Informacion economica sobre Cuba

Déficit habitacional y marginalidad en Cuba
octubre 20, 2013
Armando Chaguaceda

HAVANA TIMES — El acceso popular a la vivienda es uno de esos temas que
ciertos defensores foráneos de “la obra de la Revolución” mencionan como
una de las bondades del esquema de protección social vigente en Cuba.

Pese a ello, otras voces “amigas del país”, más objetivamente
informadas, mantienen un prudente silencio sobre el asunto, por ser uno
de los problemas sociales más graves del país.

Y es que si bien es cierto que el estado postrevolucionario aprobó entre
sus primeros medidas justicieras la rebaja de alquileres y la concesión
de títulos de propiedad a los moradores, también lo es que en las
últimas décadas la situación del rubro ha ido agravándose.

Hoy, más del 70% del fondo habitacional califica como de regular o mal
estado; se construyen poquísimas nuevas casas cada año, incumpliéndose
planes constructivos de por sí insuficientes. Es muy común que en una
casa convivan, con todos los roces que ello supone, hasta 3 generaciones
de cubanos.

En lo relativo a la construcción o reparación de viviendas por el
Estado, esta ha disminuido en los últimos años. El ritmo constructivo es
inferior a las necesidades, por lo que el déficit habitacional se
incrementa en correspondencia con una trayectoria ya histórica.

El proyecto de construir (de 1960 a 1970) 32 mil apartamentos anuales
quedó en una cifra promedio de 11 mil. De 1971 a 1980 elevó la meta a
unas 38 mil anuales, pero el promedio anual fue de menos de 17 mil. A
partir de 1981 se inició un plan de 100 000 anuales, que -hasta 1990- no
rebasó el promedio de 40 mil.

Si bien en 1995 se logró sobrepasar las 40 mil, la cifra descendió
paulatinamente hasta que en los primeros siete meses de 2005 sólo se
habían concluido 7 300 viviendas. En el 2008 la meta se bajó de nuevo
hasta 50 mil, rondando las cifras de los primeros cinco meses el 28% de
cumplimiento.

Si apreciamos el panorama actual, se constata que se han realizado
algunas construcciones estatales -denominadas “viviendas con destino”-
en especial algunas de alta calidad destinadas a oficiales del Minint y
de las FAR, en barrios de Plaza y Playa, el Casino Deportivo, en los
repartos Santa Catalina y La Coronela, entre otras zonas de la capital.
Se han habilitado como albergues y viviendas algunos edificios que antes
fueron centros de trabajo; pero estos son casos puntuales y no
satisfacen en modo alguno la demanda.

A la incapacidad constructiva se unen los fenómenos meteorológicos de
los últimos años que han derribado o dañado parcialmente cientos de
miles de viviendas, la mayoría porque eran de baja calidad -tanto por
los materiales empleados como por el cuestionable rigor del proceso de
edificación- y porque, además, estos han carecido de mantenimiento
durante el medio siglo.

Este verano, producto de los aguaceros, se produjeron varios derrumbes
en una pequeña zona de Centro Habana: en Escobar entre Neptuno y San
Miguel, en Neptuno entre Manrique y San Nicolás y un tercero en Soledad
entre Neptuno y Concordia.

En cuanto a la recuperación, hay numerosas familias que perdieron sus
viviendas al paso de los huracanes que asolaron el Oriente y la
provincia de Pinar del Río y que todavía no han logrado recuperarlas.
Por todo ello el déficit habitacional real sobrepasa, según diversas
fuentes, el medio millón de viviendas oficialmente reconocido.

Después del fracaso del Estado de querer asumir por sí sólo la
construcción de viviendas y de acudirse a las llamadas Microbrigadas,
actualmente se ha transferido esa responsabilidad a los particulares.

Tal decisión deja sin cobertura a la numerosísima población trabajadora
que habita cientos de edificios multifamiliares -en zonas como La Lisa o
Alamar- mucho más difíciles de reparar con la suma de esfuerzos
individuales.

Así, los planes de asignar préstamos bancarios y facilitar materiales de
construcción a la población para que construya o repare sus viviendas
con recursos propios tampoco ha resuelto el enorme déficit habitacional
del país.

Semejante rehabilitación “por cuenta propia” se confronta con una oferta
de materiales escasos, a precios altísimos y de baja calidad, pues en
los rastros hay revendedores que adquieren casi todo el material que
entra -como las barras de acero (cabillas) y el cemento en bolsa- para
venderlos a precios superiores.

Sin embargo, también está en curso un celebrable programa de subsidios a
gente de bajos ingresos, para que reparen sus viviendas o construyan
piezas como cocinas, baños u otra habitación, que concede el poder
decisor a una comisión municipal de composición amplia lo que, según
algunas opiniones, ha acotado las prácticas de “sociolismo”. [i]

A la población empobrecida de la capital hay que añadir el arribo –nunca
interrumpido pese a cuestionadas iniciativas legales y operativos
policiales- de millares de inmigrantes de las otras provincias, que
sobreviven en la urbe a través de disimiles actividades, legales o ilegales.

Estos se instalan en edificaciones de pésimo estado constructivo -casi
siempre inhabitables- o bien improvisan precarias habitaciones con
materiales de desechos en zonas de la periferia de la ciudad, sin
servicio de acueducto, alcantarillado ni electricidad, en condiciones de
hacinamiento e ilegalidad.

Estas poblaciones marginales no cuentan tampoco con la cartilla de
racionamiento, lo que dificulta más la sobrevivencia y multiplica el
comercio ilegal y el delito.

Los barrios empobrecidos que albergan una población en tal situación de
marginalidad se dispersan por diversos municipios de la capital. Tan
solo si mencionamos los más notorios, encontramos que en Centro Habana
se identifican los barrios de Los Sitios, algunas zonas de Cayo Hueso,
el Barrio Chino y San Leopoldo; en La Habana Vieja destacan los barrios
de Jesús María y Atarés; en Arroyo Naranjo se encuentra Párraga; en La
Lisa el asentamiento ubicado debajo del puente que colinda con el
municipio de Marianao; en Plaza existen El Fanguito y La Timba, en el
Cerro el asentamiento El Canal, entre otros. Pero los más famosos son
comunidades muy precarias de la periferia de la ciudad y barrios como La
Corea, La Cuevita y El Canal en los municipios Cerro, Marianao y San
Miguel del Padrón.

La agudización del problema de la vivienda en Cuba constituye un serio
problema social.[ii] De hecho, es presumible que el notorio incremento
de los niveles de violencia en la capital y la proliferación de diversas
formas de marginalidad e ilegalidades guarden estrecha relación al
incremento de la pobreza y el hacinamiento poblacional.

Para combatir y solucionar tales problemas serán necesarios una
importante inversión –y no solo una racionalización, como parece
preferirse hoy- de recursos en función de mejorar las política sociales
(vivienda, salud, educación, recreación) que atienden a esas
poblaciones, así como experimentar formas alternativas (cooperativas de
construcción y gestión de viviendas, cajas de crédito, etc) que impidan
que la ineficacia de las burocracias o la especulación del mercado
inmobiliario sean las que determinen, para las mayorías, el acceso y
disfrute de su derecho a una vivienda digna.

Meta que solo se alcanzará en la medida que se combata y reduzca, de
forma integral y sostenible, la pobreza que afecta a amplios sectores de
la población cubana.

[i] Uso de influencias y relaciones para obtener y proveer acceso a
bienes, servicios y empleos demandados.

[ii] Para un vivido y reciente abordaje del tema ver, del periodista
Fernando Ravsverg, el siguiente trabajo www.havanatimes.org/sp/?p=91062

NOTA: Agradezco los aportes y comentarios de varios amigos residentes en
la Habana, así como de los especialistas Carmelo Mesa y Mario Coyula.

Source: “Déficit habitacional y marginalidad en Cuba – Havana Times en
español” – http://www.havanatimes.org/sp/?p=91351


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