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Ventas al detalle

Es cierto que algunas cafeterías y paladares funcionan a todo gas en la

ciudad. Pero la mayoría de los cuentapropistas no tiene capital

suficiente para un gran negocio. Y prefieren dedicarse a las ventas al

detalle.

Iván García / Especial para martinoticias.com

octubre 11, 2012

Pasada las once de la noche, Alfredo, 66 años, planta su silla plegable

y una pequeña mesa plástica en 10 de Octubre y Acosta. En la céntrica

esquina habanera vende café recién colado.

Su clientela es amplia. La farándula nocturna, choferes de una base

cercana de taxis, custodios, travestis que se prostituyen por la zona y

patrullas policiales de ronda se llegan al negocio de Alfredo, a tomar

café fuerte a dos pesos la tacita o un cortadito a tres.

"No me va mal. Tengo ganancias diarias entre 120 y 160 pesos. A veces

más. Eso sí, estoy despierto toda la madrugada. Alrededor de las 7 y

media de la mañana es que voy a la cama", dice el anciano.

Si Alfredo viviera solo de la chequera de jubilado no podría hacer dos

comidas diarias o ir de vez cuando con su esposa y los nietos a una

cafetería en el Centro Comercial Carlos III, a tomar cerveza y comer

hamburguesas.

Danilo, 69 años, sí duerme la madrugada. Al amanecer, tuesta tres libras

de maní y los envasa en un centenar de cucuruchos de papel. Luego se

dirige a diversas paradas de ómnibus, pregonando su producto.

Cada cucurucho lo vende a peso (0.05 centavos de dólar). "No siempre

vendo todo el maní, hay bastante competencia. Tampoco es mucho el dinero

que me deja, de 50 a 60 pesos diarios. Al menos me alcanza para adquirir

viandas", señala risueño Danilo.

Hace tiempo que Natacha, 49 años, tiene engavetado su título de

licenciada en Literatura. Le resulta más rentable vender en el portal de

su casa vasos de helado a cinco pesos y refresco gaseado a dos.

Los adolecentes de una escuela secundaria son sus mejores clientes.

"Compro el helado a un particular que lo elabora. El refresco gaseado lo

confecciono con una máquina que me costó 80 pesos convertibles. Cuando

por la tarde hago balance, las ganancias suelen ser superiores a los 200

pesos diarios. Como licenciada devengaba un salario de 480 pesos. Dime

si no valió la pena guardar el título en una gaveta. Además, no tengo

jefes. Todo depende de mí esfuerzo", apunta Natacha.

Las ventas al detalle pululan por toda La Habana. Crecen como flores.

Muchos trabajadores privados consideran que tener una cafetería o un

paladar no siempre es un negocio rentable.

"Para abrir un restaurante o un buen cafetín hay que invertir más de dos

mil pesos convertibles. Y hoy en día, como el dinero escasea, la gente

por lo general lo que está consumiendo es pan con croqueta o mayonesa,

frituras, papas rellenas que valen menos de 5 pesos. Yo abrí una

cafetería donde tenía en la carta una amplia variedad de sandwiches y

batidos. Pero los altos precios, entre 45 y 15 pesos los sandwiches, me

obligaron a cerrar", argumenta el antiguo dueño de una cafetería.

Es cierto que algunas cafeterías y paladares funcionan a todo gas en la

ciudad. Pero la mayoría de los cuentapropistas no tiene capital

suficiente para un gran negocio. Y prefieren dedicarse a las ventas al

detalle.

O manejar un taxi. Según Orlando, lo más rentable. "Trabajo para un tipo

que tiene cinco autos y los dedica alquilar. Diariamente le tenemos que

pagar 550 pesos si manejamos un coche de 5 plazas. Si es un yipi de 10

asientos entonces pagamos mil pesos diarios. No tenemos que invertir en

nada. El combustible y las reparaciones corren a su cuenta. En una

jornada llego a casa con más de 600 pesos de ganancia", asegura.

En el centro y la parte antigua de La Habana proliferan mesas con

personas vendiendo bisuterías, ropa y zapatos. Dedicados a la venta de

discos piratas hay miles de tenderetes. En el de Antonio es amplio el

catálogo de seriales, filmes y telenovelas.

Vende el DVD a 30 pesos. También oferta videojuegos. Y si no encuentras

lo que buscas, Antonio, diligente, te dice que pases al día siguiente.

"Si me da su palabra que vendrá mañana le rebajo 5 pesos". Y es que ante

la proliferación de vendedores, suelen triunfar aquéllos que hacen

ofertas de rebaja o por su buen trato se meten al cliente en un bolsillo.

Las pequeñas ventas marchan viento en popa para unos. Otros están al

borde de la quiebra. Pero todos aseguran que es preferible laborar por

tu cuenta que hacerlo para el Estado. Paga menos, exige más y no ves el

resultado de tu trabajo.

http://www.martinoticias.com/content/article/15623.html


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