Informacion economica sobre Cuba

Expedientes que van y vienen
ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 18 Sep 2013 – 8:58 am.

Las empresas estatales vuelven a entregar a los trabajadores sus
expedientes al término de la relación laboral, una medida que fracasó en
el pasado.

El resquebrajamiento de valores patente en nuestra sociedad no es un
fenómeno que se haya circunscrito a determinadas esferas. Es difícil
hallar un resquicio que esté a salvo de semejante anomalía. En ese
contexto, ¿qué tribulaciones han experimentado los expedientes laborales
de los trabajadores del sector estatal?

Durante muchos años, fueron los propios trabajadores los encargados de
custodiar sus expedientes una vez que causaban baja de un centro
laboral. Es decir, que las administraciones hacían las anotaciones
finales en los expedientes, daban por concluido el vínculo laboral, y
ahí terminaban sus responsabilidades con el valioso documento. Al
acceder a otro centro de trabajo, el empleado ponía su expediente en
manos de los nuevos empleadores para que lo protegieran y lo mantuviesen
actualizado.

Ese lapso en el que el trabajador tenía en sus manos el expediente, era
aprovechado por algunos para consultar las anotaciones y documentos que
lo formaban. En especial era de mucho interés comprobar la veracidad de
lo anotado en el modelo SNC-2-25, que a partir de 1980 oficia como la
única certificación válida sobre años trabajados e ingresos obtenidos.
Se trata, evidentemente, de un documento imprescindible cuando llega el
momento de la jubilación.

Sin embargo, era igualmente una oportunidad que tenían ciertos pillos
para adecuar los expedientes a su conveniencia. Si había alguna sanción,
era extraído el documento que la reflejaba. También se añadían
documentos falsos, como certificados médicos inventados, apócrifas
constancias de estudios terminados, o títulos comprados que permitieran
ocupar plazas laborales mejor remuneradas.

Tanto era el desorden, que hacia el año 2005 el Ministerio de Trabajo y
Seguridad Social orientó establecer el traslado institucional de los
expedientes laborales. O sea, que al término de cada relación laboral,
el trabajador no recibía su expediente, sino que quedaba en poder de sus
antiguos empleadores, y era responsabilidad de su nuevo centro laboral
—en el caso de que hubiera una nueva ubicación— la recogida de dicho
documento. La medida, sin dudas, redujo la comisión de delitos
relacionados con la falsificación de expedientes, pero pronto iba a
atentar contra la racionalidad económica de muchas empresas y entidades.

De inmediato apareció la figura del Tramitador de Expedientes Laborales,
un empleado que hubo que agregar a las plantillas —ya de por sí
infladas— con el objetivo de recoger los expedientes de los nuevos
trabajadores. En ocasiones, la distancia a recorrer por el Tramitador
era considerable, por lo que debía ser trasladado en vehículos de la
entidad, con el consiguiente gasto de combustible y el deterioro de los
medios de transporte. Por otra parte, la excesiva concentración de
expedientes en las oficinas de empresas y entidades, muchas veces
manipulados por un personal inexperto o negligente, propició que se
extraviaran documentos importantes, como los modelos SNC-2-25, e incluso
hasta los propios expedientes.

El ‘reformador’ Marino Murillo contra la contralora general

Así las cosas, llegó el mandato de Raúl Castro y la implementación de
cambios para la actualización del modelo económico. Entre las decisiones
tomadas se incluyó el intento de alcanzar la eficiencia en el hoy
anquilosado sistema empresarial. Y en ese bregar debe de haber resaltado
el engranaje burocrático y despilfarrador que se había desarrollado en
torno a la custodia de los expedientes de aquellos trabajadores que ya
no formaban parte de esos colectivos laborales.

En consecuencia, es de imaginar que, de los altos mandos del Gobierno,
le hayan “aconsejado” a la oficialista Central de Trabajadores de Cuba
(CTC) que sus afiliados aprobaran modificar el trámite del traslado de
los expedientes. Así, en el Anteproyecto al Código de Trabajo, que debe
ser aprobado a finales del actual 2013, se incluyen dos modificaciones
que se relacionan con el tema que hemos tratado.

La modificación número dos recoge que “se suprime el trámite del
traslado institucional del expediente laboral a la terminación de la
relación de trabajo, y establece su entrega al trabajador para su
custodia”. Por su parte, la modificación 10 apunta que “se adiciona como
violación de la disciplina del trabajo: modificar el expediente laboral,
o aportar documentos carentes de autenticidad para mediante engaño
obtener beneficios laborales o de seguridad social”.

Es decir, que se vuelve al antiguo sistema de entrega del expediente al
trabajador que resulte baja de un centro laboral, para que lo conserve
hasta tanto acceda a otro empleo, o lo retenga indefinidamente si no
vuelve a emplearse.

Esta parece ser una pequeña victoria de las huestes del reformador
Marino Murillo. Sin embargo, no dudamos que le aporta un nuevo dolor de
cabeza a la tropa de la contralora general Gladys Bejerano. Porque a los
controles y auditorías para detectar malversaciones, robos y faltantes
de todo tipo, tendrán en lo adelante que sumar las irregularidades que
seguramente aparecerán en los expedientes laborales.

Source: “Expedientes que van y vienen | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1375309736_4459.html


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