Informacion economica sobre Cuba

Vida y muerte de los ferrocarriles cubanos
Jueves, Diciembre 26, 2013 | Por Ernesto García Díaz

LA HABANA, Cuba, diciembre,www.cubanet.org– En la Estación Central de
Ferrocarriles de La Habana, fumigaban –contra el mosquito aedes aegypti–
con los pasajeros adentro (niños, mujeres en cinta, y ancianos),
violando todas las normas sanitarias. Y ni hablar de refrescarse. Cobran
un dólar para poder usar los baños. ¡Y ni pagando! Los baños no tienen
jabón, ni papel sanitario. Eso que la estación renta los baños a
particulares.

El cuentapropista de limpieza nos dijo: “hace un tiempo los baños
carecían de agua, eran una asquerosidad, ponían un cubo para descargar,
sin llaves los lavamanos, las tazas de los inodoros rotas, los urinarios
tupidos, nosotros rehabilitamos el servicio, pero eso sí, tenemos que
vigilar, porque nos roban hasta las escobas”.

El desastre de los ferrocarriles

Casi el 20 por ciento de los trenes cubanos no sale ni llega a su hora.
Las salidas de trenes se han reducido. Preguntamos para saber ¿cuántos
trenes corren de La Habana a Santiago de Cuba?

“Hay dos trenes, uno regular y otro especial, cada tres días –- nos dijo
la muchacha de la ventanilla–, hoy sale un extra para Santiago de Cuba a
las 11.00 de la noche. El especial de Santiago corre en diciembre los
días 24, 27 y 30, a las 6:27 de la tarde y el regular sale el 25, 28,
31, a las 4:00 pm.”

Los pasajes para Santiago de Cuba hay que reservarlos en la Estación La
Coubre, a unos 700 metros de la Estación Central. Pero, ¡cuidado, los
que vayan a pueblos de provincia! El tren regular se detiene en algunas
estaciones municipales, pero el especial a Santiago es expreso, solo
para en las cabeceras de provincias.

Y como el viaje Habana-Santiago dura 15 horas. ¡Prepárese a pasar
hambre! En los vagones, venden unas pocas confituras, se terminan
pronto. En las paradas suben vendedores de pancitos con lo que sea. Los
ferrocarriles tampoco ofrecen agua potable. Lleve su agua. Y si puede
cargue con una botella para orinar, porque el baño de su vagón puede
estar desbordado, o peor, clausurado.

La misma empleada de información, riéndose nos dijo: “Yo prefiero orinar
en una botella”.

En la Estación La Coubre, bajo un techo de fibrocemento, un letrero
anunciaba: “hasta el 4 de enero, no hay reservaciones”. Si se decide a
viajar, debe ir a la lista de espera y anotarse. Con suerte le venderán
su pasaje en cinco días. A los que llevan días tirados por el piso,
malhumorados, aun les espera lo peor, montarse en un vagón sucio,
maloliente, y padecer un viaje torturante.

Uno de la lista de espera comentó: “Voy para Guantánamo, estoy aquí,
desde hace tres días, tengo el número 500 de la segunda vuelta, hoy
tampoco me voy”. El pasajero 2 agregó: “Yo estoy apuntado para
Guantánamo, pero voy para Santiago de Cuba. No queda otra”. Otro me dijo
“Voy para Guantánamo, pasé 4 días en la lista, para poderme ir hoy, tuve
casi que vivir y dormir aquí, pero es la única forma de esperar el año
con mi familia. Y casi no tengo dinero para llegar con los míos, aquí,
en la terminal, los alimentos son muy caros, en comer se me ha ido lo
poco que tenía.”

En el 2012, el ferrocarril transportó 9.9 millones de pasajeros. Más de
un millón menos que en el 2005.

Antes de la revolución

Cuba fue el segundo país en América en tener ferrocarril. El 19 de
noviembre de 1837, se inauguró el primer tramo La Habana-Bejucal. En
1859, la capital contaba con servicio de tranvías. Una década después,
el ferrocarril llegaba a Calabazar, Santiago de las Vegas, Marianao,
Cárdenas, Jovellanos.

En las dos primeras décadas del siglo XX, la isla completaría la línea
central La Habana-Santiago de Cuba, con ramales secundarios a Pinar del
Rio, y hasta la Bahía de Guantánamo. Y contaba con una red
electrificada, el trencito de Hershey, que enlazaba la capital cubana
con la ciudad de Matanzas.

En 1959, los trenes fueron el alma de la producción azucarera, dieron
vida a poblados y ciudades. Llegaban a casi todos los rincones de Cuba.

En 1961, el gobierno revolucionario nacionalizó los ferrocarriles. En
pocos años, la red ferroviaria cubana que se extendía sobre unos 12,060
kilómetros, quedó reducida a 8,367 km.

En Cuba, la prensa oficial no reporta -–salvo casos de muerte—los
accidentes ferroviarios. La administración castrista hizo de la
refulgente joya ferroviaria cubana un verdadero desastre.

Source: Vida y muerte de los ferrocarriles cubanos | Cubanet –
http://www.cubanet.org/?p=55390


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