Informacion economica sobre Cuba

¿Otra vez la bicicleta?
Martes, Julio 9, 2013 | Por Miriam Celaya

Esta noticia alborota la memoria de los tiempos de hambruna y pedales de
los años 90’: en la reunión del Consejo de Ministros del pasado viernes
28 de junio, su vicepresidente, Marino Murillo, promovió el retorno de
la bicicleta como una opción atenuante ante el agravamiento de la crisis
del transporte público en La Habana. En la reunión se anunció la próxima
implementación de un plan urgente para resolver los problemas de
movilidad de pasajeros en La Habana, del cual formaría parte el uso de
la bicicleta. Se introduciría simultáneamente un programa de
reordenamiento del transporte en la capital.

Con relación a los ciclos, Murillo aseguró que “se evaluará la
aplicación de precios no recaudatorios en la venta de piezas para
mantenimiento”, una cuestión nunca solucionada durante la era de la
bicicleta en Cuba, cuando el entonces presidente ordenó una compra
masiva de dichos vehículos en China –calculada en un millón y medio de
artefactos baratos– que fueron distribuidos a precios módicos y con
facilidades de pago a trabajadores y estudiantes, tras un estudio de
factibilidad más entusiasta que riguroso, y rápidamente comenzaron a
sufrir deterioro por el uso sin que existieran piezas de repuesto.

Todo indica que ahora la propuesta de reintroducir el añejo vehículo en
nuestra cotidianidad será analizada y discutida a otras instancias antes
de su definitiva consumación, de manera que es tiempo de comenzar a
reflexionar sobre las posibilidades y las adversidades de la bicicleta
como opción ante el desastroso servicio del transporte de la capital.

Sin carril bici

Comencemos por admitir las bondades del ejercicio sano para la salud
humana y el aporte a la disminución de la carga contaminante en el medio
ambiente, elementos éstos que han determinado el extendido uso de la
bicicleta incluso en sociedades tan desarrolladas como las de Holanda,
Suecia y Suiza, entre otros países del Primer Mundo. Claro, en éstos
están creadas las infraestructuras viales necesarias, que garantizan la
seguridad del ciclista y el adecuado flujo del tránsito, además de la
disciplina social, una alimentación adecuada, una larga tradición de uso
de los ciclos como medio de transporte y bajos niveles de contaminación
ambiental que permiten la buena respiración, entre otros factores.

El caso nuestroes marcadamente distinto. Si bien en los años 90’ la
bicicleta llegó a convertirse casi en la única posibilidad de movilidad,
pese a que nunca pudimos contar realmente con la infraestructura
necesaria, con las condiciones mínimas de alimentación ni otros
ingredientes imprescindibles, lo que incrementó exponencialmente el
índice de accidentalidad del tránsito y otros males, en la actualidad el
escenario es incluso menos favorable para la reintroducción del ciclo.

Uno de los elementos a tener en cuenta es el acelerado envejecimiento de
la población que se ha producido en los últimos 20 años, lo que, unido
al mal estado de las vías, a la elevada carga de contaminación ambiental
de la ciudad, a la deficiente o nula iluminación nocturna y a la
inadecuada alimentación, limita el alcance práctico de este medio de
transporte.

Esto, para no mencionar elementos subjetivos que atentan contra el
propósito oficial, como el aumento de la indisciplina social y la apatía
en un pueblo que en los 90’ creía estar pedaleando hacia el fin del
sistema totalitario en Cuba, en tanto hoy los más aptos prefieren
ejercitarse remando sobre el mar o cruzando fronteras a pie.

Si se analiza objetivamente, ahora la bicicleta sería, más que un
paliativo, otro elemento diferenciador entre los sectores de la
población con mayor poder adquisitivo –por tanto, en capacidad para
cubrir gastos en transportación privada, ya sea propia o de la red de
automóviles de alquiler– y los más desposeídos, sin otra opción que
continuar apiñados en el insuficiente y deplorable transporte público o
pedalear hambrientos y desprotegidos entre los numerosos baches de la
ciudad.

Una verdadera reforma

Pero no por esto hay que renunciar a la bicicleta. Una opción racional y
práctica –aunque demostradamente improbable en este sistema– sería crear
a la mayor brevedad y con toda eficiencia las condiciones materiales
necesarias antes de volver a lanzar a los cubanos sobre las ruedas de la
irresponsabilidad oficial. La otra, mucho más efectiva, sería promover
como una opción la creación de cooperativas de ómnibus, con plena
autonomía de sus asociados, para que los propios trabajadores del
transporte sean capaces de responder con mayor eficacia a la demanda de
movilidad de la población.

Una reforma de este tipo tendría la ventaja, no solo de promover el auge
del transporte en la capital o en cualquier región del país donde se
implementara, incluyendo el mantenimiento del parque automotor por parte
de los asociados, sino que además estimularía la cultura tributaria
sobre la que tanto insiste el general-presidente, a través de los
impuestos que aportaría el nuevo sector transportista de ómnibus
cooperativos.

Correspondería a este último establecer las regulaciones para que
gradualmente se produjera la transformación, procurando que afectara en
la menor medida posible el precio del transporte, y extender reformas
adicionales para el funcionamiento de talleres de reparaciones, bases de
transporte, entre otros.

Según fue reflejado en los medios, el vicepresidente Murillo sostuvo en
la reunión del Consejo de Ministros que los servicios por cuenta propia
están mal atendidos, son caros y en muchos casos los vehículos no reúnen
las condiciones técnicas requeridas y añadió que insumos tales como el
combustible y las piezas de repuesto que se utilizan por el sector
privado son adquiridos en el mercado informal, “cuya fuente principal es
el sistema estatal”. Habría que añadir que igual panorama ofrece el
sector estatal.

Estos males seguirán afectando a éste y a todos los sectores de una
economía extremadamente estatalizada hasta tanto el gobierno no se
convenza de la necesidad de diversificar más acelerada y profundamente
las formas de propiedad en las condiciones actuales de Cuba.

Por otra parte, la insistencia oficial en mantener los servicios básicos
de transporte de ómnibus públicos absolutamente “bajo un esquema
estatal” es una de las causas de la evasión del pago en el transporte y
de la apropiación de la recaudación por parte de los trabajadores del
sector, y no será superado ni con nuevas formas de organización ni con
un aumento de la remuneración a esos trabajadores.

Tampoco la compra de combustible mediante el uso de tarjetas magnéticas
por parte de los trabajadores por cuenta propia podría disminuir el
problema de la venta ilícita del combustible, cadena de corrupción que
no se limita a las gasolineras y que no ha impedido el trapicheo de
gasolina por parte de los choferes del sector estatal.

Como se puede apreciar, el tema es peliagudo y seguramente habrá en
próximas reuniones a puertas cerradas, muchas deliberaciones. Una cosa
es cierta: ninguno de los convocados al conciliábulo acudirá en bicicleta.

Source: “¿Otra vez la bicicleta? | Cubanet” –
http://www.cubanet.org/articulos/%c2%bfotra-vez-la-bicicleta/


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