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ECONOMÍA

Dualidad monetaria, ¿problema o solución?
ELÍAS AMOR | Valencia | 21 Ago 2013 – 7:48 pm.

Un análisis de los posibles movimientos monetarios de la economía castrista.

En las últimas semanas y días, los cubanos han empezado a sentir una
preocupación especial por la eventual unificación monetaria, que se
supone será inminente. Parece improbable. Pero puede ser que las
autoridades estén buscando el momento propicio, tanto a nivel político
como económico.

Necesitan, por un lado, una cierta estabilidad interna, que no existe
porque el déficit público se ha acercado al 4% del PIB en una economía
donde todo lo que se produce es estatal. Y externa, imposible porque el
comercio exterior es muy deficitario, a pesar de las remesas de los
exiliados, el petróleo de Venezuela y el turismo.

Sin acceso a los mercados internacionales de financiación, tras los
impagos al Club de Roma, la economía castrista se mueve continuamente en
el filo de la navaja, con bajos crecimientos del PIB, tensiones
inflacionistas, escaso poder adquisitivo de los salarios y una creciente
dependencia externa, a pesar de los alegatos del embargo o bloqueo.

Años de dólares

Pero conviene hacer un poco de historia. En 2003, el régimen decidió
suprimir la circulación de dólares en la Isla. Una decisión que se había
visto obligado a adoptar en 1993, durante el denominado “período
especial”, cuando la confianza de los cubanos en la moneda nacional se
vino abajo como consecuencia de la escasez de productos, la expansión de
liquidez para financiar los déficits, y la necesidad de captar divisas a
cualquier precio.

La circulación del dólar en esos diez años vino a traer a muchos cubanos
recuerdos de un pasado, no tan lejano, en el que la represión actuaba
con suma contundencia contra aquellos ciudadanos que eran sorprendidos
en posesión de la divisa del enemigo del norte. Muchos sufrieron
condenas de prisión por algo que el derrumbe del muro de Berlín y el
campo socialista obligó al régimen a suprimir. Esta ha sido la primera
gran derrota histórica del castrismo, una evidencia de su debilidad y de
la dependencia exagerada de un conglomerado de países que habían estado
otorgando subvenciones artificiales bajo un claro contenido ideológico.

Dicha derrota política e ideológica no se ha valorado aún lo suficiente.
Fue la primera ruptura entre la “generación de la revolución” y sus
nietos enriquecidos y acostumbrados a una vida sin límites. La
estrategia del llamado “período especial” fue el sálvese quien pueda:
lejos de reconocer errores históricos, las autoridades lanzaron con
entusiasmo una política para la que ni estaban preparadas ni sabían cómo
gestionar, ni tenían instrumentos disponibles.

La inundación de dólares en la economía castrista fue un fenómeno
característico de los años comprendidos entre 1993 y 2003. Pero en este
mismo período de tiempo, el régimen ganó tiempo, monetizando déficits y
acarreando graves problemas estructurales a la economía por la vía de la
inflación.

Por eso, en cuanto se atisbaron nuevas fuentes de financiación externas
(los petrodólares de Chávez), se dio un golpe a la recentralización
económica, se anularon muchas de las políticas liberalizadoras del
llamado “período especial”, y se puso fin a la circulación del dólar,
con la creación del CUC, un invento que venía a finiquitar un debate
entre los economistas sobre si era mejor la “euroización” de la economía
que la “dolarización”, en un momento en que las consignas ideológicas,
la llamada “batalla de las ideas”, volvían a ganar terreno en el
discurso político.

Años de CUC

El CUC llegó en ese momento preciso del tiempo en el que, conseguidas
nuevas bases de financiación externa en el petróleo venezolano, se hacía
necesario tomar decisiones a la vista de lo que había sido la
experiencia reciente. La economía castrista dividida y segmentada en
función del acceso a la moneda convertible descubrió que no podría
continuar funcionando del mismo modo y abría espacios a la iniciativa
privada, sin reconocer un sistema de derechos de propiedad o del mercado
como instrumento de asignación. El CUC ha cumplido así su papel de
instrumento de contención, que ha funcionado con todos sus defectos para
el interés del régimen en captar divisas y mantener el control de la
economía. No existen estadísticas, si quiera fiables, del impacto de la
circulación monetaria del CUC en la economía. Se sabe que es importante
la masa monetaria, sobre todo vinculada al sector turístico y a buena
parte de los mercados de consumo liberalizados, pero no se tiene una
precisa cuantificación de su importe total. En esas condiciones, llevar
adelante su supresión y eliminar la dualidad monetaria, parece una
operación ciertamente arriesgada.

Además, hay mucho en juego. La propia existencia del CUC ha ampliado las
deficiencias estructurales y productivas de la economía y ha generado un
sector de rent seekers en el área del CUC, que van a condicionar
notablemente las decisiones a adoptar en los próximos años. Aunque los
economistas del régimen se esfuerzan en señalar que no es el CUC el
causante de las desigualdades cada vez mayores que se observan en la
economía, no cabe duda que el acceso a esta moneda, sea cuál sea su
origen, permite a los cubanos acceder a niveles de consumo y de vida muy
superiores a la media.

En principio, parece existir entre la mayoría de economistas el acuerdo
de que sin unificación monetaria, la economía no podrá superar su atraso
e ineficiencia, pero también hay analistas que piensan que este proceso
no se puede acometer de cualquier manera y que, en las condiciones
actuales, existe poco margen para emprender aventuras cuyo resultado es
cuando menos incierto.

¿Qué hacer?

Para aportar alguna sugerencia sobre qué hacer, sería muy conveniente
iniciar un profundo análisis sobre lo que significa la dualidad
monetaria en la economía castrista, sus orígenes, la justificación si es
que existe alguna, y a partir de ese diagnóstico, tratar de ofrecer
algún marco lógico que permita reconstruir la unidad de la moneda.

Los datos de partida son los siguientes. Actualmente tienen curso
oficial en la Isla dos monedas. El peso cubano tradicional, y el CUC,
que se hizo equiparar en su día al dólar, y que sigue ahí fijado a ese
nivel sin alteración alguna. La paridad entre las dos monedas se ha
fijado oficialmente en 1 CUC por 24 pesos cubanos. A diferencia de otros
períodos “revolucionarios”, los cubanos tienen acceso a la moneda fuerte
y lo único que deben hacer es calcular sus rentas y los precios de los
productos y servicios que desean adquirir con ese sencillo cambio.

De ese modo, en el interior de la economía rige un sistema de tipo de
cambios fijo sin que se haya establecido un sistema de derechos de
propiedad y con una elevada participación de la planificación central
como instrumento de asignación de recursos, en vez del mercado.

Situaciones como la descrita no son sostenibles. Por ello, se hace
necesario dar una solución integral al problema. No puede mantenerse en
funcionamiento durante mucho tiempo una economía en la que el acceso a
determinados bienes y servicios exige pensar y disponer de CUC, mientras
que los ingresos y salarios en la economía vienen determinados,
mayoritariamente, por la moneda débil.

Superado el objetivo recaudatorio de la fijación de la dualidad
monetaria, y el político de quitar al dólar de la circulación monetaria
en la Isla, sería conveniente pensar si su mantenimiento en el tiempo
por las autoridades obedece al objetivo de frenar el crecimiento de la
oferta e impedir una generalización de los intercambios de mercado, o la
fijación de bajos salarios cuya relación con la productividad no se
sostiene. La circulación de las dos monedas presenta una serie de
efectos que los economistas conocen bien, porque han sido estudiados en
la ciencia, y conducen a costes administrativos de las empresas, de
falta de información sobre los precios, o de distorsión en las
decisiones de los agentes.

Es por ello necesario pensar en cómo poner fin a la dualidad monetaria.
Algunos economistas del régimen han fijado 2016 como una fecha posible.
Parece lejana. Debería resolverse antes, pero prestando especial
atención a los indicadores que eviten el desastre. El régimen mueve
ficha para observar qué comportamientos podrían producirse en la
población. Los rumores no son adecuados para un proceso de eliminación
de la dualidad monetaria.

Si la moneda que finalmente sobrevive es el peso cubano —sobre lo que
parece existir un cierto nivel de consenso—, y no se producen cambios
estructurales, los precios de todos los bienes se multiplicarían
automáticamente por la tasa de cambio que se establezca, que puede ser
inferior al 1:24 actual.

Los que cambien CUC a pesos (por ejemplo, los que reciben remesas de sus
familias en el exilio, o los que tienen depósitos en los bancos)
obtendrían ingresos en moneda nacional multiplicados por el cambio que
finalmente se fije, con toda seguridad menos en términos nominales. Ello
puede estimular la inquietud de los perceptores de estas rentas externas
para aprovechar un supuesto cambio más favorable. En todo caso, la
expansión monetaria y el aumento de liquidez subsiguiente en pesos
cubanos, apuntaría a alza de precios.

Los que cambien desde pesos, no solo se enfrentarían a rentas monetarias
limitadas, sino que tendrían que enfrentarse a unos precios posiblemente
más elevados, lo que acentuaría su situación de desigualdad inicial.
Nadie saldría ganando, al menos en el corto plazo, pero no cabe otra
alternativa, ya que la dualidad monetaria acabará siendo explosiva. Los
efectos que sobre las cuentas nacionales tenga este tipo de decisiones,
son imprevisibles. El régimen castrista fija sus magnitudes
macroeconómicas en pesos cubanos, equivalentes a dólares.

¿A quién perjudicar, a quién beneficiar?

La anterior no es una cuestión de fácil respuesta. De la misma forma que
el CUC nació en el momento más oportuno, su supresión puede llegar en
iguales condiciones. Restablecer el peso cubano como única moneda
nacional, y su posterior convertibilidad exterior, no es fácil, cuando
los fundamentales de la economía castrista son inexistentes. Amenazas
pueden surgir por doquier. No es extraño que los cubanos estén
inquietos. Antes de una decisión de estas características sería
conveniente estabilizar la economía, avanzar en las transformaciones
estructurales y mejorar las condiciones generales de los procesos
productivos. Nada de eso se ha hecho ni se hará.

Source: “Dualidad monetaria, ¿problema o solución? | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1377107339_4736.html


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