Informacion economica sobre Cuba

A propósito de unas declaraciones que vale la pena comentar
[09-10-2013]
Elías Amor
Economista

(www.miscelaneasdecuba.net).- Cubaeconomía se orgullece de traer a estas
páginas las declaraciones de un economista cubano, Ricardo Torres Pérez
a un medio de la Isla, JUVENTUD REBELDE, en las que realiza un
diagnóstico certero de los problemas de la economía castrista y de las
soluciones que se requieren.
Ricardo es un economista cubano, joven, tiene solo 32 años, pero con
ideas muy claras. No es frecuente que alguien que, además, ocupa un
cargo en el régimen (Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC), de
la Universidad de La Habana tenga una posición tan clara respecto del
deficiente funcionamiento de la economía castrista. Una entrevista en
JUVENTUD REBELDE confirma alguna de las ideas fundamentales.

Primera idea. La economía global manda. No es un espacio para
aventureros miopes. Y lo dice con mucha claridad, “Cuba debe hacer
adecuaciones de acuerdo con sus condiciones particulares, pero sería
arriesgado pensar que nos podemos sustraer de estas tendencias
(globales) y aun así aspirar a tener un sector manufacturero viable, que
haga un aporte neto positivo a nuestro desarrollo económico”. En suma,
se acabó el vivir del cuento y las subvenciones gratuitas, y con la
venta de médicos, no se va a ningún sitio. Como corolario, “a inversión
extranjera directa, el comercio y la creación de cadenas de valor a
escala global” son las cuestiones a las que se debe dedicar la máxima
relevancia para poder conseguir entrar en el mapa de la economía mundial.

Segundo. Magnífico diagnóstico de los problemas de la economía
castrista. Lo dice textualmente, “hago esta aclaración (entre problemas
estructurales y coyunturales) porque Cuba tiene problemas estructurales
en sentido amplio, es decir, de acuerdo con ambas acepciones (….) Y los
señala de forma explícita, entre los primeros, “la producción material
(agricultura, industria, construcción…) está muy por debajo del
potencial existente y padece de un severo retraso tecnológico.

Esto tiene impacto en el precio real de los alimentos que consumimos, la
elevada dependencia importadora y la posibilidad de ofrecer más empleos
productivos y bien remunerados”, y añade, “se observa un sobre
dimensionamiento de los servicios sociales o personales, tanto desde el
punto de vista de la estructura del producto interno bruto (PIB), como
en la de los ocupados. Es bueno que se tenga en cuenta que estas
actividades, en nuestro caso, solo se sostienen a través de asignaciones
del presupuesto”. Entre los segundos, los coyunturales, “los deprimidos
niveles de inversión; el deterioro de la infraestructura física,
incluyendo la que tiene que ver con las TIC; el bajo coeficiente
exportador; el enorme tamaño de la administración pública para nuestras
posibilidades económicas; el insuficiente aumento del salario real que
tiene impacto negativo en el consumo; la distorsión de los precios
relativos en la economía a partir de la doble circulación monetaria y
los múltiples tipos de cambio que operan simultáneamente, y el escaso
número de empresas de clase mundial, entre otros aspectos de influencia”.

Y sentido común no le falta al señalar que “la solución (a estos
problemas) es una labor a mediano y largo plazo, que requiere de un
programa estratégico coherente, que se conciba y ejecute con la
participación activa de los distintos actores de nuestra sociedad:
gobierno, ciudadanos, sector productivo, territorios, comunidades,
obreros e intelectuales (…) Dicho de otra manera, los retoques
cosméticos no nos permitirán acometer esta tarea de forma exitosa. Se
requiere una gran dosis de conocimiento y audacia para construir una
economía próspera e incluyente”.

Tercero, con ideas muy claras respecto de los “lineamientos”. Y señala,
“considero que el ritmo actual consigue ser adecuado para algunas
tareas, pero en muchos asuntos se puede ir más aprisa. Por ejemplo, las
medidas en el sector agrícola fueron muy tímidas al inicio. La mayoría
de los especialistas estaba de acuerdo en eso. Nos ha tomado casi seis
años para empezar a cambiar algunos de los “cuellos de botella”
reconocidos, como la comercialización, la venta de insumos (no resuelto
aún) y el status de las UBPC, por citar algunos”. No puedo estar más que
de acuerdo con esta perspectiva. Pero es que hay más, cuando señala con
relación a los efectos de esa gestión vacilante, que “el resultado es
que la producción de alimentos apenas ha crecido, los precios reales son
muy altos, la calidad es insuficiente y todo el mundo está insatisfecho,
desde los productores hasta los consumidores. No creo que podamos darnos
el lujo de consumir seis años más en otros temas igualmente relevantes”.

Para añadir a continuación, “te menciono cuatro de ellos que son
esenciales y en los que se debe avanzar a mayor ritmo: las cooperativas
(no existe una ley, estamos a nivel de experimentos), cambios en la
planificación y autonomía real de la empresa estatal, dualidad monetaria
y multiplicidad de tipos de cambio, e inversión extranjera”. Desde
luego, eso es lo que llamo tener la economía en la cabeza, pero bien
organizada.

Cuarto, una opinión clara sobre lo que significa “actualizar el
socialismo”. Y dice al respecto, “entiendo que se actualiza algo que
funciona, para ponerlo a tono con nuevas exigencias. El modelo económico
cubano, teniendo en cuenta los desafíos que enfrenta nuestra sociedad
(por ejemplo el demográfico), necesita una cirugía profunda que le
permita construir una economía productiva y sustentable social y
ambientalmente”. No se puede decir más claro ni mejor. Y mejor aún es la
valoración de lo que la economía castrista posee y no obtiene provecho o
ventaja, “una de las grandes contradicciones de nuestra sociedad estriba
en haber logrado la formación de una fuerza de trabajo con niveles de
calificación muy dignos para un país en desarrollo, pero que al propio
tiempo no es capaz de emplear suficientemente ese potencial para generar
riqueza y bienestar”.

Quinto, un diagnóstico válido de la situación actual. Cuando señala,
“nuestra economía está en estos momentos atravesando una etapa de bajo
crecimiento, anclada por los problemas que mencioné antes, junto con
otros más específicos, como la crisis financiera que sufrió el país
entre el 2009 y 2010 y la debilidad de la economía mundial. El ritmo de
expansión económica actual es claramente insuficiente para tener un
efecto significativo en el nivel de vida de las personas.

Tampoco es un buen escenario para comenzar a revertir algunos de los
desbalances más importantes”.Pero lo más importante es que apunta en la
dirección en la que se hace necesario avanzar y de forma rápida “en esta
situación se requieren acciones que rompan la inercia en ciertos puntos
críticos. Algunas de estas fueron mencionadas anteriormente. Creo que el
país tiene un enorme potencial en la creatividad y energía de su gente,
pero también algunos recursos claves como un potencial agrícola, minero
y turístico deficientemente aprovechado, las fuentes de energías
renovables (la caña de azúcar, por ejemplo) y un clima político y
económico favorable en América Latina y el Caribe, entre otros muchos.
Las perspectivas dependerán de nuestra habilidad para crear un modelo
económico que permita que todo ese caudal se exprese a plenitud. En ese
caso, no me caben dudas que nos aguarda un futuro muy luminoso”.

Sinceramente, con estos planteamientos no se puede estar en desacuerdo.
Confío en que pronto, otros muchos como Ricardo, puedan empezar a
dialogar y acordar un gran programa de cambio para la economía
castrista, que ya no funciona ni sirve.

Source: “A propósito de unas declaraciones que vale la pena comentar –
Misceláneas de Cuba” –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/525519eb3a682e157c8b1c4d


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