Informacion economica sobre Cuba

Los precios y la metrología en Cuba
MIRIAM CELAYA, La Habana | Agosto 11, 2014

De compras por Centro Habana, me acerco a una carretilla. En los
laterales del artefacto, que es a la vez tarima-mostrador y vehículo de
transporte, cuelgan varias “patas” de pequeñas cebollas moradas, apenas
20 modestos bulbos que casi nadie compra. Le pregunto el precio al
vendedor: 3 CUC, me responde impertérrito, sin sonrojo alguno, como si
el precio –equivalente a 75 CUP, aproximadamente el 15% del “salario
medio” cubano, asumiendo que éste sea de 400 CUP mensuales– fuera la
cosa más normal del mundo.

Sigo mi camino. Ahora ya no me interesaba realmente comprar aquellas
minúsculas cebollas, sino que trato de encontrar una respuesta lógica a
tan desproporcionada relación calidad-precio en un producto que, para
mayor absurdo, es mundialmente reconocido como “comida de pobres”, una
de las primeras plantas en ser domesticadas por el hombre y un alimento
de muy bajo costo de producción. ¿Será que también “el criminal
bloqueo”, cual marabú político, nos impide producir suficiente cebolla?

Después de recorrer varias calles y un sinnúmero de carretillas y
mercados en diferentes zonas de mi municipio de residencia, corroboro lo
que era sabido: en cada caso el precio de la cebolla era el mismo, lo
que demuestra que –aunque no existe un sindicato independiente de
carretilleros– ellos cierran filas cuando de intereses financieros se
trata. Lamentablemente, solo en ese punto son capaces de unirse, no así
para exigir derechos elementales como una rebaja de los leoninos
impuestos, o para reclamar contra los frecuentes atropellos de los
inspectores y policías corruptos.

La cebolla no es la excepción en los alucinantes precios de los
productos del agro. También los mangos y los aguacates
Pero la cebolla no es la excepción en los alucinantes precios de los
productos del agro. En plena temporada y pese a su abundancia, los
mangos y los aguacates mantienen precios relativamente altos, mientras
otros productos hace tiempo se han anclado en montos fijos: el plátano
fruta maduro a 1 CUP por unidad, el plátano burro a 0,50 centavos la
unidad y el plátano macho “a dos por cinco pesos” como costo mínimo, es
decir, a 2,50 CUP la unidad. Por su parte, el “mazo” de habichuelas –del
cual comúnmente hay que desechar un tercio, ya marchito– cuesta entre 5
y 6 pesos (CUP), y “el vaso” de ají cachucha, 5 pesos en la misma moneda.

Productos más “exóticos”, como la zanahoria, la remolacha o la
berenjena, pueden costar lo que decidan los vendedores, con
independencia de la calidad que tengan.

Un Sistema Cubano de Medida

En días pasados recientes tuvo lugar en Cuba un evento científico sobre
metrología, en el cual –según reseña de la prensa oficial– se debatió
sobre la necesidad de regular y homogeneizar el sistema métrico
nacional, así como de la importancia de modernizar los instrumentos de
medida en todo el país.

No existe garantía alguna de que tales intenciones oficiales alcancen
resultado alguno; sin embargo, no por ello el tema deja de ser oportuno,
teniendo en cuenta que en cuestión de medidas en Cuba reina la mayor de
las anarquías, en particular en la esfera del mercado, donde se han
establecido normas y unidades de medida y peso tan arbitrarias y
ambiguas como la realidad misma. Es lo que pudiera llamarse el Sistema
Métrico Cubano, que funciona al margen del Sistema Métrico Internacional.

Así, las unidades de peso exhiben aquí una variedad de instrumentos que
podrían nutrir una feria de antigüedades o de curiosidades, sin excluir
aportes como el de “la lata” o “el jarro”, una peculiar conversión en la
cual dos latas de un volumen de 8 onzas equivalen a una libra –sea de
frijoles, de arroz o de otros productos–, mientras un jarro con
capacidad de dos litros equivale a cinco libras de esos mismos productos.

Otras contribuciones cubanas a la metrología son, por ejemplo, que un
“mazo” de cualquier cosa puede agrupar diferentes volúmenes o cantidades
del producto del que se trate –sean habichuelas, zanahorias, remolachas,
perejil, culantro o cebollinos–, mientras un “vaso” de algo puede
medirse con la base de un frasco plástico de refresco (de los llamados
popularmente “pepinos”, de 1½ litro), cortado a cualquier altura, o
también con un envase de helado o un pozuelo, según lo disponga el vendedor.

En otros renglones se utiliza como unidad de medida el propio frasco
“pepino” entero, por ejemplo, para la venta de yogurt (a un valor de 1
CUC ó 25 CUP); o de aceite vegetal (70 CUP ó 3 CUC); o bien el frasco
pequeño, equivalente a medio litro, utilizado para envasar vinagre, vino
seco, pasta de ajo, puré de tomate, grasa de cerdo y otros, se utiliza
para establecer precios que fluctúan entre los 25 CUP (1 CUC) y los 5 ó
10 CUP (0,25 ó 0,50 CUC), según el producto de que se trate.

En los tiempos más agrios del llamado “Período Especial”, la llamada
“botella CAME”, de cristal, que fuera originalmente el envase de jugos
procedentes de los países del fenecido bloque socialista europeo, era la
favorita para envasar y comercializar el puré de tomate artesanal que se
vendía en los “mercados campesinos” a un precio de 8 pesos, cuando
todavía circulaba una sola moneda en Cuba. Esta botella era también
conocida como “sábado corto” e igualmente servía de medida para la venta
de la cuota mensual del pésimo ron asignado por la cartilla de
racionamiento a cada núcleo familiar.

También de los años 90, y que se mantiene hasta ahora, es el pequeño
sobre de nylon para envase de las especias secas en minúsculas
porciones, a un precio de 1 peso (CUP), trátese de un par de humildes
hojas de laurel o de alguna cucharadita de “sazón completo”.

La variedad de la metrología cubana es casi infinita, pero
innegablemente ha establecido sus reglas, legitimándose en la práctica,
tanto en el mercado de contrabando como en el formal. No caben dudas de
que las autoridades encargadas de su control y normalización van a
tropezar con enormes dificultades para establecer un sistema métrico
acorde con los estándares internacionales.

La tarea ahora no depende simplemente de la existencia o no de
instrumentos, o de crear un cuerpo de inspectores y un sistema de multas
para los comerciantes infractores de las normas, sino de que la economía
avance y deje de ser imperativo distribuir la miseria. Cuando de pobreza
se trata, medirla en jarros o en kilogramos no hace la diferencia.

En todo caso, ocho años de desempeño del “nuevo” Gobierno bajo la guía
del General-Presidente Raúl Castro no han demostrado capacidad alguna
para impulsar la economía. Muy probablemente la batalla por la
metrología será el próximo fracaso.

Source: Los precios y la metrología en Cuba –
http://www.14ymedio.com/nacional/precios-metrologia_0_1613238666.html


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