Informacion economica sobre Cuba

Contradicciones, inexactitudes y omisiones
MAURICIO CLAVER-CARONE | Washington | 13 Oct 2014 – 12:33 pm.

El reciente editorial de ‘The New York Times’ pidiendo el levantamiento
del embargo hace pasar por nuevo un muy viejo argumento suyo, y hace
silencio sobre varias cuestiones escandalosas.

The New York Times acaba de publicar otro de sus editoriales pidiendo al
presidente Obama “poner fin al embargo contra Cuba”.

El editorial comienza señalando al presidente Obama varias crisis de
política exterior —en sus palabras, “el triste estado de las
problemáticas relaciones bilaterales” en todo el mundo.

Irónicamente, muchas de estas crisis (Siria, Rusia, Irán, Irak, Corea
del Norte, etc.) han trascendido —o se han agravado— precisamente debido
a las políticas internacionales que The New York Times ha defendido
durante mucho tiempo.

Ahora, respecto a Cuba, The New York Times declara que realmente sabe lo
que habla. Sin embargo, está claro que no es así.

Este último editorial fue escrito principalmente por Ernesto Londoño, un
nuevo miembro joven de la Junta Editorial de The New York Times que fue
corresponsal en Afganistán e Irak, pero cuyo conocimiento de la política
hacia Cuba se limita a regurgitar lo que sus “fuentes” le dijeron
selectivamente esta semana.

Y tal inexperiencia sobre el tema inclina a contradicciones, omisiones e
inexactitudes.

Permítanme comenzar con una contradicción flagrante. El propio editorial
reconoce que “en los últimos años, la economía devastada ha forzado a
Cuba a hacer reformas”. Exacto. Entonces, ¿por qué dejar de forzar esta
situación? La historia ha demostrado que Castro solo persigue “reformas”
por necesidad —nunca voluntariamente o por “buena voluntad”. Entonces,
¿cómo exactamente, si se reemplaza con comercio e inversiones de EEU los
miles de millones de la antigua URSS y los actuales subsidios
venezolanos, más las inversiones europeas y canadienses en picado,
podrían provocarse “reformas”?

Esto no ocurriría. De hecho, muchos observadores sostienen que la razón
por la que Castro se niega a abordar mayores reformas es porque está
esperanzado en que EEUU levante el embargo y salve a su régimen. Este
editorial de The New York Times únicamente brinda a Castro una (falsa)
sensación de esperanza.
Ahora veamos la lista de declaraciones falsas y omisiones.

En primer lugar, el editorial propone que el levantamiento del embargo
de Estados Unidos “ayudaría a una población que ha sufrido enormemente
desde que Washington cortó las relaciones diplomáticas en 1961″.

La población cubana no ha sufrido enormemente “desde que Washington
cortó las relaciones diplomáticas en 1961″. Ha “sufrido enormemente”
desde que Castro instaló una dictadura represiva, totalitaria, que —no
olvidemos— el mal reputado reportero de The New York Times Herbert
Matthews se dedicó a defender durante años.

Por otra parte, el editorial no explica cómo el levantamiento del
embargo podría en realidad ayudar a la población cubana.

En las últimas cinco décadas, la más mínima operación de comercio o
inversión con Cuba ha tenido que ser a través de una entidad estatal o
de una entidad individual actúando en nombre del Estado. La exclusividad
del Estado en asuntos de comercio e inversión fue consagrada en el
artículo 18 de la Constitución castrista de 1976.

Por lo tanto, ¿cómo el turismo estadounidense y el comercio con empresas
estadounidenses podría conseguir ayudar al pueblo cubano?

Mas aún, ¿de qué manera han beneficiado al pueblo cubano los miles de
millones en comercio exterior y la inversión que otros países del mundo
han llevado a cabo con los monopolios del régimen?

No hace falta decir que el editorial de The New York Times elude este
punto clave.

En cambio, habla de la “nueva” ley cubana de inversión extranjera. Pero
omite cómo esa ley viola el derecho laboral internacional y nada dice de
las decenas de empresarios extranjeros que han sido encarcelados
arbitrariamente en estos últimos años, cuyas empresas han terminado
confiscadas. Entre ellos, algunos de los (ahora ex) mayores socios
extranjeros del régimen, como la británica Coral Capital y el canadiense
Tokmakjian Group.

El editorial habla del nuevo puerto de Mariel. Sin embargo, no hay en él
ninguna alusión a la carga más significativa que ha pasado por ese
puerto nuevo: 240 toneladas de armas cubanas destinadas a Corea del
Norte, lo cual fue considerado una flagrante violación de las sanciones
internacionales. (Nótese que el editorial no contiene absolutamente
ninguna mención de este escándalo de tráfico cubano de armas, pese a ser
el mayor envío interceptado de armas a Corea del Norte y la primera vez
que una nación del continente ha sido declarada violadora de sanciones
internacionales.)

El editorial, además, minimiza como el régimen castrista “aún hostiga y
detiene disidentes”. Pues no dice que las detenciones políticas se
encuentran actualemente en máximos históricos. Y ya este año se han
producido más de 7.599 detenciones políticas documentadas,
cuadruplicando las 2.074 detenciones políticas de todo el año 2010.
En cambio, el editorial alaba cómo “en los últimos años han sido
liberados los presos políticos encarcelados durante años”. Y deja de
mencionar a todos aquellos que todavía cumplen largas sentencias, así
como a los nuevos presos políticos arrestados en los últimos años que
permanecen encarcelados arbitrariamente. Por ejemplo, la Dama de Blanco
Sonia Garro, el rapero Ángel Yunier Remón, el sindicalista Ulises
González Moreno y el activista Iván Fernández Depestre.

Se elogia en el editorial el “papel constructivo” jugado por Cuba en las
largas e inconclusas negociaciones de paz de Colombia. Sin embargo, nada
se dice acerca de cómo el régimen cubano ha socavado eficazmente las
instituciones democráticas en Venezuela, tomando el control político y
operacional del gobierno de aquella nación, y conduciendo una campaña de
represión que ha significado la detención, tortura y asesinato de
estudiantes inocentes que se manifestaban.

El editorial de The New York Times se centra en los preparativos del
régimen castrista para una Cuba post-embargo. Pero omite cualquier
mención de una transición democrática y no habla de los valientes grupos
de oposición dentro de Cuba, incluyendo a las Damas de Blanco, la Unión
Patriótica Cubana (UNPACU), el Frente Nacional de Resistencia, el
proyecto Estado de Sats o el Proyecto Emilia —todos los cuales se oponen
al levantamiento del embargo.

Alega el editorial que la normalización de las relaciones diplomáticas
conducirá de alguna manera a un “gran avance” en el caso de Alan Gross.
Pero no cuenta con que el régimen castrista mantiene a Gross como rehén
para extorsionar a EEUU para la liberación de cinco espías (ahora tres)
condenados en los tribunales federales por sus operaciones dirigidas a
instalaciones militares y por conspiración para el asesinato de tres
ciudadanos estadounidenses y de un residente permanente en EEUU.

A continuación, el editorial analiza la próxima Cumbre de las Américas,
sugiriendo que Cuba ha sido tradicionalmente excluida por la insistencia
de Washington. Lo cual es una falsedad completa.

Cuba sigue siendo excluida debido al compromiso formal hecho en la
Cumbre de Quebec de 2001 que sostiene que la democracia es una
“condición esencial” para la participación en la Cumbre. Y, sin dudas,
EEUU no debería tomar a la ligera sus compromisos formales.

Por último, pero no menos importante, este no sería un editorial de The
New York Times si no mencionara el socorrido argumento del “cambio
generacional”, que afirma que los jóvenes cubanoamericanos sostienen
“opiniones más suaves” respecto a las relaciones con el régimen cubano.

En cuanto a este argumento, no puede pasar desapercibido que The New
York Times ha estado blandiéndolo desde el 5 de diciembre de 1965,
cuando sugirió por primera vez que: “Los muy activos grupos
anticastristas en Miami se han desvanecido en una oscuridad virtual”.

Volvía sobre ello el 10 de octubre de 1974: “Prácticamente la docena
completa de cubanos entrevistados desea visitar Cuba por ver a sus
familiares o solamente volver a su país, que no han visto durante 10
años o más; y algunos segmentos de la comunidad de exiliados,
especialmente los jóvenes refugiados crecidos y educados aquí, no están
interesados en los asuntos cubanos”.

El 23 de marzo de 1975 publicaba: “Por primera vez un significativo
número de exiliados está empezando a atemperar su emoción con un
pragmático realismo geopolítico.”

Igualmente, el 31 de agosto de 1975: “La mayoría de las personas
entrevistadas — especialmente los jóvenes, que constituyen más de la
mitad de los 450.000 exiliados aquí— están deseando que se les permita
viajar a Cuba. Incluso los empresarios, que constituyen un grupo más
conservador que los jóvenes, están pensando en comerciar con Cuba una
vez que se levante completamente el embargo.”

Y el 4 de julio de 1976: “Una nueva generación de profesionales de entre
25 y 35 años de edad ha reemplazado al viejo liderazgo del exilio”.

Hay más ejemplos. Demasiados para hacer creíble un argumento así.

Source: Contradicciones, inexactitudes y omisiones | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1413196426_1374.html


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