Informacion economica sobre Cuba

Producir más alimentos, sí; pero hacerlo bien
[17-10-2013]
Elías Amor
Economista

(www.miscelaneasdecuba.net).- El 16 de octubre se celebra el Día Mundial
de la Alimentación. Muy buen día para reflexionar sobre estas
cuestiones. Un artículo en Granma aborda la cuestión del Ahorro y
seguridad alimentaria en el régimen castrista. Y lo aborda desde la
perspectiva de “¿Conceptos? o ¿Vías para el desarrollo del país?”
Cualquiera que preste atención a los enunciados del régimen castrista
(discursos, declaraciones, titulares de prensa, etc) desde 1959 hasta
nuestros días descubre un denominador común por una preocupación latente
y al parecer difícil de resolver: ¿cómo dar de comer a los cubanos con
la producción de alimentos del país?

Este artículo parece que iba bien encaminado en las tres primeras
líneas, pero como sucede casi siempre, la demagogia del bloqueo, la
presunta estrategia de “matar por hambre a un pueblo”, el “verdadero
genocidio” y demás majaderías, aportan escasas evidencias que, sin
embargo, merecen alguna atención por nuestra parte.

No hay que profundizar mucho en la historia para saber que el problema
alimentario en Cuba es consecuencia directa del sistema estalinista
basado en la ausencia de propiedad privada y la planificación central de
las decisiones económicas. No hay que ir a buscar la paja al ojo ajeno,
cuando es tan evidente en el propio. Las decisiones confiscatorias
contra los legítimos propietarios de la tierra en Cuba a comienzos de la
llamada “revolución” y la marginalidad a la que fue sometido el
productor individual, sin canales de comercialización adecuados y
sometido a la distribución monopolista estatal, acabaron destrozando una
de las agriculturas más productivas y eficientes de América Latina.

Esto es incuestionable. Los experimentos estatales, los diseños de vacas
lecheras, de cafés que iban a crecer en eriales, todo eso pertenece a
una historia lamentable de desaciertos que han puesto en grave peligro
la seguridad alimentaria de los cubanos.

El verdadero bloqueo y el genocidio al pueblo cubano por la vía
alimentaria es bien conocido por el pueblo. Se llama libreta de
racionamiento. Un instrumento de control que ha permitido al régimen
castrista mantener a la población sometida por las necesidades básicas,
subvencionando una serie de productos cuyo valor se compensaba a través
de la ilegítima extracción del excedente productivo de la economía en la
que todo pertenece al estado.

Falta de incentivos, de estímulos, de vocación emprendedora, persecución
a la rentabilidad y demonización de la libre empresa y la propiedad
privada son la peor combinación que los gobernantes de un país pueden
hacer para intentar afrontar los problemas de la alimentación. El
resultado es la economía castrista, cuyo sector agrario es incapaz de
alimentar a la población obligando a realizar periódicas importaciones
de alimentos para paliar situaciones de escasez estructural.

Y las autoridades, ajenas a este dislate, se dedican a reflexionar sobre
vaguedades, como “la lucha contra el derroche” cuyo origen no es otro
que los modelos de provisión. No creo que la actualización del modelo
por medio de los “Lineamientos”, en los 38 puntos recogidos en el
Capítulo VII “Política Agroalimentaria”, vaya a resolver la situación si
no se atacan los problemas de base.

Parafraseando el artículo de Granma, para estimular la producción de
alimentos, buscando la seguridad nacional, en un mundo donde los precios
de los alimentos se multiplican cada día, nada mejor que generalizar el
sistema de derechos de propiedad en la tierra, permitiendo a los
agricultores producir cuánto quieran, lo que quieran y cómo quieran,
bajo la única acción asignadora de un mercado libre en el que los
precios den toda la información necesaria para el comportamiento de la
oferta y la demanda.

El anunciado de los “Lineamientos” dice “Adecuar la producción
agroalimentaria a la demanda y la transformación de la comercialización,
elevando la calidad y exigencia en los contratos, para que las partes
cumplan sus obligaciones; limitando la circulación centralizada a
aquellos renglones vinculados a los balances nacionales; otorgando un
papel más activo a los mecanismos de libre concurrencia para el resto de
las producciones”. Sin duda, suena muy bien, pero su implementación
hasta la fecha está resultando fragmentaria, marginal y no se
corresponde con el objetivo perseguido.

Una última advertencia, si se pretende conseguir el objetivo de la
suficiencia y seguridad alimentaria, no conviene empezar por construir
la casa por el techo, sino dotarla de unas buenas bases. De nada sirve
preocuparse por “una agricultura sostenible, protegiendo al medio
ambiente y optimizando cada recurso invertido, entiéndase agua,
maquinaria y humano, conectando el ahorro con esa imprescindible
seguridad alimentaria” si previamente no se despejan las variables
jurídicas e institucionales de un sistema de derechos de propiedad en la
agricultura cubana.

Los dirigentes vietnamitas comunistas lo entendieron y en sus
principales reformas liberalizaron la producción agrícola del país
convertido gracias a esas reformas en uno de los productores más
relevantes de arroz del mundo, cuando previamente existía escasez y
hambrunas estructurales. No es que las autoridades del castrismo no lo
quieran hacer, es que dicen una cosa, y luego hacen otra. Si de verdad
se persigue el equilibrio entre alimentos y seguridad, lo que es
legítimo para cualquier país, hay que hacerlo de otro modo.

Source: “Producir más alimentos, sí; pero hacerlo bien – Misceláneas de
Cuba” –
http://www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/525fb7313a682e0570df9f5c


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