Informacion economica sobre Cuba

Cuba, Reformas, Cambios

No pretendemos reformar el “socialismo estatal”, sino cambiarlo
Defendemos otro socialismo bien distinto; pero no aspiramos a imponer
ninguna sociedad específica
18/10/2013 6:36 pm

Este artículo fue escrito por un colectivo de autores: Marlene Azor,
Pedro Campos, Armando Chaguaceda, Ovidio D’Angelo, Andrés Dovale,
Claudio Fernández, Hibert García, Jorge O. González, Ariel Hidalgo y otros.
Algunos comentaristas críticos de las posiciones de la izquierda
socialista y democrática cubana, asocian a los partidarios del
Socialismo Participativo y Democrático (SPD) al interés de “reformar el
socialismo de estado”. Para ello, aluden a nuestro apoyo ampliamente
crítico a algunas de las iniciales declaraciones del Presidente Raúl
Castro y a ciertas medidas de la llamada “actualización” las cuales, si
bien han flexibilizado y reajustado viejas y absurdas regulaciones, en
su conjunto no cambian —en esencia— las principales características
socioeconómicas y políticas del modelo autoritario vigente.
En todo caso; varias de esas medidas tienden a un redimensionamiento del
estado centralizado para hacerlo más fuerte, acompañado de una limitada
restauración del capitalismo privado, en contraposición a nuestras
propuestas de democratizar la vida política del país y priorizar las
formas libres, autogestionadas, cooperativas y asociativas de
producción, las que marchan muy a la zaga de las otras y cuyo sentido
socializador carece de la difusión necesaria.
No prejuzgamos los fines de tales comentarios, solo pretendemos dejar
establecido, una vez más, que ni nos identificamos con el vigente
“socialismo de estado”, ni con sus intentos hegemónicos por reformarlo
bajo el manto de una limitada liberalización.
Nosotros aspiramos a cambiarlo de forma sustantiva y con una orientación
democratizadora.
Luchamos por un Socialismo Participativo y Democrático, que tendría que
ser sustentable y para el progreso, por el desarrollo de una nueva
sociedad inclusiva, democrática con participación autónoma de los
ciudadanos en la toma de decisiones en todos los ámbitos, hacia el
predominio paulatino de las formas autogestionarias de producción y
gobierno social, en verdadera transición socialista que, por imperio de
las condiciones objetivas de desarrollo socioeconómico, no excluye pero
tampoco privilegia las distintas formas privadas de producción .
Nuestras críticas al modelo vigente, han sido suficientemente claras. No
creemos que el socialismo signifique un estado dueño absoluto de los
medios de producción, con relaciones alienantes que bloquean formas más
democráticas de cooperación y distribución de los ingresos, ni con el
partido único que deja la política fuera del control social, ni con
limitaciones a la libertad de expresión y asociación, ni con enfoques
sesgados de los derechos humanos.
Expresamente, nuestras propuestas no coinciden con los conceptos de
“dictadura del proletariado”, de “partido único dirigente de la
sociedad”, de la “propiedad del estado como eje principal de la
economía”, ni con todas las formas de monopolio en la economía y la
política.
Nuestras posiciones quedaron bien establecidas en nuestros principales
documentos programáticos: “Cuba necesita un socialismo participativo y
democrático. Propuestas programáticas” (agosto de 2008) y “Propuestas
para el avance al socialismo en Cuba” (enero de 2011), presentados al
pueblo de Cuba, en ocasión de las convocatorias al VI Congreso del PCC.
Que defendamos una sociedad con una democracia que combine formas
representativas, participativas, deliberativas y directas que empodere
verdaderamente a los ciudadanos y promovamos las formas asociativas de
producción como alternativas a la explotación asalariada y la igualdad
de derechos —no el igualitarismo—, no quiere decir que pretendamos
imponer algún modelo específico de sociedad.
Como demócratas convencidos, creemos que debe ser la ciudadanía, por
medio del voto directo y secreto, la que determine luego de un amplio
intercambio horizontal, deliberativo y con transparencia informativa,
—distintos a los insuficientes mecanismos de consulta vertical del
actual gobierno, que antes o luego siempre decide—, el tipo de sociedad
en que desea convivir, siempre con respeto a los intereses de las minorías.
La democracia sin exclusiones a la que aspiramos, para ser verdadera,
debe tender cada vez más a la amplia participación de todos los
ciudadanos, a la difusión libre de ideas y a la elección de todos los
cargos público por medio del voto directo y secreto a partir de
candidatos, propuestas y proyectos no predeterminados por
superestructuras. Al uso de los referendos y de los presupuestos
participativos aprobados por todos los afectados y contribuyentes, con
un amplio desarrollo de las autonomías municipales, con representaciones
de los verdaderos intereses populares, revocables y no de la manera
designada y delegada actual.
Aspiramos a un socialismo que defina claramente una tendencia a la
eliminación paulatina de todas las formas de explotación de los seres
humanos.
En tal sentido, deseamos una economía que priorice la socialización de
la propiedad y de la apropiación de los resultados del trabajo; que
además del cooperativismo amplio, el trabajo libre asociado, las formas
de economía auto y cogestionadas en diverso grado y el trabajo por
cuenta propia, personal y familiar, contemple también la pequeña y
mediana empresa privadas. Creemos que en las entidades donde se devengue
salario, el trabajador debe ser, además, partícipe de las utilidades, de
la gestión de la propiedad y poseer formas efectivas para defender sus
derechos.
Igual, entendemos la necesidad de la inversión foránea, en forma
principalmente indirecta y siempre que aporte capital, tecnología y
mercado. Cuando sea imprescindible la inversión directa extranjera,
deberá estar asociada a empresas nacionales, y sujeta a
macro-regulaciones estatales que garanticen los intereses de la nación
y, específicamente, firmarse un contrato colectivo de trabajo que
proporcione a los trabajadores salarios decorosos, protección sobre
cualquier forma de discriminación o explotación, participación en parte
de las ganancias de la entidad y plenas garantías para el ejercicio de
la actividad sindical independiente.
El estado debería garantizar y mejorar los logros alcanzados en la salud
y la educación para todos, para lo cual los profesionales y trabajadores
de ambas esferas, así como los ciudadanos beneficiados por esos
servicios, deberán tener una real participación en las decisiones que se
tomen a todos los niveles y propiciar el desarrollo de otras formas no
estatales que tiendan a socializarlas aún más. Experiencias
latinoamericanas en la forma de Consejos de Salud y Educación, que
gestionan eficaz y democráticamente las políticas públicas, deberán ser
incluidas en cualquier reforma del sector.
Los cubanos residentes en el extranjero deberán tener los mismos
derechos de los residentes en el país, tanto en lo económico, como en lo
social y en lo político, con la única excepción de quienes vean
invalidado el ejercicio de estos derechos por ser comisores de algún
delito de acuerdo a lo establecido en el Derecho Internacional.
En particular, rechazamos toda forma de violencia para conseguir fines
políticos y promovemos el diálogo y las vías pacíficas y democráticas
para la solución de los conflictos y la búsqueda de una salida a la
crisis cubana que no podrá resolverse manteniendo el modelo estatalista
—que ha demostrado su inviabilidad en todas partes donde se intentara— o
de la imposición de un modelo neoliberal, elitista y enajenador de la
soberanía nacional.
Por último, mientras reafirmamos nuestro convencimiento de que no es
posible el socialismo, sin plena democratización de la vida política del
país y sin una política clara dirigida a la amplia socialización de la
economía, apreciamos que el partido/gobierno/estado cubano, bajo el
denominado proceso de “actualización”, en lugar de avanzar al
socialismo, se aleja por emprender un fortalecimiento de las
instituciones estatales en todos los órdenes, reforzando el modelo
político autoritario de gobierno y el control de las empresas estatales
por el aparato burocrático, apoyándose en una limitada restauración del
capitalismo privado.
El carácter discordante de las medidas y acciones de la “actualización”
está llevando a una agudización de las contradicciones entre la elite
burocrática y todas las demás capas sociales del pueblo cubano,
explotadas directamente a través del trabajo asalariado mal pagado, o
indirectamente por vía de los altos impuestos, la doble moneda y las
limitaciones aplicadas por los monopolios estatales al trabajo por
cuenta propia, al cooperativista y al capitalista privado.
En estas circunstancias, y con vistas a evitar que esas contradicciones
se desborden de forma incontrolable, con incalculables consecuencias,
los partidarios del SPD llamamos —una vez más— a un diálogo nacional,
horizontal, abierto, democrático, sin exclusiones, con participación de
los cubanos de dentro y de fuera, de todas las tendencias políticas, que
permita encontrar una solución política a la situación actual y abra
vías a la sociedad martiana “con todos y para el bien de todos”, que
figura en la Constitución.
Sin democracia sustantiva que empodere al pueblo en las cuestiones de
gobierno a todos los niveles, sin libertad plena, sin socialización de
la economía, no hay patria, nación ni socialismo posibles

Source: “No pretendemos reformar el “socialismo estatal”, sino cambiarlo
– Artículos – Opinión – Cuba Encuentro” –
http://www.cubaencuentro.com/opinion/articulos/no-pretendemos-reformar-el-socialismo-estatal-sino-cambiarlo-314393


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