Informacion economica sobre Cuba

Corralito castrista, el peor de todos

[20-03-2013]

Elías Amor Bravo

(www.miscelaneasdecuba.net).- El diario oficial del régimen castrista no

escatima esfuerzos. Hoy dedica una especial atención a la situación

financiera en Chipre, a la que califican como "corralito a la europea".

Nunca es bueno ver la paja en el ojo ajeno, porque termina siendo más

doloroso.

Cuesta creer que un sistema político cuyos dirigentes, desde el

principio, suprimieron cualquier derecho de propiedad a la población,

estableciendo un sistema basado en el control absoluto de la propiedad

por el estado, haga referencia a la seguridad bancaria.

Tal vez convendría recordar que el primer "corralito de América" se

produjo en Cuba, en aquellos meses terribles que se sucedieron a la

llegada de los llamados "revolucionarios" cuando el entonces ministro de

economía, Che Guevara, ordenó la cancelación de todos los depósitos en

los bancos, su nacionalización y la confiscación masiva a los que habían

otorgado su confianza a las entidades crediticias. La fecha, fatídica

para muchos cubanos, el 5 de agosto de 1961.

Después de haber nacionalizado la banca el año anterior, ese día, y sin

aviso previo, el régimen castrista realizó un cambio de la moneda

nacional por nuevos billetes de banco, que además habían sido impresos

en Checoslovaquia para no llamar la atención. El cambio de los billetes

para los depositantes se realizó en un solo día, lo que generó largas

colas en los bancos, que ya entonces estaban bajo control comunista. La

cantidad a cambiar se limitó a 400 pesos por persona. Simultáneamente,

las cuentas corrientes en los bancos quedaron bloqueadas sin acceso a

sus titulares.

Desde entonces, el sistema bancario castrista ha sido un "zombie

viviente" en el que los viejos carteles, títulos y denominaciones de las

entidades financieras confiscadas, se mantienen en las deterioradas

puertas de los establecimientos, mientras que otras entidades creadas

por la llamada "revolución" continúan sin cumplir los fines que se

otorgan en cualquier economía a un sistema financiero.

Lo ocurrido a los chipriotas es lamentable. Sobre todo, cuando en la

Unión Europea, el respeto a la propiedad privada es mucho más seguro que

en el régimen castrista, donde a lo largo de los últimos 55 años cada

vez que el poder político atisbaba signos de revitalización de la

actividad económica privada, procedía a nuevas olas de confiscaciones,

robos sistemáticos, expropiaciones y condenas por el mero hecho de

realizar una actividad económica que en cualquier otro país del mundo

sería bien recibida.

No es extraño que los cubanos recelen de sus dirigentes a la hora de

poner en marcha cualquier actividad por cuenta propia. El temor a una

confiscación o a un castigo penal se mantiene porque las leyes básicas

que regulan la actividad empresarial privada siguen siendo las mismas

que se dotaron durante la llamada "revolución" manteniéndose la base de

la planificación central de la economía y la existencia de la propiedad

estatal como referencia fundamental del sistema.

Che Guevara aplicó el "corralito" a las grandes empresas de Estados

Unidos que operaban en la Isla, a los dueños de las grandes

explotaciones e ingenios, de los medios de comunicación, de las empresas

de servicios públicos. Eso es cierto, pero con aquellas decisiones

confiscatorias también se apropió sin derecho alguno a indemnización de

los depósitos de los cubanos que habían trabajado con esfuerzo para

conseguir ahorros para su vejez.

Las dos décadas de los años 40 y 50 habían supuesto un estímulo muy

importante para el crecimiento de las rentas, el consumo y el ahorro de

los cubanos. Y el Che, aplicó un "corralito" para apropiarse de toda

aquella riqueza y ponerla al servicio de la llamada "revolución" cuando

fueron conscientes de que nadie, en su sano juicio, podría prestarles

fondos financieros a nivel internacional para llevar adelante las

medidas totalitarias que en aquellos primeros momentos del fervor

revolucionario se veían venir.

Lo más grave, es que aquellos cubanos confiscados de sus propiedades y

ahorros, nunca recibieron contraprestación alguna. Salvo casos puntuales

que se concretaron en mariscos o abalorios vergonzantes cuya

cuantificación económica se realizó de forma burlesca, nunca el régimen

castrista ha tenido la menor intención de compensar a quiénes fueron

confiscados en sus activos. El paso del tiempo ha contribuido a

agrandar, si cabe, más aun el daño realizado por aquellas medidas.

Los cubanos no se deben dejar engañar por Granma y la manipulación

castrista. Los chipriotas podrán perder parte de sus depósitos, pero en

la economía de mercado existen fórmulas de compensación que, a medio y

largo plazo, pueden actuar de forma positiva, por ejemplo, la conversión

en acciones de las entidades o la emisión de certificados de depósito

negociables. En el régimen castrista, ni eso. Generaciones de cubanos

han muerto sin volver a recuperar ni una pequeña parte de sus activos,

de sus depósitos o del valor de sus viviendas. Y Castro sigue ahí,

autorizando la publicación en Granma de artículos que confunden a los

cubanos y les llevan a error.

Porque si efectivamente "muchos chipriotas se sintieron estafados;

otros, menos pasivos, reclamaron sus derechos frente a las sedes

bancarias", en el caso de Cuba, nada de ello fue posible por el temor a

las represalias y la generalización del terror. Nadie podía cuestionar

las decisiones administrativas confiscatorias, porque no existía

tribunal alguno que se comprometiera a la defensa de los recursos. Ni

siquiera cabía esa fórmula que en el período democrático de la República

garantizaba que los derechos no fueran pisoteados.

Los cubanos, a diferencia de los chipriotas, tuvieron que abandonar su

país rumbo al exilio, sin más pertenencias que una maleta de reducidas

dimensiones. Sin nada de lo que habían construido atrás, y sin la

posibilidad de retorno. Esa ha sido la historia de los más de dos

millones de cubanos obligados al exilio o a la emigración para poder

respirar la libertad.

Muy pocos chipriotas tendrán que padecer este drama. Prácticamente,

ninguno. Incluso, si se organizan, pueden llegar a frenar el impacto de

las medidas y suavizar sus costes sociales. En Cuba ello no fue posible,

porque la represión castrista, las delaciones y el miedo a perder la

vida provocaron la salida masiva del país.

El drama de los cubanos expropiados por el régimen castrista es una

cuestión fundamental para la construcción del diálogo nacional

democrático. Es una cuestión que no admite posiciones intermedias, pero

que exigirá de una gran negociación, para no poner en peligro la

viabilidad del nuevo sistema democrático que se construya tras la

finalización de la dictadura castrista.

http://www.miscelaneasdecuba.net/web/article.asp?artID=38837


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