Informacion economica sobre Cuba

La nueva fiebre del oro
YOANI SÁNCHEZ, La Habana | Agosto 13, 2014

Cae la tarde y el sonido de la zaranda se va apagando en el lomerío. Los
tres hombres recogen sus enseres. Han terminado la primera jornada en su
ardua búsqueda de oro. Mañana amanecerán temprano y con las primeras
luces del día volverán a cavar, lavar, cernir y buscar las pepitas entre
el lodo y la arenisca. “Si me encuentro por lo menos un gramo, voy a
terminar el techo de la casa”, asegura el más experimentado de los
mineros furtivos.

La zona de Rafael Freyre, en la provincia de Holguín, atrae cada año a
cientos de personas que sueñan con una mina que los ayude a salir de sus
estrecheces económicas. ¿Necesidad, hobby o verdadera fiebre del oro?
Cada cual lo vive a su manera, pero dicen los más viejos de la zona que
cuando “a la gente se le instala ese brillo dorado en los ojos, es como
un demonio que ya no se va nunca más”.

Los mineros furtivos han creado con pocos recursos sus propios
instrumentos de trabajo. Entre los más importantes, está el “carro”, un
cernidor con un trozo de goma donde se deposita el lodo que cae después
en la malla. Es un trabajo en equipo, al menos se necesitan tres hombres
fuertes. Mientras dos sacuden el tamiz, el otro echa agua sobre el fango
recogido en las excavaciones. “Entonces queda el oro en polvillo, en
partículas o como una especie de cascarilla de chícharo, aunque también
puede estar en pepitas”, refiere Fernando Ramón Rodríguez Vargas quien
vive en Levisa, municipio Mayarí, y se ha dedicado por años a la
búsqueda del preciado metal.

Quienes llevan mucho tiempo en estas faenas ya han desarrollado “el ojo”
para descubrir dónde hay oro. No creen en detectores de metales. “No son
muy efectivos porque suena donde quiera, ya que en esta zona en
cualquier lugar puede haber una pequeña pieza. El método que más uso es
el mismo que utilizan las industrias. Tomo una muestra de la tierra, la
llevo a lavar y compruebo qué cantidad de oro contiene, sólo así sabré
si vale la pena”, revela sus secretos Confesor Verdecia Elcok, que ha
participado en numerosas expediciones de cazadores de fortuna. El hombre
asegura que la zona holguinera de Cuatro Palmas es la más famosa por el
tamaño de las piezas localizadas y porque el oro “está a flor de tierra”.

El segundo día de trabajo es cuando los huesos duelen más. Así que los
tres hombres se bañan bien temprano en un riachuelo para calmar los
pinchazos por todo el cuerpo y reanudan las excavaciones. El principal
síntoma de su “fiebre del oro” es que trabajan y trabajan hasta las
últimas luces casi sin comer. Van haciendo hoyos, porque no están en una
zona de mina de capa, sino de profundidad. El mismo oro va marcando por
donde seguir, a partir de las cantidades con que se topan.

En un momento detectan a otro grupo de buscadores. Eso puede traer
problemas, riñas y una fuerte competencia. “Todo el mundo quiere coger
de tu filón, entonces empiezan a profundizar cerca del hoyo y se comen
por abajo tu tierra”, cuenta Verdecia Elcok, quien ha cavado junto a
varios amigos y vecinos una “misma loma”. Hay que ir más rápido, las
manos se hunden a toda velocidad en la tierra y el cernidor no deja de
sonar “chan chan chan”.

La técnica para toparse con una veta es probar y probar. La constancia
es fundamental en este trabajo, quizás por eso la mirada de obsesos que
adquieren los mineros furtivos, incapaces de dejarse disuadir por la
derrota. Por lo regular buscan las marcas de afluentes de ríos que ya ni
existen. Son como cicatrices en las lomas por donde una vez las aguas
pudieron haber arrastrado el mineral. También las zonas lodosas y los
márgenes de ríos que aún tienen caudal son lugares propicios para los
hallazgos.

Tercera jornada de trabajo. El pan que llevan está lleno de moho por
culpa de la humedad. Al despertarse, los tres hombres tienen las manos
entumecidas y la piel de los dedos agrietada. Les duele cada músculo,
pero hay que seguir. Quizás hoy sea su día de suerte. Las primeras horas
de faena se hacen con más ímpetu, pero el cansancio va volviendo lento
el ritmo a medida que se acerca el mediodía. Todo el tiempo tienen los
pies mojados por el agua que destila el “carro”. Uno se ha hecho una
herida en la mano y el otro se ha pasado con tos toda la noche. Cerca de
la hora de almuerzo, un pepita de 0,8 gramo les devuelve la esperanza y
deciden seguir.

Van recogiendo piezas minúsculas o “piojillos”, como también les llaman.
Esperan a que haya algo de brisa para empezar a fundir. Uno trae un poco
de mercurio. Lo colocan en un crisol y le aplican calor. Emite un gas
venenoso y los hombres se paran a favor del viento para no respirar el
humo. Es un proceso peligroso, pero casi mágico. En el fondo de la
vasija reluce el oro ya fundido. Cada gramo de 24 quilates lo venderán a
un precio que oscila entre 25 y 27 pesos convertibles.

La fiebre del oro puede convertirse en la muerte del oro. Verdecia Elcok
lo sabe muy bien. “Allá en la zona de La Canela, una señora –que le
dicen Mimi- encontró la pieza más grande que se haya hallado en la
minería de esa zona, de cuatro onzas y media. Ahora la mujer ha
desarrollado un cáncer por usar mucho el azogue”. El mercurio se saca de
las industrias estatales, se desvía desde laboratorios y fábricas
químicas. Es un producto que debería estar bajo control, pero llega a la
calle, hasta las manos de mineros y joyeros.

En caso de tener suerte, los tres “buscadores” deberán ser cautelosos.
Si en el pueblo notan que están gastando mucho dinero, la gente empezará
a investigar de dónde lo sacan. Alguien podría seguirlos hasta el lugar
y ubicar el sitio exacto de la mina que han encontrado. Todo debe
manejarse con mucha discreción. Está el peligro también de la Guardia
Forestal, que les impone multas de hasta 1.700 pesos. Según la Ley de
Minas, “el subsuelo es propiedad del Estado, único autorizado a la
extracción de minerales con fines investigativos y explotación”.

Sin embargo, el Estado no está interesado en muchos de esos pequeños
yacimientos. El costo de explotación sería mayor a la ganancia obtenida,
de ahí que no los aproveche.

A veces no es oro todo lo que reluce. “He encontrado monedas antiguas y
también restos indígenas”, asegura Rodríguez Vargas. La mayor
frustración para estos picadores de lomas es tener que abandonar la zona
sin ningún resultado.

La fiebre dorada contagia a todos por igual, no importa edad, género o
nivel educativo. “Te puedes encontrar un médico que en sus ratos libres
está a la orilla del río, un profesor, un joven estudiante, una mujer
embarazada o con un niño”, explica Verdecia Elcko. “Porque al final les
pasa lo mismo que al pescador, que siempre tiene que volver al mar”.

Las instituciones oficiales catalogan a estos mineros como una verdadera
“invasión de garimpeiros”. Los acusan de afectar el medio ambiente, en
especial la capa vegetal porque la remueven y lavan. Las corrientes y
embalses de agua de la zona también resultan afectadas por revolver y
acarrear los sedimentos. Verdecia Elcko reconoce que “sí se contaminan
las aguas y se hacen hoyos en los potreros donde han caído animales de
los campesinos. Inclusive en esa zona han ocurrido accidentes, pero esto
es una cuestión de necesidad, no de avaricia”.

Un estudio realizado por investigadores del Instituto de Geología y
Paleontología concluye que debería estimularse “la organización de esta
actividad bajo formas empresariales como la estatal, cooperativa,
cuentapropia”. El informe sugiere “proporcionarle a los gobiernos
locales el conocimiento y la potestad necesaria para que potencien el
uso de las rocas y minerales útiles presentes en sus regiones”. Sin
embargo, por el momento la decisión de explotar o no un yacimiento
depende exclusivamente de las más altas instancias.

Los días de búsqueda han terminado. Los mineros furtivos regresan a sus
casas. Volverán al lomerío en un par de semanas. El más joven ha vendido
su refrigerador para comprar un litro y medio de mercurio. “Tú vas a
ver, que para la próxima encontramos más oro y hasta el tesoro de algún
corsario”, dice con ese brillo dorado en los ojos que todos conocen muy
bien por esta zona.

Source: La nueva fiebre del oro –
http://www.14ymedio.com/reportajes/busqueda_de_oro_0_1614438545.html


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