Informacion economica sobre Cuba

Mariel, la gran apuesta de Castro al capitalismo
Aun antes de que se deposite el primer contenedor o se inaugure la
primera maquiladora, Raúl Castro advierte que en la ZEDM tendrán que
primar el orden, la disciplina y la exigencia.
Rolando Cartaya
septiembre 20, 2013

“Orden, Disciplina y Exigencia”. Si las virtudes teologales eran “Fe,
Esperanza y Caridad”, y la divisa de la revolución francesa “Libertad,
Igualdad, Fraternidad”, Raúl Castro ha acuñado su propio tríptico para
inscribirlo a la entrada de la “Zona Especial de Desarrollo Mariel”
(ZEDM), pieza clave de su sibilino tránsito al capitalismo de Estado,
aun antes de que se deposite el primer contenedor en un muelle, o se
asiente en el área, 45 kilómeros al oeste de La Habana, la primera
maquiladora construida por inversores extranjeros.

“El Mariel es un puerto moderno para barcos de gran calado, se trata de
la obra más compleja realizada en Cuba y es por ello que allí tiene que
primar desde el principio orden, disciplina y exigencia”, dijo Castro,
citado por la televisión estatal, durante la reunión, el jueves, del
Consejo de Estado donde se aprobó el Decreto-Ley de la ZEDM.

Aunque habrá que esperar por la publicación en la Gaceta Oficial del
Decreto-Ley, el Reglamento y las siete resoluciones complementarias, la
información en el órgano del PCC dice que para la concreción de la zona
se estudiaron durante los últimos años, “experiencias similares en
diferentes naciones del mundo, las cuales luego fueron adaptadas a
nuestro contexto”.

¿QUE ES UNA ZONA ECONÓMICA ESPECIAL?

El economista oficialista Pedro Monreal ha visto en el megaproyecto de
Mariel una de las pocas oportunidades reales que tiene Cuba para uncir
su vagón al tren del desarrollo. Algo así como el Supermán del cuento
que trató de despegar del muro del Malecón y no pudo porque tenía un
montón de cubanos agarrados de la capa y diciéndole “Dale que tú puedes”.

El principio es el mismo de las llamadas zonas de desarrollo tecnológico
y económico –o simplemente zonas de desarrollo– que como parte de su
reforma económica inició China en 1978, con el fin de fomentar la
Inversión Extranjera Directa (IED). A Pekín le ha ido tan bien con
elllas que se pronostica que en 2025 la economía china se convertirá en
la primera del mundo. Pero no se trata, como la pólvora y los fideos, de
un invento chino, sino de la adaptación autoritaria de un invento ajeno.

Se denomina zona económica especial (ZEE o SEZ por sus siglas en inglés)
a una región geográfica que posee leyes económicas y de otro tipo
orientadas en mayor o menor medida a una economía de libre mercado. Las
leyes de “alcance nacional” pueden ser suspendidas dentro de una zona
económica especial.

La categoría abarca un amplio espectro de tipos de zonas más
específicas, incluidas las Zonas de Libre Comercio (FTZ), Zonas de
Procesamiento de Exportaciones (EPZ), Zonas Libres (FZ), Parques
industriales o Estados Industriales (IE), Puertos Libres, Zonas de
Emprendimientos Urbanos y otras.

Por lo general la finalidad de este tipo de estructuras es incrementar
la inversión directa por parte de inversores extranjeros, como puede ser
una empresa internacional o una corporación multinacional.

Una Zona de Libre Comercio (ZLC) o Zona de Procesamiento de
Exportaciones (ZPE) –también llamadas zonas francas y antes puertos
libres,es un área en que determinados bienes pueden ser desembarcados,
manipulados, fabricados o reconfigurados, y reexportados sin la
intervención de las autoridades aduanales del país sede.

Las zonas francas se organizan alrededor de los principales puertos
marítimos, aeropuertos internacionales y fronteras, áreas que ofrecen
ventajas geográficas para el comercio. Puede ser una región común en la
que un grupo de países se ha comprometido a reducir o eliminar las
barreras comerciales. Pero en general las Zonas de Libre Comercio pueden
definirse como centros industriales de trabajo intensivo que media entre
la importación de materias primas o componentes y la exportación de
productos elaborados de alto valor agregado.

La primera zona de libre comercio del mundo se estableció en Shannon ,
Irlanda (Shannon Free Zone) como un intento del Gobierno irlandés para
promover el empleo en una zona rural, utilizar un pequeño aeropuerto
regional y generar ingresos para la economía irlandesa. Fue un gran
éxito y ha sido adoptada alrededor del mundo, sobre todo en países en
vías de desarrollo. En 2003, las zonas francas industriales establecidas
en 116 países empleaban a 43 millones de personas.

A las empresas que se instalan en dichas zonas se les suelen ofrecer
ventajas fiscales como incentivo. Por lo general , estas áreas
especiales se establecen en regiones subdesarrolladas del país sede, con
el fin de atraer a empleadores y por tanto reducir la pobreza y el
desempleo y estimular la economía del área. Empresas multinacionales
como Adidas, Nike o Levi’s Strauss suelen establecer en ellas fábricas
de ropa, zapatos y otras mercancías de valor agregado.

DEL SOCIALISMO REAL AL CAPITALISMO DE ESTADO

En países de economía centralizada y planificada como era China antes de
Deng Xiaoping, las zonas francas se establecieron como Zonas Económicas
Especiales (ZEE), suerte de laboratorio para la aplicación de los
principios liberales de la economía de mercado, atraer la inversión
extranjera, aumentar los ingresos en divisas, desarrollar las industrias
orientadas a la exportación y generar oportunidades de empleo. Compárese
con estos párrafos de la información de los medios oficiales cubanos
sobre la ZDEM:

“Esta Zona nace a partir de los acuerdos refrendados por el VI Congreso
del Partido Comunista de Cuba que, en su Lineamiento 103, promueve “la
creación de Zonas Especiales de Desarrollo que permitan incrementar la
exportación, la sustitución efectiva de importaciones, los proyectos de
alta tecnología y de desarrollo local; así como contribuir a generar
nuevas fuentes de empleo”.

“Según se precisó en la reunión, en dicha Zona se pondrán en práctica
políticas especiales, con el objetivo de fomentar el desarrollo
económico sostenible estimulando la inversión extranjera y nacional, la
innovación tecnológica y la concentración industrial”.

Aunque a elementos de la cúpula gobernante cubana todavía les rechinan
los dientes al pronunciar “inversión extranjera”, sin duda están muy
conscientes de que sin ella ninguno de los propósitos del lineamiento
103 sería factible. El futuro del enorme proyecto del Mariel no sería
mejor sin capitales foráneos que el de la planta electronuclear de
Juraguá, un plan faraónico de Fidel Castro cuya carcaza vacía e inútil
lleva más de veinte años oxidándose y corroyéndose con el salitre de la
Bahía de Cienfuegos.

En China la primera etapa de la apertura a la inversión extranjera, a
finales de los 70 y principios de los 80, coincidió con el permiso para
que los emprendedores abrieran negocios, si bien la mayor parte de la
industria siguió siendo de propiedad estatal (¿le suena?).

La segunda etapa, desde fines de los 80 y durante los 90, consistió en
la privatización y la subcontratación de muchas industrias de propiedad
estatal y la eliminación de controles de precios, políticas
proteccionistas y regulaciones. Dadas sus apreturas financieras, La
Habana podría querer abreviar el plazo chino, renunciando al menos en
ese campo al conservador “sin prisa pero sin pausa” raulista. Quiénes
acudirían a aprovechar tales ventajas es harina de otro costal, al menos
mientras siga vigente el embargo estadounidense.

LA ZEDM Y LOS CUBANOS (DE A PIE)

A pesar de que el Granma asegura que en la ZEDM podrán participar
personas jurídicas nacionales o personas naturales, es dudosa una
apertura real a la participación de capitales privados nacionales,
considerando la dimensión liliputiense de los negocios autorizados por
el gobierno a residentes en la isla, y el requisito de residir en el
país que invalida, por contradecirse con el embargo, a la mayor y más
rica de las tribus cubanas dispersas por el mundo, la de los
cubano-estadounidenses.

La participación de los cubanos por debajo de la cúpula más bien parece
ceñida a la “concentración industrial”: mano de obra cualificada,
relativamente saludable y una de las más baratas del mundo: obreros que
con un salario medio de unos 19 dólares mensuales venderían su alma por
unos cuantos dólares más. Privados, además, de derechos laborales como
los de libre sindicalización, negociaciones colectivas y huelga. Y
seguramente comprometidos por escrito con el Orden, Disciplina y
Exigencia de Raúl Castro.

Lo que podrían encontrar los trabajadores cubanos en las futuras
maquiladoras del Mariel irónicamente lo ilustra bien una apóstol de la
antiglobalización, ese movimiento en el que tanto se regodea la
televisión cubana cuando sus activistas son captados en cámara
vandalizando McDonald’s y apedreando policías. En su exitoso libro NO
LOGO, la canadiense Naomi Klein incluye esta descripción:

“Independientemente del país donde se hallen las zonas de procesamiento
de exportaciones, las condiciones de los trabajadores tienen una
sorprendente similitud: la jornada laboral es larga; hasta catorce horas
en Sri Lanka, doce en Indonesia, dieciséis en el sur de China y doce en
Filipinas. La gran mayoría del personal se compone de mujeres, siempre
jóvenes y que siempre trabajan para subcontratistas de Corea, Taiwan o
Hong Kong”

“Los contratistas reciben pedidos de empresas de EEUU, Gran Bretaña,
Japón, Alemania o Canadá. La gestión del personal es de corte militar.
Los supervisores son a menudo arbitrarios. Los sueldos están por debajo
del nivel de supervivencia, y el trabajo es poco cualificado y tedioso.
Estos reductos de industria pura se ocultan tras un manto de
transitoriedad: los contratos van y vienen sin aviso previo; los
trabajadores son predominantemente inmigrantes, alejados de sus lugares
natales y con pocas relaciones con las ciudades o las provincias donde
se hallan las zonas; el trabajo mismo es a corto plazo y a menudo no se
renueva” […]

“En las zonas reina el miedo. Los gobiernos temen perder sus fábricas
extranjeras; las fábricas temen perder sus marcas clientes; y los
obreros temen perder sus inseguros trabajos. Estas fábricas no están
construidas sobre la tierra, sino en el aire”.

Source: “Mariel, la gran apuesta de Castro al capitalismo” –
http://www.martinoticias.com/content/article/27684.html


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