Informacion economica sobre Cuba

REFORMAS ECONÓMICAS

Regreso al comercio del siglo XIX
ELÍAS AMOR | Valencia | 7 Nov 2013 – 9:14 am.

El régimen quiere reintroducir fórmulas de distribución comercial
obsoletas por el avance de las tecnologías y el cambio en los patrones
de consumo.

Cuando los “revolucionarios” llegaron a La Habana a comienzos de 1959
traían una idea preconcebida que pusieron en marcha de forma inmediata.
Había que acabar para siempre con los intermediarios, los encargados de
asegurar que los productos agrarios llegasen a los mercados. Unos
profesionales que, en el caso de la economía cubana, habían alcanzado un
notable grado de desarrollo y se preparaban para impulsar las formas más
modernas del comercio. Conviene recordar por ejemplo, los antecedentes
de las tiendas por departamentos Galerías Preciados o El Corte Inglés en
aquella Cuba de mediados de siglo XX.

La distribución comercial fue confiscada de las manos privadas y pasó en
un santiamén a depender del Estado, bajo el control de la JUCEPLAN y los
burócratas del partido. La historia posterior es bien conocida, y ha
sido uno de los dramas más infames del día a día de los cubanos.
Resolver qué llevar a la mesa, superando colas, racionamientos, precios
descontrolados y todo tipo de dificultades para una decisión tan
sencilla en cualquier país del mundo como ir al supermercado y encontrar
lo que uno busca.

Y ahora, después de haber destrozado la base de la distribución
comercial existente en el país, y situar al otrora próspero y dinámico
comercio cubano en una época próxima al paleolítico, el régimen, a bombo
y platillo, anuncia en la Gaceta Oficial Extraordinaria número 35 “un
nuevo reglamento (el enésimo) para diseñar y aplicar mecanismos de
comercialización más eficientes de los productos agropecuarios, de
manera experimental, en las provincias de La Habana, Artemisa y Mayabeque”.

Como si de un laboratorio se tratase, el castrismo elige tres provincias
en las que han venido realizando distintos experimentos para comprobar
si algunas de las medidas de los llamados “Lineamientos” funcionan.
Sorprendente actitud, cuando realmente este tipo de prácticas no hace
otra cosa que perder de vista el hecho, objetivo, de que la economía
está formada por fuerzas interdependientes entre sí, cuya manifestación
no se puede cercar o aislar. Los ajustes en los comportamientos de los
agentes exigen que todos los sectores y ramas de actividad se encuentren
relacionados para que los resultados tengan sentido y alguna racionalidad.

Es difícil que con esta decisión de aislar a La Habana, Artemisa y
Mayabeque, vayan a conseguir algo. Tal parece que lo que quieren es
perder tiempo en pruebas, análisis y ensayos para no adoptar las
decisiones que realmente hacen falta, y que suponen el retorno de Cuba a
los modelos económicos que existen en otros países del mundo.

Las mismas autoridades desconfían de la eficacia de las medidas cuando
afirman que “no es de esperar tampoco que en el corto plazo solo con
esta medida se incremente la oferta de los productos y se logre la tan
ansiada disminución de los precios”. Tienen razón. Es más, no pienso que
los productores puedan observar mejora alguna si les continúan obligando
a vender parte de sus producciones al Estado y se mantienen los precios
controlados en determinados productos. Con medidas parciales como éstas,
no se pueden conseguir los objetivos planteados. O se avanza hacia la
plena liberalización, o mejor es dejar todo como está.

Lo más lamentable de todo es que el régimen quiere reintroducir en la
economía fórmulas de distribución comercial que ya se encuentran
obsoletas por el avance de las tecnologías y el cambio en los patrones
de consumo de la población. En una época de profundos avances en la
distribución comercial, con el desarrollo de los centros comerciales,
las redes de distribución bajo franquicia, el comercio electrónico y las
grandes superficies, que el régimen castrista anuncie como “nuevas
fórmulas que se pondrán en práctica para la red de mercados
agropecuarios: mercados minoristas; puntos de venta; y trabajadores por
cuenta propia, carretilleros o vendedores de productos agrícolas de
forma ambulatoria”, no deja de ser una burla a todos los cubanos, y en
general, al mundo entero. Vendedores ambulantes, “puestos en los
mercados” como los que ofrecía Machado y más timbiriches.

Al final, parece que quieran regresar al paisaje comercial de los
antiguos tiempos coloniales, cuando la Isla se encontraba poblada de
jóvenes vendedores ambulantes que acudían a las casas o a los campos a
vender la “cachurra”. No deja de ser un contrasentido histórico, que
muchos de aquellos muchachos, inmigrantes españoles, que gracias al
trabajo y al esfuerzo acabaron convirtiéndose en los prósperos
distribuidores de la economía en los años 50, fueran víctimas del robo y
la expropiación de sus negocios por aquellos que parecen querer empezar
desde cero nuevamente. Sin duda, curioso.

La conclusión que se puede obtener de todo lo expuesto, es que el modelo
de distribución comercial no se puede diseñar a golpe de reglamento o
normativa administrativa. Lo reconocen las autoridades. Cuanta más
restricción se imponga en la actividad que debe encargarse de trasladar
los productos del campo a la mesa, más complicaciones surgirán para
conseguir que el consumidor encuentre en los mercados lo que desea
consumir. No hay que inventar nada nuevo. ¿Por qué no deshacerse de
convicciones ideológicas que han mostrado su fracaso histórico? ¿Por qué
no hacer la vida más fácil a los cubanos?

Simplemente, dejar que las fuerzas del mercado actúen libremente, y
permitir que los emprendedores puedan llegar hasta donde su esfuerzo y
tesón les lleve. En ese proceso, tampoco vendría mal contar con la
participación del capital extranjero, que indudablemente sería muy
beneficioso para la mejora tecnológica y la eficiencia del sector, así
como la introducción de nuevas formas de distribución que supongan que
la rudimentaria apuesta del castrismo por timbiriches y vendedores
ambulantes no llegue a materializarse. Al final, serán fuerzas
económicas fáciles de controlar, de mantener bajo el rígido ordenamiento
político del régimen, incapaces de plantear una reivindicación
alternativa y organizada. Ya lo han hecho con los cines 3D, y lo harán
con quien haga falta para demostrar que no están jugando.

Mientras tanto, continuaremos viendo pasar el tiempo sin grandes
esperanzas de cambio. Los cubanos seguirán acudiendo a los mercados en
busca de alimentos que no encontrarán, o por los que tendrán que pagar
precios muy elevados en la nueva moneda unificada. Al otro lado de la
cadena de distribución, habrá agricultores sin incentivos para producir
más, porque verán como sus cosechas se quedan abandonadas en los campos
al no existir un distribuidor eficaz, sino uno cuyas dimensiones y
escala de operaciones se encontrará restringida por el Estado; o no les
compensarán los precios que paga la administración burocrática. El
paisaje sigue siendo bastante deprimente, y no ofrece señales de mejora.
Tal vez ese sea el destino de los llamados “Lineamientos”. Dejar que
pase el tiempo.

Source: “Regreso al comercio del siglo XIX | Diario de Cuba” –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1383787079_5832.html


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