Informacion economica sobre Cuba

Publicado el martes, 06.10.14

Raúl Castro y EEUU
SEBASTIAN ARCOS CAZABON

En un artículo anterior argumentaba que Raúl Castro intenta instaurar
una “democracia controlada” usando de modelo una amalgama entre la Rusia
de Putin y el tradicional caudillismo populista y antimperialista
latinoamericano. ¿Cómo manejaría ese nuevo régimen las relaciones con EEUU?

Durante los últimos 50 años, la relación entre ambas naciones estuvo
dominada por Fidel Castro, quien desde antes de 1959 ya había definido
al conflicto con EEUU como el sine qua non de la Revolución Cubana y
como la principal fuente de legitimidad interna de su régimen. Su
colosal egolatría necesitaba un enemigo mucho mayor que Batista, uno que
además le permitiera manipular a su favor el hipertrofiado nacionalismo
cubano. Solo por eso, ignorando toda prudencia y racionalidad económica,
provocó la ruptura con EEUU. En la cuenta de Fidel, el ejercicio del
poder absoluto siempre tuvo prioridad sobre cualquier otro razonamiento,
incluyendo el bienestar económico del país; lo político siempre se
impuso a lo práctico, a lo racional, y a lo humano.

Las prioridades de Raúl Castro son distintas. Desde su confirmación como
presidente, Raúl se ha estado construyendo sus propias fuentes de
legitimidad, independientes de las que comparte con Fidel: la sangre, la
Sierra, y la ideología. Para Raúl, que carece del carisma y la habilidad
política de Fidel, el progreso económico es una de las fuentes
esenciales de su legitimidad como máximo líder; mientras mejor coman los
cubanos, más legítimo será su gobierno y el de sus herederos.

Pero sucede que las limitadas reformas que Raúl está dispuesto a
implementar para mejorar la economía no contemplan el desarrollo
vigoroso del mercado interno—al que temen—sino que buscan una inyección
sustancial de capital y tecnología extranjeros. A estas alturas, todo el
mundo sabe que la fuente natural del capital necesario está a 90 millas
del Puerto del Mariel, y no me refiero al capital cubano exiliado, que
aunque considerable, no sería suficiente. Para que prosperen sus
reformas económicas Raúl necesita que EEUU levante el embargo. Al
contrario de Fidel, en la cuenta de Raúl el mejoramiento de la economía
es más importante para su legitimidad como máximo líder que la
hostilidad permanente con EEUU.

Después que entierren a Fidel, Raúl se dedicará a remendar las
relaciones con EEUU. Eso no quiere decir que las va a normalizar
completamente. No. Un enemigo poderoso siempre será útil para atizar el
nacionalismo y manipular la opinión pública nacional e internacional. El
gastado “síndrome de plaza sitiada” del que tanto abusan los apologistas
del régimen cubano seguirá siendo una excusa utilísima para justificar
las escaseces materiales y espirituales, aun cuando La Habana reciba un
nuevo embajador norteamericano. Parece contradictorio, pero no lo es.

No es inusitado que un régimen autoritario sostenga relaciones
diplomáticas y comerciales con EEUU sin desmantelar el aparato represivo
ni abandonar la retórica antimperialista. Algunos como Vietnam se han
hecho aliados de EEUU, mientras otros como China siguen como enemigos
estratégicos. Otros ejemplos más cercanos son Venezuela, Bolivia y
Ecuador, que mantienen vínculos comerciales beneficiosos con EEUU
mientras siguen acusando al “imperio” de todo tipo de conspiraciones
contra la soberanía nacional.

Raúl puede aflojar inmediatamente la tirantez con EEUU liberando a Alan
Gross y cooperando de lleno en temas de inmigración, terrorismo y
narcotráfico, mientras continúa incrementando el comercio entre ambos
países. Eso sería suficiente para sacar a Cuba de la lista de países que
apoyan el terrorismo, lo que a su vez abriría la puerta al ansiado
turismo norteamericano. Aunque de por sí este cambio representaría una
mejoría considerable con respecto a la situación actual, el régimen
cubano podría hacer más. Si el general-presidente se retira en el 2018
como prometió, sus herederos podrían implementar una campaña de reformas
cosméticas que, sin ceder parcelas importantes de poder, catalicen la
impopularidad del embargo y la frustración general por la falta de
progreso en la isla, para convencer a Washington de que es hora de
eliminar las sanciones económicas de manera incondicional.

Paradójicamente, al desmantelarse antes de tiempo las sanciones
económicas, se perdería el único incentivo capaz de conducir a las
reformas políticas y económicas que necesita Cuba para una transición
legítima hacia la democracia y el libre mercado. Sería lamentable, tras
décadas de sufrir oprobio a causa de su política con Cuba, que EEUU
abandonara el embargo precisamente cuando éste podría ser el factor
determinante entre una transición falsa y una legítima para la isla.

Director Asociado
Instituto de Investigaciones Cubanas Universidad Internacional de la
Florida arcoss@fiu.edu

Source: SEBASTIAN ARCOS CAZABON: Raúl Castro y EEUU – Columnas de
Opinión sobre Cuba – ElNuevoHerald.com –
http://www.elnuevoherald.com/2014/06/10/1769344/sebastian-arcos-cazabon-raul-castro.html


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