Informacion economica sobre Cuba

HAIER, la gran estafa
PABLO PASCUAL MÉNDEZ PIÑA | La Habana | 7 Oct 2013 – 10:15 am.

Castro lideró en 2004 su particular ‘batalla energética’. Hoy, miles de
expropietarios de viejos refrigeradores añoran sus aparatos y creen
haber cambiado ‘la vaca por la chiva’.

Con el surgimiento de la libreta de racionamiento en el año 1962, el
refrigerador destronaba a la televisión y la radio como los
electrodomésticos más anhelados por los cubanos. Asimismo, la necesidad
de acumular y conservar alimentos se imponía al pasatiempo.

El nuevo estilo de vida obligaba a almacenar los sobrantes para
aprovechar al máximo las pitanzas que, en raciones diarias, semanales o
mensuales, el Estado “benefactor” asignaba y vendía a precios subsidiados.

Surgió otra contrariedad: Los refrigeradores heredados del capitalismo
no cubrían la creciente demanda y hubo que esperar hasta los años
setenta para que los cubanos faltos del aparato compitieran “sacándose
trapos sucios” en las asambleas sindicales, una suerte de olimpismo
donde los ganadores eran autorizados a comprar electrodomésticos
procedentes de la URSS, el campo socialista y la industria nacional.

Treinta años más tarde estalló otra revolución, la “energética”, y
caravanas de camiones desfilaron cargadas con los “modernos y
ecológicos” refrigeradores HAIER modelo HRF-250E, de fabricación China;
equipos que fueron estibados por los jóvenes trabajadores sociales y
ocuparon el lugar de los armatostes desahuciados, que emprendieron su
último viaje hacia los chatarreros.

Hoy por hoy, aquellos antiguos Frigidaire, Philco, Westinghouse, Input y
General Electric entre otros, son echados de menos por algunos de los
exdueños, quienes lamentan haber “cambiado la vaca por la chiva”. El
timo, según el 80% de los consultados, succiona más del 20% de sus
salarios o pensiones mensuales.

Según expertos, el refrigerador HAIER no cumple con las normas para
latitudes tropicales. Con 232 litros de volumen neto, los alimentos
guardados en su compartimiento de conservación corren el riesgo de
descomponerse cuando arrecia el calor en la temporada veraniega.

También el HAIER es susceptible a la tupición del capilar, una rotura
compleja, cuya reparación en los talleres estatales cuesta más de 1.400
pesos (4 meses de salario medio cubano).

El bajo consumo energético —según chapilla— es la única ventaja
apreciable de estos equipos, y la cualidad técnica que supuestamente
motivó a Fidel Castro a ultimar su adquisición en la República Popular
China.

La desproporcional miseria energética

En el año 2004 sobrevino el caos energético en la Isla. Por un error
humano se encorvó el eje del turbogenerador de la Termoeléctrica Antonio
Guiteras, de Matanzas. Los apagones superaban 12 horas diarias y fue
necesario paralizar 118 fábricas, junto a un paquete de medidas de
austeridad que se aplicaron durante cuatro meses.

Rolando Márquez, un economista de 55 años, conserva recortes
periodísticos de la época y cuenta que Castro “acaparó el programa Mesa
Redonda para debatir y analizar estadísticas que revelaron la
desigualdad cubana”.

Según datos, el país contaba con una electrificación del 96%, un nivel
superior al de América Latina y África. Sin embargo, un 93% de sus
consumidores no llegaban mensualmente a gastar 300 kilowatts-hora. Solo
un 7% superaba la cifra y, dentro de ella, un 1,5% consumía más de 1000.

Castro evidenció sin proponérselo que el 93% de la población con acceso
a la electricidad vivía en la pobreza, mientras el 5,5% formaba parte de
la clase media y el 1,5% pertenecía una clase alta (dirigente). Ambos
escalones poseían electrodomésticos más eficientes y modernos que el
resto de sus paisanos.

Los más infortunados aún conservaban televisores a válvulas, bombillas
incandescentes, ventiladores artesanales, refrigeradores viejos y
cocinillas con resistencias de alambre níquel-cromo.

Estos artefactos, dijeron los especialistas de la Unión Nacional
Eléctrica (UNE), eran ineficientes, altos consumidores y elevaban
considerablemente los picos en horarios de máxima demanda.

“Castro apeló a su tradicional fórmula”, recordó Márquez; estableció una
escala de tarifas acorde a los niveles de consumo. “Quien consuma más,
paga más”, sería el procedimiento para obligar a la austeridad. Pero la
medida, en vez de incrementar el ahorro, trajo consigo una oleada de
fraudes y otros actos delictivos.

Gracias a la chequera del fiador Hugo Chávez, Castro “resolvió renovar
los equipos electrodomésticos de la población”, puntualizó Márquez.
Tales enseres fueron comprados en el mercado chino a precios que se
mantienen en secreto. Al final, el exgobernante se agenció “la potestad
de elegir los aparatos destinados a sustituir los cachivaches de los
pobres”.

Lo tomas o lo dejas

Felipe Rodríguez, un jubilado de 80 años residente en el Vedado, cuenta
que era propietario de un refrigerador marca Norge fabricado en
Norteamérica en los años cincuenta. Decidió cambiarlo por un HAIER, ya
que el mueble estaba viejo y necesitaba chapistería y cambio de junta.

“No recibí reembolso por el equipo entregado”, aclara Rodríguez… “Me
descuentan 59 pesos (2,5 dólares) de un total de 270 pesos (once
dólares)”, que recibe mensualmente como retirado. Ese monto deberá
pagarlo durante 10 años, hasta totalizar unos 7.080 pesos (295 dólares).

“Si guardo una cazuela de potaje en el HAIER, me arriesgo a que se eche
a perder”, explica Rodríguez, quien reconoce que el negocio más malo de
su vida fue adquirir ese refrigerador… “Óigame, en 1959 compré un
Volk-Wagen del año y me salió más barato que esa porquería”.

“Tengo un olfato del carajo”, dice Wilfredo López, jubilado de 72 años,
residente en la Habana Vieja. Narra que cuando se enteró de que a los
refrigeradores HAIER les decían “los lloviznaos” (por el agua que corría
por sus paneles interiores), le preguntó a varios técnicos, quienes le
recomendaron que no cambiara su cascaron soviético de los años ochenta.
Y, hasta hoy, no lamenta su decisión.

‘La técnica es la técnica…’

Con el título del Médico del Haier, la colega villaclareña Idalia
Vázquez publicó en el blog oficialista Soyquiensoy una entrevista a
Mariano Hernández Sánchez, un técnico en refrigeración que en diecisiete
ocasiones fue elegido Vanguardia Nacional e igualmente fue condecorado
con la medalla Lázaro Peña de III grado.

Hernández afirma que el HAIER tiene un mueble enterizo que es necesario
romper para hacer el pronóstico de la rotura, un componente que está
valorado en 1.400 pesos (58 dólares) por ser importado de la República
Popular China.

Sus investigaciones revelaron que la avería más frecuente de estos
aparatos es la tupición de capilar, inconveniente que él resuelve
aplicando un disolvente con una presión de 150 libras de aire. La
reparación dura 10 minutos y disminuye los costes a 83 pesos (3.5
dólares). Según Hernández, con dicha solución el cliente paga menos y
recupera la confianza en su equipo.

Por su parte, en el taller estatal de las calles Zapata y 27, en la
barriada capitalina del Vedado, y junto a una mesa de trabajo con más de
seis refrigeradores HAIER en reparación, un mecánico que solicitó el
anonimato opina: “Las obstrucciones del capilar son originadas por la
mala calidad del filtro y aplicar R-141 (disolvente) a alta presión para
eliminar esas tupiciones puede causar otras averías. Además, estos
refrigeradores también han presentado frecuentes roturas del compresor,
cuya sustitución cuesta 900 pesos (38 dólares)”.

Pero el HAIER exacerba las polémicas entre los especialistas, quienes
razonan —entre otros defectos— que su ineficiencia se debe a la
descomposición molecular del refrigerante ecológico R-134ª. Otros, como
el ingeniero Pepe, que ejerce como mecánico cuentapropista, lo
desahucian aseverando: “La marca HAIER es una mierda”.

“A pesar de los desperfectos”, indica Pepe, “usted puede visitar el
portal www.revolico.com y verá anuncios de venta de HAIER usados, por el
irrisorio precio de 272 CUC (dólares). Algo así como una carnada para
pescar bobos”.

Source: “HAIER, la gran estafa | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1380899095_5372.html


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