Informacion economica sobre Cuba

Publicado el viernes, 11.01.13

Viaje de estratega demócrata a Cuba resultó ser un fracaso
PETER WALLSTEN Y CAROL D. LEONNIG
WASHINGTON POST

Terry McAuliffe siempre se ha considerado un vendedor maestro. Siempre
fue capaz de vender cualquier cosa.

Entonces, viajó Cuba.

McAuliffe dijo que viajó a la isla para vender vino y manzanas de
Virginia. Sin embargo, los cubanos se mofaron de su propuesta durante su
visita de abril del 2010, y no fueron impresionados por el estilo
frontal de persuasión que por muchos años había llevado a McAuliffe a
tener éxito como inversionista y como negociador en la política.

Los funcionarios cubanos no sólo rechazaron la propuesta de McAuliffe
sino que además, durante repetidas reuniones, lo sermonearon sobre los
supuestos efectos adversos del embargo comercial de impuesto por los
Estados Unidos a Cuba.

En muchos aspectos, la aventura de tres días demostró el clásico estilo
de McAuliffe: fue una muestra del talante espontáneo y hasta impulsivo
que el candidato demócrata a la gobernación de Virginia podría llevar a
la mansión ejecutiva de ser elegido la semana que viene.

McAuliffe estaba, en efecto, llevándose por su instinto —dependiendo en
gran medida de su encanto personal y esperando lo mejor, incluso cuando
muchos a su alrededor aseguran que veían pocas posibilidades de éxito.

El viaje tenia el propósito —al menos en parte— de borrar la molestia
del resultado obtenido por McAuliffe en las elecciones a gobernador del
año pasado y, al mismo tiempo, representaba una oportunidad para
demostrar sus habilidades como negociador y promotor del estado que
representa, con miras a su segunda postulación política. Luego de que
todo se desmoronara, McAuliffe conservó su ánimo permanentemente alegre
de vendedor, aun cuando, en privado, sus compañeros de viaje lamentaban
lo que fuera más un fracaso que un triunfo.

REPORTE PROMETEDOR

McAuliffe regresó de La Habana con un reporte prometedor: “Logramos que
acordaran abrir el mercado a los vinos de Virginia”, dijo a The
Washington Post en aquel momento. “Por primera vez en la historia, vamos
a exportar vinos de Virginia a Cuba”.

En realidad, el viaje de ventas había sido un fracaso.

“Pensé, ‘¿Qué acaba de pasar? ¿Nos robaron?’?”, dijo Blaze Wharton, un
amigo de McAuliffe y cabildero de Utah que organizó el viaje para
McAuliffe y para un grupo de empresarios amigos con conexiones políticas.

“Todos creíamos que iba a funcionar”, dijo Wharton. Sin embargo añadió,
“No fue a ningún lado”.

¿Por qué McAuliffe escogió Cuba, una isla bajo el mando de un régimen
comunista con una economía moribunda, como el lugar apropiado para
mostrar su disposición de abogar por el comercio de Virginia? Es algo
que provoca curiosidad. Cualquier viaje a Cuba, que aún es designada por
el gobierno de Estados Unidos como estado patrocinador del terrorismo,
supone complicaciones —especialmente para una figura vinculada a la
elite política estadounidense, como lo es McAuliffe. El es un cercano
amigo y consejero de Hillary Clinton, que para el momento del viaje a
Cuba era Secretaria de Estado, y que, de postularse para presidente,
buscaría cortejar el voto de los cubanoamericanos, quienes son recelosos
de cualquier contacto con el régimen de la isla.

McAuliffe, quien ahora conduce una campaña en la cual se presenta como
un hábil negociador y promotor de los negocios de Virginia, raramente
menciona su único intento desde la campaña del 2009 de vender los
productos de Virginia en el exterior.

La campaña de McAuliffe declinó la posibilidad de una entrevista. Ni la
campaña de McAuliffe ni los organizadores del viaje pudieron producir
los documentos que McAuliffe debía presentar a la Oficina de Control de
Activos Extranjeros (OFAC por sus siglas en inglés), para obtener una
licencia para viajar a Cuba, ya que dijeron que no tenían copias. Un
portavoz de la OFAC dijo que la oficina no ofrece comentarios con
respecto a licencias específicas.

Su vocero, Josh Schwerin, dijo que McAuliffe había sido invitado por
Wharton a hacer el viaje “y él pensó que sería una buena oportunidad de
promocionar las manzanas y los vinos de Virginia”.

Schwerin dijo que durante un punto de la visita los funcionarios cubanos
expresaron interés en organizar una “Exposición de vinos de Virginia”.
Pero, agregó Schwerin, “nunca se materializó”. Schwerin y McAuliffe no
tenían ningún interés financiero en el viaje y no fueron compensados por
sus esfuerzos.

Wharton afirmó que el viaje había despertado su interés en buscar
oportunidades de negocios en Cuba. Estados Unidos ha permitido la
exportación de ciertos alimentos a Cuba desde que el Congreso relajase
el embargo de la era del presidente Kennedy, en el año 2000. Dijo
Wharton que le sugirió la idea del viaje a McAuliffe, y éste, ansioso
por jugar el rol de promotor de Virginia, inmediatamente empezó a
considerar a quién podría invitar en el estado.

McAuliffe habló por teléfono con Todd Haymore, el secretario de
agricultura de Virginia, quien le dio un panorama general de la
creciente relación del estado con Cuba, incluyendo la exportación de
soya y manzanas.

Wharton dijo que financió gran parte del viaje. McAuliffe pagó por sus
gastos, dijeron Schwerin y Wharton, reembolsando a su amigo $2,500.

Pero los dos comerciantes de Virginia que McAuliffe tenía esperanzas de
hacer participar, se retiraron del viaje en el último minuto.

Henry Chiles, dueño de Crown Orchard, cerca de Charlottesville, dijo a
los organizadores del viaje que tenía que atender su sembradío debido a
un frente frío. Jim Turpin, quien inauguró un pequeño viñedo en
Lovingston hace cuatro años, dijo que decidió que venderle a la isla no
era apropiado para su negocio.

“Con un nombre como Democracy Vineyards (Viñedos Democracia), no creí
que se vendería bien en Cuba”, dijo Turpin.

Sin embargo, McAuliffe continuó con el viaje.

En el transcurso de tres días, la delegación se reunió con oficiales de
la agencia de comercio cubana, el Ministerio de Relaciones Exteriores y
otros departamentos. Según los participantes, las sesiones, algunas de
la cuales duraron mucho más de una hora, comenzaban con largos discursos
por parte de los funcionarios cubanos, sobre cómo el embargo comercial
de Estados Unidos ha destruido la economía de la isla.

Los funcionarios de de la agencia oficial cubana de importaciones,
Alimport, no parecieron interesados en lo más mínimo en aprender de
McAuliffe sobre los vinos y las manzanas de Virginia —ni en ningún
negocio potencial, de acuerdo a personas familiarizadas con la reunión.

En un momento, McAuliffe se mostró visiblemente exasperado. Interrumpió
la discusión de los funcionarios de Alimport sobre el embargo, y pidió
que le concedieran la oportunidad de hablar. “Yo vine aquí a hablar
sobre manzanas y vino”, dijo, según quienes participaron en la reunión.

INDIFERENCIA CUBANA

Wharton dijo que quedó perplejo ante cuán indiferentes se mostraron los
funcionarios cubanos ante los esfuerzos de McAuliffe. Después de todo,
dijeron los participantes, el consultor que Wharton había contratado
para concertar las reuniones, el experimentado asesor en asuntos
cubanos, Kirby Jones, había enviado un correo electrónico al grupo antes
del viaje, en donde aseguraba que los acuerdos eran “muy posibles”, y
que debían prepararse para firmar contratos.

Sin embargo, las tensiones iban en aumento.

Durante la última noche, Wharton confrontó a Jones, el consultor. Jones,
quien llegó a conocer a Fidel cuando lo entrevistó para unos
documentales de televisión en los 70, dirigía una firma consultora con
sede en Bethesda, que se especializa en asistir a empresarios
estadounidenses a navegar el intricado régimen cubano.

Wharton dijo que Jones intentó en varias ocasiones reunirse a solas con
McAuliffe, insistiendo, incluso, en algún momento en que solo Jones y
McAuliffe podían asistir a una reunión organizada a última hora para
visitar al Cardenal Jaime Ortega, el más alto representante de la
iglesia Católica en Cuba.

Jones, quien ha llevado delegaciones de empresarios a Cuba por más de 30
años, dijo que el fracaso de McAuliffe, era típico de personas que
visitan la primera vez. Hacer negocios con los cubanos, dijo Jones, con
frecuencia requiere un seguimiento agresivo y repetidas visitas.

Un vocero de Hilary Clinton, dijo que la ex secretaria no había estado
al tanto del viaje de McAuliffe en aquel momento.

La reunión con Ortega fue el único punto positivo del viaje, dijeron los
participantes.

Varios miembros de la delegación acompañaron a McAuliffe hasta las
ornadas oficinas del cardenal. Aseguraron que la visita fue muy
emocionante para McAuliffe quien es católico. Mientras tanto, en
Virginia, las expectativas de que McAuliffe lograría vender algo a los
cubanos eran bajas.

Los funcionarios de la oficina de mercadeo de vinos de Virginia habían
ayudado a preparar materiales en anticipo del viaje. Pero cuando Turpin,
el dueño de Democracy Vineyards, se echó para atrás, los funcionarios
aseguraron que no volvieron a escuchar del viaje.

En general, la sola mención de que la pobre isla dirigida por comunistas
pudiese ser receptiva al vino de Virginia, es suficiente para hacer reír
incluso a los más acérrimos defensores de la industria.

“Nos reímos al respecto”, dijo Annette Boyd, Directora de la Oficina de
Mercadeo de Virginia, quien describió a Cuba más como una “cultura de
ron”. “Los vinos de Virginia no van tan bien con los puros cubanos”,
bromeó Boyd de manera sarcástica.

Manuel Roig-Franzia y Alice Crites contribuyeron con este reportaje.

Source: “Viaje de estratega demócrata a Cuba resultó ser un fracaso –
Cuba – ElNuevoHerald.com” –
http://www.elnuevoherald.com/2013/11/01/v-fullstory/1605203/viaje-de-estratega-democrata-a.html


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