Informacion economica sobre Cuba

La jauría de los iguales
HÉCTOR ANTÓN | La Habana | 14 Oct 2013 – 8:39 am.

Borrando el nombre de atletas, demonizando el profesionalismo, gritando
consignas… Fiel al régimen, la prensa deportiva cubana posterior a 1959
ha sido un arma política.

Grande es la verdad, pero todavía mayor,
desde un punto de vista práctico, es el silencio de la verdad
Aldous Huxley

La prensa deportiva posterior a 1959 ha sido cautelosa por exceso y
abrumadora por defecto. Consignas iniciales como “Listos para vencer” y
“El deporte, derecho del pueblo”, logran mantener la esencia de una
gesta verbal en clase épica. La crónica roja del régimen
prerrevolucionario dio paso a la sangre numerosa de la insurrección
triunfante. Ya era hora que el deporte amateur barriera con el
espectáculo de puños y piernas rentadas, la discriminación racial y el
sensacionalismo. Divulgación y propaganda serían la espada y escudo de
los periodistas que decidieron permanecer en su tierra y subirse al tren
de la esperanza.

Sin la malicia herética y formación cultural de otros colegas, los
reporteros de la esfera atlética se alistan a la “causa justa” con
espíritu redentor. Su tarea de choque es la de ser traductores eufóricos
del lenguaje hegemónico. Un teórico francés de la disciplina-bloqueo
dijo que “el teatro es la indignidad de hablar por otro”. De modo
paradójico, el diagnóstico sintetiza la dignidad mayor de la prensa
deportiva insular.

A pesar de contar en su trayectoria con abandonos y deserciones, el
grueso de sus impostados actores se ha plegado a la maquinaria estatal
con el mismo rigor que exige conservar bien alto el honor de la patria.
El giro emergente hacia una especie de semi-profesionalismo contemplará
un cambio de tono, bajo la salvedad de continuar atentos a las órdenes
de arriba que será preciso cumplir.

En el nombre del padre

El protagonismo tiránico de Eddy Martin (1929-2006) y Héctor Rodríguez
(1946-2012) en la narración televisiva, sentó las bases de una escuela
concentrada en demostrar que los muñecos del ventrílocuo único también
pueden aspirar al sueño de la permanencia. Gracias a la perseverancia y
lealtad de sus malabares vocales, Héctor y Eddy fundieron técnica y
táctica para reinar durante más de treinta años en una carrera sin
relevos que solo interrumpió la muerte.

Adorar la verdad foránea tanto como la mentira autóctona. Estallar con
el triunfo y enmudecer ante la derrota. Culpar de una victoria en el
bolsillo al sujeto o situación conveniente. Demonizar al profesionalismo
abierto y los yanquis de entonces. Borrar de la memoria a los atletas
fugados o caídos en desgracia. Enamorarse de un pelotero hasta llegar al
mimo sospechoso. Ser apéndices de la Comisión Nacional de Béisbol.
Cambiar de tema en plena efervescencia popular, debido a sanciones
injustas contra figuras encumbradas por ellos mismos.

Lo anterior es parte del legado que nos deparó aquel binomio cuadrado
perfecto, como “ejemplo a seguir para los que hoy comienzan”.

Alguien curtido en la sátira política sostiene que “tontos y pícaros
coinciden siempre en la desinformación”. Dicho axioma sintetiza el
dilema entre masa y poder latente en el ámbito social y deportivo
insular. La batalla simbólica entre los chismes de aldea y esos loros de
turno reñidos con una mínima transparencia ante cámaras y micrófonos.

Demagogia y populismo es una redundancia en comentaristas saciados de
internet y publicaciones especializadas. Tal parece que “complacer a la
afición” estriba en vociferar logros racionados, en lugar de analizar
críticamente el ocaso del movimiento deportivo.

El televidente agradece cuando las trasmisiones de cadenas hispanas
conservan a sus narradores originales. Sucede que los artífices del
patio menos especializados se dedican a brindar fichas biográficas y
cronologías históricas, sin emitir criterios personales de lo que
acontece en el escenario atlético. ¿Se imaginan un duelo entre las
tenistas punteras del ranking mundial femenino Serena Williams (EEUU) y
Victoria Azarenka (Bielorrusia) comentado por una dupla nuestra?

Hacer de tripas corazón

¿Qué justifica la ausencia de velocistas y fondistas durante el Mundial
de Atletismo Moscú-2013? ¿Debemos aceptar que un impredecible Víctor
Mesa siga al mando del team Cuba, a pesar de su abuso de poder, grosería
y método irracional de conducir hombres? ¿Será crucial el precedente de
haber sido el pelotero favorito de Vilma Espín? ¿El despotismo de un
carismático Gran Timonel podría rescatar a los tripulantes de un barco a
la deriva? ¿Dónde estará metido el ex-rematador de la selección cubana
de voleibol Wilfredo El Bebé León en su nuevo estatus de no-persona?
¿Qué significa en el argot de la nomenclatura “violar el código de ética
revolucionario”?

Atrapar un raquítico periódico Granma o Juventud Rebelde, encender la
radio o sintonizar TeleRebelde (El Canal de los Deportes en Cuba)
deviene un absurdo más. Allí no conseguiremos despejar ninguna
interrogante. La jauría de los iguales silencia este tipo de
confesiones. El triunfalismo del presente se impone a la suma de
injusticias y fracasos. En Cuba se sabe muy poco de Cuba, según los
medios de comunicación masiva.

Ni siquiera se abre un espacio para el negocio de la nostalgia. Nadie
habló del reencuentro en Florida de los exjugadores de equipos
capitalinos de béisbol Rey Vicente Anglada y Bárbaro Garbey, al cabo de
treinta y tres años de sobrevida, incomunicación y espera. Tampoco se
mencionaron las visitas a Cuba de José Ariel Contreras o Rey Ordoñez,
quienes regresaron dispuestos a vencer el miedo a un supuesto rechazo de
la afición o de sus antiguos compañeros.

Otros se limitaron a retornar prácticamente de incógnitos, como los
baloncestistas Roberto Carlos y Ruperto Jr. Herrera, quienes volaron a
La Habana procedentes de Buenos Aires y Miami. Todo un secreto a voces a
nivel de amigos y familiares cercanos. La Reforma Migratoria trajo el
alivio de abrazos pendientes.

Tampoco el furor de la inmediatez satisface el interés de los
aficionados. Un partido de la liga española de fútbol es más importante
que el derby de jonrones conquistado por Yoenis Céspedes en la más
reciente temporada de las Grandes Ligas. Un posible fichaje millonario
requiere un seguimiento que no merecen las lecciones boxísticas de
Guillermo El Chacal Rigondeaux. Todo se puede resolver con un largo y
tedioso resumen de la Bundesliga alemana. ¡Qué pasaría si “la liga mejor
organizada” (según dijo uno de acá lejos de allá) estuviera poblada de
futbolistas cubanos titulares en sus respectivos clubes!

¿Masa vs. multitudes?

Cómo es posible recuperar el interés masivo por el béisbol, si el fútbol
como “deporte de las multitudes” disfruta de una cobertura televisiva
superior a la pelota como “deporte nacional”. Incluso, las trasmisiones
de Grandes Ligas ofrecen la impresión de que ningún cubano se alista en
las novenas regulares de los equipos élites. La selección de partidos
que se brindan ante la teleaudiencia insular requiere un de un detector
de cubanología.

El complejo de Mesa Redonda, donde todos los panelistas simulan “estar
de acuerdo”, también matiza la prensa deportiva. Se torna difícil
presenciar una confrontación en un programa supuestamente destinado al
debate como “Al duro y sin guante”. Al frente de este consenso
premeditado, encontramos a Rodolfo García Lozano, rancio sustituto del
“titán de la locución cubana”, Eddy Martin.

Sentado en su tribuna de vidrio, éste camaleón histriónico induce a sus
invitados por la senda de un optimismo ramplón. A la sombra de su mesura
sonora, los enfoques y recuentos obsesivamente enciclopédicos de Renier
González, así como la precaución del refinado Sergio Ortega sucumben al
monólogo del obeso ideológico.

Desviar la atención de problemas locales con tramas globales es una
vieja artimaña política. Un periodismo “ameno, militante y creador”
tiene la misión histórica de reivindicar esta opción estratégica. El
escamoteo como mentira piadosa convierte al engaño en virtud. La
melancolía de los conejos entusiastas se transforma en una cacería de
leones fajados por destripar presas exóticas. Es decir, el compromiso de
estudiar y promover el no-compromiso.

“No hay cosa que mate a un hombre más rápido que obligarlo a representar
a su país” (Julio Cortázar). Frase lapidaria que lastra por igual al
deporte cubano y sus fieles reporteros. Vaciados de instinto de
rebelión, unos y otros le entregan su alma y cuerpo al diablo por un
viaje al extranjero, para endurecer el nudo de su envilecimiento.

Obediencia y solemnidad no riman en el imaginario de multitudes
despiertas. Rejuego político y frescura competitiva no pueden ser las
dos caras de una misma moneda. El patrioterismo hereditario de la prensa
oficial rechaza el desacato y sentido del humor genuinos de la
sensibilidad popular.

Los voceros del puritanismo amateur se niegan a reconocer la mediación
publicitaria y especulación financiera dominante en el contexto
deportivo universal. Una vasta región donde principios como nación,
Estado o fidelidad a los grandes hermanos ya no cuentan. El nuevo
sistema de pago a los atletas y entrenadores será un tema postergado,
hasta que ya sea imposible remendar la máscara de “regalarle al pueblo
el alegrón que se merece”.

Mientras el deporte nacional emigra, tropieza y se autodestruye, los
habitantes confinados en el archipiélago de corcho (víctima y verdugo
del acoso imprescindible) inventan, carean y blasfeman en las ruidosas y
vigiladas peñas callejeras, clamando por el diluvio de una catarsis
informativa que nunca llega.

Source: “La jauría de los iguales | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/deportes/1381686128_5480.html


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