Informacion economica sobre Cuba

Publicado el martes, 04.30.13

Boom en el mercado inmobiliario en Cuba
Por PETER ORSI
Associated Press

LA HABANA — En algunos sentidos, la oficina de bienes raíces de Yosuán
Crespo se parece a cualquier oficina de su tipo de Nueva York, Londres o
Tokio. Hay atractivos afiches de propiedades interesantes que cuelgan
del techo, un desfile de personas interesadas en comprar o vender y un
tecleo constante en computadora.

Pero la sede del negocio de Crespo en el cotizado barrio del Vedado en
el centro de La Habana se encuentra en el porche de una vivienda que no
es la suya. La única conexión con la internet se hace mediante discado y
Crespo se cuida mucho de decir que es un agente de bienes raíces porque
esa ocupación es todavía ilegal en Cuba.

En Cuba ha surgido un desconcertante mercado de bienes raíces un año y
medio después de que el gobierno de Raúl Castro legalizó la compra y
venta de propiedades privadas en esta isla comunista por primera vez en
cinco décadas.

Si bien es legal la compra/venta de viviendas, no es legal hacer de
intermediario entre compradores y vendedores. El gobierno aún no ha
cumplido su promesa de legalizar la actividad de los agentes de bienes
raíces, la mayor parte de los cuales opera en las sombras.

Es algo típico de las reformas económicas de Castro, que a menudo dan
poco espacio a los intermediarios y otros servicios que hacen posible el
funcionamiento de esas iniciativas.

El líder cubano legalizó también el mercado de automóviles usados, pero
no la apertura de negocios para su venta. Por otro lado, si bien las
reformas generaron la aparición de una cantidad de restaurantes y cafés
en toda Cuba, el gobierno todavía no les ha dado a esos comercios acceso
a mayoristas que garanticen su abastecimiento.

Crespo opera como fotógrafo y programador de computadoras con licencia y
ayuda a sus clientes a anunciar sus propiedades en la internet,
produciendo los carteles de venta que cuelgan en su oficina y ofreciendo
servicios de fotos digitales. Afirma que no cobra comisiones por las
ventas de propiedades.

Sus tarifas son escasas, pero hay mucha demanda de sus servicios.
Calcula que entre 30 y 40 clientes asoman todos los días por su
“oficina” en el porche, llamada EspacioCuba. Dice que tiene listadas
unas 2.500 propiedades y que ayudó a vender unas 250 desde que abrió en
enero.

“Estoy muy satisfecho,” expresó Crespo, un atildado experto en
computadoras de 28 años con cabello rapado. Añadió, no obstante, que el
mercado se beneficiaría mucho si el gobierno aprobase los agentes
inmobiliarios.

El mercado carece además de un sistema de hipotecas que funcione, de
formas de publicitar las viviendas en venta y, lo que es más importante,
de una clase media con recursos para comprarlas.

Las ventas, sin embargo, marchan muy bien y se calcula que unas 45.000
viviendas cambiaron de manos en los primeros ocho meses desde que Castro
legalizó el mercado de bienes raíces en noviembre del 2011, según las
estadísticas más recientes del gobierno cubano.

Los precios de las mejores propiedades son altísimos. Una de las
viviendas que ofrece Crespo es un departamento de tres dormitorios y
tres baños en el piso de arriba de una casa de estilo colonial con una
escalera de mármol y un elegante porche que se vende a 250.000 dólares,
una fortuna en un país donde el salario promedio es de unos 20 dólares
al mes.

Exiliados, economistas y varios agentes de bienes raíces informales
dijeron que buena parte del dinero usado en estas operaciones procede
del exterior y a menudo cambia de mano a escondidas, sin protecciones
legales y en violación de las leyes que impiden a extranjeros adquirir
propiedades en la isla.

En el sur de la Florida, la capital del exilio cubano, abundan las
historias de gente que compra casas para los familiares que quedaron en
Cuba o que usan a sus parientes como testaferros.

“Sé de una cantidad de gente que ha comprado propiedades en Cuba”,
declaró Carlos Saladrigas, copresidente del Cuba Study Group, que
postula un acercamiento entre Washington y La Habana como forma de
promover la democracia.

“Y hay muchos otros que están financiando pequeños comercios en Cuba que
son propiedad de sus parientes”, acotó.

Las leyes cubanas dicen que solo los residentes permanentes pueden
adquirir propiedades, por lo que cualquier operación originada en el
exterior se hace a través de testaferros. A veces el dinero es girado a
Cuba. Otras, el traspaso se hace usando cuentas en el exterior.

Un economista cubano familiarizado con el mercado de bienes raíces dijo
que hay una “significativa” presencia de dinero procedente del exterior
en el mercado de bienes raíces, pero que no hay cifras exactas. Habló a
condición de no ser identificado porque no estaba autorizado a hacer
declaraciones a la prensa.

María Isabel Alfonso, exiliada cubana que enseña en el St. Joseph’s
College de Nueva York, manifestó que las últimas olas de emigrantes
cubanos se fueron del país por razones económicas más que políticas y
que la compra de propiedades es una forma de mantener los lazos con la isla.

“Durante muchos años he tratado de superar la sensación de que perdí mi
conexión con Cuba”, expresó.

Hay consideraciones más prácticas para que la gente que permanece en el
país quiera vender una propiedad. Parejas que se divorcian se ven
obligadas a vivir bajo el mismo techo por años al no poder dividir
bienes. La posibilidad de comprar y vender le da a la gente otras opciones.

Cuando la oficinista Milu Selis necesitó tener su propio espacio, ella y
un pariente vendieron su casa en el Vedado y cada uno compró un
departamento más pequeño.

“Esto simplifica mucho el problema de la división (de bienes)”, comentó
la mujer.

Selis y otros dicen que les sorprende lo fácil que es lidiar con la
burocracia. La transferencia de títulos toma apenas unos pocos días y
tanto comprador como vendedor pagan un impuesto del 4%.

Hay quienes dicen que los compradores deben ser muy cuidadosos porque el
mercado de bienes raíces de Cuba dista mucho de ser transparente.
Advierten que comprar una propiedad con el nombre de otro, sin
protección legal, es un gran riesgo, especialmente si se toma en cuenta
que muchos edificios están en muy mal estado. Y aun cuando las grandes
mansiones de La Habana se cotizan alto, los precios de otras propiedades
menos atractivas están empezando a estancarse e incluso a bajar, según
dicen.

“Es un mercado muy, muy joven e imperfecto y va a ser difícil crear una
dinámica de oferta y demanda”, afirmó Joseph Scarpaci, profesor de
marketing de la West Liberty University de Virginia Occidental que
estudia la situación en Cuba.


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