unas

300 mil viviendas, casi la quinta parte de éstas.

Los fuertes huracanes que azotaron el país entre 2001 y 2008 dañaron más

de 600 mil viviendas, incluyendo unos 92 mil derrumbes totales, la

mayoría de ellos correspondientes a las construidas con materiales

inferiores. En particular, el 70% de las devastadas por Ike eran de madera.

Resulta alarmante que en menos de 8 años, desde el censo de septiembre

de 2002 hasta junio de 2010, el estado del fondo habitacional haya

continuado deteriorándose, ya que mientras las de tipología I disminuían

en 21.036, las restantes se incrementaron en 147.729.

Pero lo más grave radica en la agudización del problema y, como se

siguen las orientaciones de Raúl Castro de andar a paso lento, en 2012,

de un plan de terminación de 23.140 viviendas (que resultó inferior a

las 32.540 de 2011), solo se habían concluido en el primer semestre

8.972 de ellas, y las ventas de materiales de construcción a la

población se incumplieron en un 24%.

Ante esa desastrosa situación lo único que se le ha ocurrido a Raúl

Castro es instrumentar medidas contra las violaciones urbanísticas que

comete la población para paliar la situación, que incluyen:

construcciones ilegales, creación de barrios marginales, invasión de

espacios comunes de edificios, portales y azoteas, así como las

edificaciones ya tradicionales de barbacoas, entre otras. Para ello

nombró al frente del Instituto de Planificación Física (IPF) a un

general, Samuel Rodiles Planas, para que les haga la vida imposible a

quienes tratan de subsistir en medio del caos.

El agua

Según el censo de septiembre de 2002, el 78% de la población —unos 8,7

millones de personas— tenía acceso al agua mediante conexión a las

redes, pero 6 años después, en junio de 2008, bajó a un 75%, o sea unas

300 mil personas menos.

Aunque se proclama que el 95,5% de la población tiene acceso al agua

potable, ello ocurre a la salida de los acueductos, ya que de unos 21

mil kilómetros de redes, el 80% se encuentra en mal estado, lo que

provoca que se pierda el 58% del agua que se bombea, y lo que es más

grave, que se produzca por ese motivo una contaminación de la misma.

Sobre Santa Clara y Sagua la Grande en 2007, la directora del Centro de

Higiene y Epidemiología informó que mientras el nivel de potabilización

era de casi un 96% a la salida de los tanques, bajaba al 50-60% en la

que recibían los clientes, y que por el mal estado de las redes

penetraban virus, bacterias y parásitos, lo cual era fuente de

hepatitis, afecciones diarreicas y otras enfermedades.

Según se informó en la sesión de la Asamblea Nacional celebrada en julio

de 2012, el 58% del agua bombeada que se pierde asciende a 1.011

millones de metros cúbicos, de los cuales el 22%, que asciende a 383,5

millones, se dilapida en las redes inter domiciliarias, lo que significa

que la población deje de recibir alrededor de 93,5 litros diarios per

cápita solo por ese motivo, y equivale aproximadamente a los 100 litros

mínimos requeridos.

La promesa de "Nochebuena" que hizo Raúl Castro en diciembre de 2007,

que Santiago de Cuba tendría agua las 24 horas del día en 2008 o a lo

sumo en 2009, continúa incumplida y con su política de no apurarse,

declaró al respecto en 2011: "no había que presionarse por la palabra

empeñada". Más claro que el agua: su palabra no vale nada.

El acueducto de Manzanillo, con 5 años de construido y que tenía el

propósito de abastecer de agua a sus 100 mil habitantes las 24 horas del

día, no ha cumplido su propósito. Las aguas anegan cunetas, calles y

esquinas céntricas y se bota casi la mitad del agua bombeada. En algunas

zonas el servicio es más deficiente que antes de iniciarse esa obra.

A mediados de 2011, en La Habana, de 3.200 kilómetros de tuberías de

acueducto, el 70% estaba en mal estado.

La solución que se recomendó en la última reunión de la Asamblea

Nacional, no fue incrementar los medios necesarios para resolver al

menos los salideros inter domiciliarios, sino elevar las tarifas a la ya

atiborrada población para "incentivar" el ahorro.

Los residuales

Al iniciarse el año 2008 solo el 38,8% de la población (4,4 millones de

personas) tenía cobertura de saneamiento por alcantarillado; el 56,3%

(6,4 millones) dependía de fosas o letrinas y un 4,9%, (unas 600 mil)

carecía de saneamiento. Para esa fecha solo se trataban el 30% de los

albañales evacuados y de las 840 mil fosas sépticas existentes solo se

limpiaban anualmente unas 250 mil; por lo que debían esperar como

promedio 3 años y 4 meses para ello. En el caso de La Habana es de

destacar que, con una población actual de 2,2 millones de personas, el

sistema de alcantarillados fue concebido para alrededor de 600 mil.

En la capital, al iniciarse 2010, la prensa destacaba que no había

sistematicidad en la recogida de desechos sólidos, ni en la limpieza de

locales abandonados, lo cual contribuía al deterioro de la higiene,

situación que se mantiene actualmente. Además se informaba que en San

Miguel del Padrón había una elevada incidencia de salideros de agua

donde se ligaban aguas limpias y negras.

Para la recogida de residuales sólidos, se informó en una reunión previa

a la sesión de la Asamblea Nacional el 22 de julio de 2012 que, de los

994 vertederos activos en el país, 209 operan a cielo abierto y el 11%

de los residuales no recibe tratamiento. Además, una buena parte de

ellos no tienen cerca perimetral, por lo que el acceso de animales y

personas constituye un riesgo epidemiológico.

Redes eléctricas

Son casi generales los tendidos eléctricos aéreos a lo largo del país,

pese a que la frecuencia de huracanes aconseja el soterrado de éstos,

que son invulnerables ante eventos de esa naturaleza, tienen una vida

útil mayor, se recupera la inversión rápidamente, evita la poda

frecuente de árboles en zonas urbanas y posibilita mantener las

comunicaciones en épocas de tormentas. Es de destacar, que solamente la

capital tiene unos 56.000 árboles entre las líneas eléctricas.

Las redes eléctricas están envejecidas y, solo en la capital, llevan más

de 40 años de explotación.

Para complicar más la situación eléctrica, Fidel Castro con su infausta

Revolución Energética, obligó a cocinar con electricidad al 75% de las

familias que lo hacían con keroseno; y hoy el 69% de los hogares

(alrededor de 2,6 millones), con unos de 7,9 millones de personas, se

ven obligados a ello, con el inconveniente de que no se les garantizan

las piezas de repuesto ante las frecuentes roturas, y la población ve

incrementada paulatinamente su factura eléctrica, que creció un 4% en el

primer semestre de 2012.

No obstante, Raúl Castro ratificó que hay que cocinar con electricidad.

Conclusión

Un resumen de la situación lo reflejó un estudio sobre la prevención y

asistencia social presentado a la Asamblea Nacional en diciembre de

2009, que planteaba: "en más de 300 demarcaciones se agudizan y

confluyen dificultades con la mala calidad de las viviendas y los

viales, la falta de higiene, el escaso alumbrado público, los problemas

con el abasto de agua, las difíciles relaciones entre los vecinos y las

pocas opciones para ocupar el tiempo libre (…) además abundan en ellas

el consumo de bebidas alcohólicas, las alteraciones del orden y la

violencia intrafamiliar y de género".

A fines de diciembre de 2010, el semanario Tribuna de La Habana comentó

que en las asambleas de rendición de cuentas de los municipios los

asuntos más reiterados fueron: el alumbrado público, los salideros de

agua potable, la falta de transporte y el vertimiento de albañales.

Sin embargo, Raúl Castro contribuye de forma directa a ampliar el caos,

y por ejemplo, dio la instrucción —a principios de 2009— que en el

barrio La Risueña, de Santiago de Cuba —donde se construían 100

petrocasas— se respetara espacio para la posterior urbanización, en

lugar de prohibir las edificaciones sin esas previas obras. Con esa

orientación, aprobó prácticamente la construcción de un barrio marginal.

Solo habría que agregar que este panorama es válido a todo lo largo del

país, que se agrava y acelera, como lo demuestran, no solo los derrumbes

de viviendas, sino también la situación epidemiológica, con el

incremento de las enfermedades diarreicas, el endemismo del dengue, el

reciente brote de cólera y otras enfermedades, debido a la proliferación

de vectores.

Mientras tanto, habrá que seguir las orientaciones de Raúl Castro: no

hay apuro.

http://www.diariodecuba.com/cuba/12328-sin-apuro


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