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Ofensiva Revolucionaria, Cambios, Economía

El entierro de la “Ofensiva Revolucionaria” de Fidel Castro
Se produce después de 46 años fracasando
Eugenio Yáñez, Miami | 26/06/2014 1:38 pm

Sin discursos, flores, velorios, esquelas ni epitafios, Raúl Castro
ordenó el entierro de la “Ofensiva Revolucionaria” que su hermano
desató, con su complicidad, una noche de delirio el 13 de marzo de 1968.
El absurdo pretexto de aquel aquelarre confiscatorio fue “poner fin a
toda actividad parasitaria que subsista en la Revolución”, acusando a
los pequeños propietarios de parásitos y fuentes de contrarrevolución.
Se confiscaron 11.878 bodegas; 8.101 restaurantes, fondas, cafeterías y
puestos de fritas; 6.653 lavanderías, 4.544 talleres de mecánica
automotriz, 3.643 barberías, 3.345 carpinterías, 3.198 bares, 3.130
carnicerías, 1.598 artesanías, 1.188 reparadoras de calzado, y así hasta
55.636 pequeños negocios. Fidel Castro dijo: “¡…no se hizo una
revolución aquí para establecer el derecho al comercio! (…) ¿Cuándo
acabarán de entender que esta es la Revolución de los socialistas, que
esta es la Revolución de los comunistas?”
Se utilizó un “estudio” realizado por el Partido Comunista para
justificar la confiscación masiva, que recomendaba, entre otras muchas
cosas, eliminar los expendios de alimentos, “garantizando al pueblo
mediante el Poder Local y el INIT el establecimiento de alimentos
similares con una mayor calidad e higiene”.
Cualquiera que haya experimentado en Cuba la calidad e higiene de los
establecimientos estatales que venden productos alimenticios, o el
pésimo servicio al público en cualquier actividad estatal, desde bodegas
a taxis, pasando por talleres de reparación de autos, hoteles,
carnicerías o reparación de zapatos, habrá podido comprobar lo absurdo
de aquel “estudio”. Y no solo en tiempos del “Período Especial”, sino
desde el inicio mismo de aquella ofensiva realmente
contrarrevolucionaria lanzada por Fidel Castro.
Ahora, tras 46 años de fracaso, con el agua al cuello, las arcas vacías,
inversionistas que no aparecen, incumplimiento de planes, caída de la
producción de alimentos y muchas actividades industriales, y una deuda
externa desgarrante, se pretende revertir la barbarie como si nunca
hubiera existido y sin disculparse con los cubanos por las miserias a
que fueran sometidos por tal irresponsabilidad: la gerontocracia cubana
no tiene memoria ni espíritu autocrítico, faltas que pudieran tolerarse
a octogenarios… si no fueran los dirigentes de un país.
La noticia se escurrió de contrabando en medio de la información sobre
un Consejo de Ministros ampliado donde primó la neolingua neocastrista y
el eufemismo, con engendros tales como “inejecuciones” (¿palabra tal vez
aceptada en el diccionario de la academia de los aserequevolá?), o
frases como “no siempre se actúa con espíritu crítico y autocrítico por
parte de quienes tienen la responsabilidad de fiscalizar y supervisar el
trabajo de sus subordinados”. O sea, que los jefes no hacen su trabajo.
El jefe de la Comisión Permanente para la Implementación y Desarrollo de
los Acuerdos del Sexto Congreso del Partido, miembro del Buró Político y
vicepresidente del Consejo de Ministros (¡más títulos que autoridad!)
dijo, con otras palabras, que las empresas estatales en esos sectores no
sirven para nada: “Las unidades que hasta el momento se han incorporado
a las formas no estatales de gestión han obtenido resultados favorables;
los trabajadores incrementaron sus ingresos; se han reanimado los
locales; se ampliaron los horarios de servicios, al tiempo que se han
acrecentado los precios de venta a la población, en correspondencia con
el aumento de la calidad y variedad de las ofertas”.
Es decir, lograron en poco tiempo lo que el mencionado “estudio” del
Partido ofrecía en 1968 y nunca realizó. Sin la presencia de núcleos del
Partido o la Juventud Comunista ni bonzos sindicales oficialistas. Y sin
que Barack Obama tuviera que flexibilizar el embargo para fortalecer la
sociedad civil cubana.
A un nivel digno del descubrimiento del agua tibia o los estudios sobre
la inmortalidad del cangrejo, el Consejo de Ministros decidió que “los
establecimientos que prestan servicios gastronómicos, personales y
técnicos, como norma, serán gestionados a través de formas no estatales”.
Quienes se apresuraron a lanzar la noticia fuera de Cuba dijeron que se
iban a “privatizar” esos establecimientos, olvidando que cuando el
régimen dice “formas no estatales” se refiere a cooperativas o
cuentapropistas, no a empresas privadas. Lo que quedó claro en la
información divulgada: “Se mantendrá la propiedad estatal sobre los
principales medios de producción. En tanto, los equipos, medios, útiles
y herramientas se arrendarán o venderán”. De privatización, nada.
Y para colmo de herejías, dice el periódico Granma que “Los precios en
estos lugares serán establecidos de acuerdo con la oferta y la demanda,
a excepción de los que se decidan centralmente”. ¡Ay, espíritu del Che,
ven y mira esto!
Aquel 13 de marzo de 1968 Fidel Castro preguntaba: “¿Vamos a hacer
socialismo o vamos a hacer timbiriches?”.
Hoy, la respuesta es obvia: cada vez hay menos socialismo.
Y el “timbiriche” ha demostrado ser más eficiente que el socialismo
castrista.

Source: El entierro de la “Ofensiva Revolucionaria” de Fidel Castro –
Artículos – Cuba – Cuba Encuentro –
http://www.cubaencuentro.com/cuba/articulos/el-entierro-de-la-ofensiva-revolucionaria-de-fidel-castro-318800


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