Informacion economica sobre Cuba

ECOLOGÍA

Una isla sin peces
ALBERTO MÉNDEZ CASTELLÓ | Puerto Padre | 26 Ago 2013 – 7:10 pm.

La claria o pez gato se ha adueñado de las aguas nacionales. El Gobierno
tapa un crimen ecológico con un sofisma económico.

El pez claria pierde mala fama y gana adeptos, tituló el diario Granma
un artículo publicado el pasado 10 de julio, ensalzando las bondades
culinarias del pez gato.

“Después de un ingrato debut en el que varias razones atentaron contra
su imagen pública, el pez claria sigue ganando aceptación aquí, entre
productores y consumidores”, afirmó el corresponsal de Granma en Las Tunas.

“Poco a poco pierde fuerza aquel rechazo que inicialmente hicieron
muchos ciudadanos, unos por desconocimiento o falta de información y
otros dejados llevar quizás por la infeliz denominación de pez gato,
impresionados por la apariencia externa del animal o por las leyendas y
comentarios entorno a sus extraños hábitos alimentarios”, argumentaba el
periodista.

Vamos a ver… ¿Los cubanos rechazaban el pez gato por falta de
información? ¿Por sus extraños hábitos alimentarios? ¿Por leyendas y
comentarios? ¿Por la infeliz denominación del pez gato?

Según Granma, órgano el Partido Comunista, la mala fama del pez gato —o
del camarada claria— es obra y gracia de algo así como el choteo, la
incultura de esta tribu incivil que bajo el rótulo de cubanos de barrio
van por ahí respirando por la herida, es decir, cometiendo indisciplinas
sociales.

“Hank estaba en el fondo del río San Francisco. Cuando pensé en él allá
abajo con los peces gato se me pasó el apetito. El río San Francisco
tenía 15 metros de profundidad y cerca del embarcadero del puente había
peces gato de hasta 30 kilos que devoraban todo cuanto encontraban a su
alcance. Eran peces carroñeros, de gran tamaño, que solo se movían
cuando había comida cerca. Ricky había pescado uno. Pesaba 22 kilos y al
abrirle el vientre se derramaron toda suerte de desperdicios: una bujía
de encendido, una canica, montones de pececillos a medio digerir, dos
monedas de centavo, y algunas sustancias sospechosas más tarde
identificadas como desechos humanos. Abuela jamás volvió a freír otro
pez gato y papá desistió de seguir comiendo pescado de agua dulce”.

El párrafo anterior es un retrato literario del pez gato, realizado por
el escritor John Grisham en su novela traducida al español con el título
de La Granja, publicada en el año 2000, luego libre de sospecha el
novelista norteamericano de atentar contra la “imagen pública” del
camarada pez claria, traído a Cuba para conocer sus hábitos alimentarios
en julio de 1999 y solo presente en mayor escala entre nosotros,
precisamente, a partir del año 2000, cuando A Painted House (título en
inglés de la novela de Grisham) apenas estrenaba estante en las
librerías de Estados Unidos.

Pero si la descripción literaria del pez claria salida de la pluma de un
autor norteamericano pudiera resultar sospechosa en Granma, he aquí el
testimonio de un biólogo cubano, el que sin eufemismos llama al camarada
pez claria por su nombre:

“El pez gato está clasificado como un depredador omnívoro que incluye en
su dieta una inmensa variedad de presas y material vegetal. Cuenta con
adaptaciones anatómicas que le permiten una depredación eficiente: una
abundante red de órganos sensoriales para la detección de las presas,
una boca amplia que le permite generar fuerza de succión para atrapar el
alimento y una extensa banda de dientes recurvados en sus mandíbulas y
faringe que impide que las presas escapen. En Cuba se tienen registros
de contenidos estomacales que evidencian el consumo de invertebrados,
peces, ranas, aves, pichones, roedores”, dice la reseña, titulada Pez
gato: ¿amenaza?, aparecida en el volumen Aves acuáticas en los humedales
de Cuba, de un colectivo de autores.

La denominación de pez gato no es infeliz, como dice Granma, sino que
obedece a la configuración anatómica de una tribu, técnicamente
hablando, y de su comportamiento en un hábitat compartido.

Por qué en Las Tunas se consume un filete de pez gato en lugar de uno de
pargo o de pez espada, más que un eufemismo acuático para enmascarar un
producto desagradable, es un sofisma económico.

Del crimen ecológico al sofisma económico

La Nochebuena de 2009, cuando recién fundado DIARIO DE CUBA estuve en La
Ciénaga de Zapata para reportar el 50 aniversario de la cena del
entonces primer ministro Fidel Castro con carboneros, mientras por allá
se encontraba proyectando el desarrollo turístico de esa zona, en la
Laguna del Tesoro pregunté por las truchas, la verdadera fortuna de
aquel lugar.

“¿Las truchas…? ¡Las truchas se las comieron los peces gatos!”, dijo un
lugareño, como si yo hubiera preguntado por seres prehistóricos.

La noticia parecía irreal. Apenas medio siglo atrás, deportistas
internacionales viajaban cientos de millas para probar suerte en
aquellas aguas.

Pagaban cien dólares diarios por cada una de las ocho plazas de la única
cabaña existente en la laguna.

En la Laguna del Tesoro habían capturado la mayor trucha del mundo; un
ejemplar que con treinta libras de peso, había implantado un sonado
récord internacional.

Pero si resultaba inaudita la prontitud conque el pez gato se había
multiplicado, la eficacia del depredador al ejecutar su tarea en
territorio cubano era poco menos que fenomenal.

“En 1999 el Ministerio de la Industria Pesquera introdujo el pez gato
africano (Clarias gariepinus) con fines investigativos, pero ya en el
2000 hicieron una segunda introducción en mayor escala, y además del
africano introdujeron el pez gato asiático (Clarias macrocephalus) con
el objetivo de cruzar las dos especies para producir un hibrido
destinado a la producción acuícola intensiva. Lo cierto es que ahora
tenemos peces gatos en cuanto charco hay en Cuba, capaces de comerse
ellos mismos cuando no encuentran otra cosa”, explica un biólogo
entrevistado tan pronto regresé de La Ciénaga de Zapata.

“Muchos días después de una crecida, cuando ya no había ni una gota de
agua en el campo, me los encontré, ¡vivitos y coleando entre los surcos!
Jamás había visto peces vivos durante tanto tiempo fuera del agua”, dice
un campesino asombrado al encontrar peces gatos en su sembrado.

“Efectivamente, en suelos húmedos el pez gato puede sobrevivir fuera del
agua durante horas, días o semanas, porque posee un sistema respiratorio
suprabranquial que le permite tomar oxígeno directamente de la
atmósfera, casi como usted y como yo y no como un pez. Eso lo sitúa en
condiciones superiores a nuestras especies autóctonas para resistir
situaciones adversas”, aclara el biólogo tras el hallazgo de peces gato
en el sembrado de maíz del campesino.

“¿Por qué introducir un depredador en nuestro territorio?”, pregunté al
especialista.

“Incuestionablemente fue una introducción irresponsable porque se centró
toda la atención en la carne sin reparar en el carnicero.
Paradójicamente la introducción errada respondía a un interés puramente
humano.”

“¿Humano…?”

“Por supuesto, muy humano: proporcionar lo más rápidamente posible una
fuente de proteínas a once millones de almas habitando una isla sin
peces, y después de las aves, ¿usted sabe de algo más rápido que un gato…?”

La lógica del biólogo parecería blindada si meras plumas no estuvieran
atravesando esa coraza.

Al grito de… “¡Pollo por pescado!”, la gente corre a las carnicerías.
¿Por qué? El mismísimo general Raúl Castro lo admitió el pasado 7 de julio:

“Así, una parte de la sociedad ha pasado a ver normal (…) la captura de
especies marinas en peligro de extinción (y) el uso de artes masivas de
pesca.”

Lo que el General no dijo fue que, precisamente, fueron encumbrados
personajes del régimen los que en más cantidad y con mejores medios
llevaron a cabo “la captura de especies marinas en peligro de extinción”.

El General tampoco reconoció la culpabilidad del Estado a través del
Ministerio de la Industria Pesquera en el aniquilamiento de los recursos
pesqueros de la nación con el “uso de artes masivas de pesca”.

El Señor Presidente, al mencionar tales artes de pesca, debió referirse
a las costas cubanas sembradas de corrales por entidades bajo su
Gobierno: “Corrales donde pez que entra, pez que no sale”, como me
dijera un experimentado pescador; debió referirse el Señor Presidente a
los chinchorros de arrastre del Ministerio de la Pesca: “Esos
chinchorros destruyeron o dañaron no solo la fauna sino también
importantes bancos de corales”, confirma un especialista.

Cuba cuenta con 5.746 kilómetros de costas, una lluvia promedio anual de
1069,2 milímetros con una humedad relativa del 81,0 por ciento y 25,0
grados de temperatura media. La capacidad de agua embalsada suma decenas
de millones de metros cúbicos; con todo, en Cuba no hay pescado ni aún
para cumplir con la cartilla de racionamiento, por lo que por ese
concepto, los cubanos reciben unos pocos gramos de pollo importado
aparentemente a precios subvencionados, porque en realidad, el kilogramo
de cuartos de pollo cuesta 2.30 CUC en las TRD, esto es, 57.50 pesos,
algo así como un octavo del salario promedio nacional por kilogramo de
pollo.

Y… de pescado, ni que decir: una lata de sardina importada del Ecuador
cuesta 1,90 pesos convertibles, esto es, 47,50 pesos, aproximadamente el
salario de por lo menos tres días de trabajo por una lata de sardina.

En el artículo El pez claria pierde mala fama y gana adeptos, el
articulista de Granma en Las Tunas dice “más plata y mejor plato”,
refiriéndose a los dividendos de los pescadores de agua dulce y al pez
gato que debemos llevar a la mesa.

El crimen ecológico cometido con la introducción del pez gato en Cuba
está a la vista. Lo que está por ver es quién llevará a su mesa un
filete de bigotudo cuando los cubanos seamos capaces de recuperar
nuestra fauna fluvial y marina.

Ah… y de paso salir del falso razonamiento económico que nos llevó a
creernos poseedores, cuando en realidad éramos meros mantenidos.

Quizás así un día contemos con una Flota Cubana de Pesca, de plataforma
y de altura, propia. Ese es el único camino para conseguir más plata y
mejores platos y que no pretendan pasarnos gatos por pescados, por muy
semejantes a los peces que resulten los mininos.

Source: “Una isla sin peces | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1377448399_4785.html


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