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ECONOMÍA

La sepulturera Aduana
JAVIER SIMONI DELGADO | Camagüey | 6 Ago 2014 – 9:23 am.

Las nuevas disposiciones aduaneras traen malas noticias para la mayoría,
buenas para los técnicos y funcionarios de la Aduana.

Las nuevas disposiciones de la Aduana constituyen buenas noticias para
los técnicos y funcionarios de ese organismo en los aeropuertos cubanos.
Son, en cambio, malos augurios para la mayoría que ayuda a solventarles
la vida a sus familiares en la Isla.

Con bombo y platillo, y bajo el pretexto de eliminar la evasión de
divisas y regular el mercado interno, esa dependencia del Ministerio del
Interior ha actualizado sus estatutos para “controlar la importación de
productos sin carácter comercial”.

En lo adelante, cuando usted arribe al país con un celular de regalo
para cada uno de sus cinco hermanos, o tres televisores, o dos laptop…,
deberá enfrentarse a una dicotomía: o soborna al encargado, o esconde
bien su obsequio en las maletas y lo hace pasar desapercibido ante los
rayos X. Por eso las nuevas disposiciones resultan excelentes anuncios
para los empleados de las terminales internacionales.

Sin embargo, nada extraña la medida. El pasado julio —durante la reunión
ordinaria de la Asamblea Nacional— el señor Marino Murillo señaló una
“disminución de los ingresos en moneda libremente convertible, en toda
las entidades con prestaciones en CUC”. Y como en Cuba la solución para
el dolor de cabeza casi siempre es cortarla lo más pegada al cuello
posible, no fue difícil imaginar que un porrazo, camuflajeado entre
eufemismos, se avecinaba.

Al parecer, la solución a las dificultades del mercado y a la fuga de
capitales, dos de los grandes problemas de la economía cubana, se
resolverán eliminando las ventas de unas cuantas bicicletas paseo, de
neumáticos para automóviles, y de piezas para computadoras y teléfonos
celulares.

Esos y otros artefactos son de imposible adquisición en las tiendas
estatales. Por tal razón, la mayoría de los ciudadanos se benefician de
las prestaciones de los denominados cuentapropistas, quienes —pagando
altos gravámenes— ingresan a la Isla componentes de ese tipo, lo mismo
mediante la empresa de correos, que en equipajes personales.

Universalmente hay acuerdos para combatir el contrabando y muchos países
regulan el contenido de los bultos depositados en sus fronteras. Pero en
Cuba esa realidad se torna compleja. Primero, porque las personas
naturales no pueden acceder a proveedores extranjeros: de un lado el
Estado permite pequeños negocios, del otro prohíbe la importación con
carácter comercial a los nuevos trabajadores privados. Segundo, porque
las ofertas en las expendedurías del Gobierno están muy distantes de las
demandas de los consumidores: de un lado los precios son astronómicos,
del otro la calidad del servicio es pésima.

Es la triste realidad de un sistema económico inmóvil y estático. A
partir de septiembre las arcas gubernamentales dejarán de recibir los
impuestos, exigidos a los revendedores de esos artículos. Obviamente, si
no será legal importarlos, mucho menos será lícito traficarlos. Tampoco
aumentarán los ingresos en CUC en la red minorista, pero si se elevará
el nivel de vida de los aduaneros —quienes realzarán sus tarifas— porque
obviamente, al interior de la sociedad, el cambalache subterráneo es ya
incontrolable. Como consecuencia directa, los precios de los productos
aumentarán, y otra vez la gente de a pie sentirá en sus bolsillos “todo
el peso de la ley”.

No es sorprendente entonces la cantidad de personas en contra de la
ordenanza. Incluso han emitido fuertes críticas a la Aduana General,
algunas de ellas aparecidas en el diario oficial Granma. Y, aunque en el
país el acceso a internet es casi nulo, las personas insertadas en la
web se las han arreglado también para expresarse sobre la arbitraria
disposición.

Por su parte, la radio y la televisión en la Isla, además de no generar
cambios en la superestructura social o política, no se acercan a la
realidad de la agenda pública, o peor: no imponen el más mínimo tema. A
estas alturas, solo los medios digitales se han posicionado a favor de
eliminar los reglamentos, en vigor a partir del mes de septiembre. El
resto hace caso omiso de las opiniones de los viajeros en los aeropuertos.

Bastante improbable sería una petición al Parlamento para que se
pronuncie al respecto. Los diputados no conocen los intereses de sus
electores. Claro está: nunca los han visto. De cómo el principio de
representación territorial no funciona en la democracia cubana es tema
para un debate más amplio. Pero, en cualquier caso, son visibles los
rasgos de decadencia de un modelo de poder centralizado, donde se
convierte en mérito revolucionario la obediencia ciega a las órdenes de
arriba.

El nuevo decreto, publicado en la Gaceta Oficial, trae en verdad malas
noticias. Noticias dolorosas para quienes creen en la valentía de este
país pequeño, pero también creen que la estrechez y el burocratismo
están sepultando a la madre con sus hijos dentro. ¿Será ese el objetivo
real de la Aduana?

Source: La sepulturera Aduana | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1407283258_9827.html


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