Informacion economica sobre Cuba

Cambios, Reformas, Raúl Castro

Una polémica que se alarga sin aportar algo realmente nuevo
Rolando discrepa de mi opinión que “las reformas raulistas son las más
importantes de la era revolucionaria.” En mi presentación, que abrió el
congreso de ASCE, demostré que las llamadas reformas “estructurales” de
hecho lo son
Carmelo Mesa-Lago, Pittsburgh | 04/09/2013 2:48 am

El debate sobre la economía cubana a veces se extiende hasta el punto de
volverse tedioso. Un ejemplo extremo de esto fue la polémica sobre la
“Cubanología” en 1985-1991, que envolvió a académicos cubanos,
estadounidenses y europeos, tomando seis años y siete artículos, para
terminar en parte por el aburrimiento de los lectores. El amigo Rolando
Castañeda parece que va por esa vía; su primera crítica a mi libro, Cuba
en la era de Raúl Castro: Reformas económico-sociales y sus efectos,[1]
fue publicada en Cubaencuentro y plenamente refutada por mí. Ahora lanza
una segunda ola de críticas que presentó en el congreso de ASCE el mes
pasado y que en su mayoría respondí. De nuevo, doy la bienvenida a este
intercambio, el cual además ayuda a dar publicidad a mi libro, pero
reitero —como en mi primera respuesta— que la crítica de Rolando ignora
elementos fundamentales de dicho libro, así como de mi presentación en
ASCE; además, su segunda crítica no aporta algo realmente nuevo al debate.
Rolando discrepa de mi opinión que “las reformas raulistas son las más
importantes de la era revolucionaria.” En mi presentación, que abrió el
congreso de ASCE, demostré que las llamadas reformas “estructurales” de
hecho lo son, marcando en mayúscula y negrita siete que son nuevas y
únicas en la historia socialista de la Isla —la cual he estudiado en
seis libros: 1) la distribución de 1,5 millones de hectáreas de tierra
estatal ociosa a unos 180.000 usufructuarios; 2) el despido gradual de
alrededor de 1,8 millones de trabajadores estatales innecesarios y la
creación de trabajos por cuenta propia (hasta ahora 273.000 netos) y de
nuevas cooperativas de producción no agrícolas y de servicios (124 ya en
operación); 3) la eliminación de “gratuidades” (como miles de
universidades municipales, la secundaria en el campo, las escuelas de
trabajo social, las cafeterías subsidiadas en centros de trabajo), la
eliminación gradual del racionamiento, y el recorte en el presupuesto de
servicios sociales (incluyendo el cierre de hospitales y clínicas); 4)
la compraventa de viviendas prohibida desde 1960; 5) la reforma
tributaria que introdujo el impuesto progresivo sobre el ingreso
personal; 6) la creación reciente de un mercado al por mayor para
proveer insumos al sector no estatal, y 7) la reforma migratoria, aunque
no económica, ha flexibilizado las normas y permitido salir a docenas de
disidentes cubanos, varios de fama internacional.
Por el contrario, Rolando argumenta que las reformas adoptadas por Fidel
Castro en los años 90 (como la inversión y el turismo extranjero, y la
introducción del peso convertible) fueron más importantes que las
actuales. Sin negar la trascendencia de aquellos cambios, estos fueron
medidas coyunturales para enfrentar la terrible crisis que siguió a la
caída de la URSS. También hubo otras políticas de Fidel, como la
circulación del dólar, que después él revirtió cuando comenzó la ayuda
venezolana.
La segunda discrepancia radica en que Rolando rechaza que las reformas
estén bien orientadas. Comienza por aceptar que el despido de la mano de
obra superflua es una decisión correcta de política pública pero después
dice: “Lo que es erróneo y no está bien orientado” son las excesivas
limitaciones, regulaciones, trámites burocráticos y elevados impuestos
que asfixian a las reformas principales. Esto indica que o bien Rolando
no ha leído mi libro o, si lo ha hecho, ignora de forma conveniente sus
capítulos 5 y 6, que documentan en detalle y prueban ese punto, que
además fue central en las conclusiones de mi presentación en ASCE.
Otros de sus argumentos son que “las reformas raulistas… tienen como
base el viejo esquema de la propiedad estatal y la centralización” y que
“no hay un pensamiento estratégico de cómo hacer la transición… a otro
sistema más descentralizado, eficiente y sin tantos entorpecedores
controles.” Este fue también uno de los puntos principales de mi
presentación en ASCE donde mencioné que había tomado más de dos años al
Consejo de Ministros para designar a un equipo que defina en que
consiste la “actualización del modelo” centralizado, así como que éste
fracasó en varios países de la Europa Oriental y en los propios
experimentos cubanos de 1971-1986.
Rolando también recomienda como algo novel que las reformas sean “de más
calado” a fin de que tengan éxito y puedan enfrentar una posible
disminución de la ayuda venezolana, todo lo cual fue planteado sea en mi
libro o en mi presentación en ASCE.
Por último hay que distinguir cuatro aspectos diversos aunque
interrelacionados de las reformas: 1) que estén bien orientadas, o sea,
en dirección hacia el mercado (aunque muy rezagadas respecto a las
chinas y vietnamitas) lo cual reafirmo aquí; 2) que sean obstaculizadas
por los problemas que se detallan en mi libro y repite Rolando; 3) que
haya todavía varias clave pendientes (como las de precios, la
terminación de la doble moneda, la nueva ley de inversiones) un punto en
que Rolando y yo coincidimos; y 4) que las reformas hayan tenido éxito,
lo cual no ha ocurrido hasta ahora como demuestro en mi libro y
actualicé en ASCE.

[1] Madrid: Editorial Colibrí, 2012. La versión inglesa actualizada, con
la coautoría de Jorge Pérez-López, es Cuba Under Raúl Castro: Assessing
the Reforms (Boulder-Londres: Lynne Rienner, 2013).

Source: “Una polémica que se alarga sin aportar algo realmente nuevo –
Artículos – Opinión – Cuba Encuentro” –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/una-polemica-que-se-alarga-sin-aportar-algo-realmente-nuevo-300523


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