Informacion economica sobre Cuba

Embargo a Cuba, ¿sí o no?
JUAN ANTONIO BLANCO | Miami | 15 Oct 2014 – 9:51 am.

El tema central a dilucidar no es la magnitud del impacto económico del
embargo, sino el modo en que esa herramienta política es percibida por
la ciudadanía cubana y si influye en su preferencia por la democracia.

Vuelta de nuevo a lo mismo. Resurge, con inusitada fuerza, la ofensiva
política antiembargo. Se recurre a instrumentos de cabildeo, uso de
influencias en medios de comunicación, foros académicos, financiamiento
de encuestas de opinión y otras herramientas que promuevan la conclusión
de que ha llegado el momento de levantarlo. No es esta la primera
ocasión en que esto sucede y varias veces se ha estado muy próximo a
lograrlo.

Sin embargo, quedaría por ver si esta vez La Habana no dinamita los
puentes en el último minuto, como ocurrió a las administraciones de
Ford, Carter, Clinton, e incluso a Obama. Igual le sucedió al diálogo
con la Unión Europea en 2003.

Los falsos supuestos

Lo realmente novedoso en esta ocasión ha sido que se han sumado a la
campaña antiembargo algunos de los más exitosos empresarios
cubanoamericanos. Ha sido su credibilidad, cabildeo y financiamiento de
esta operación de marketing político lo que ha persuadido a
personalidades del establishment a reconsiderar su postura previa.

Este grupo limita su demanda al levantamiento unilateral de aquellas
sanciones que puedan ser anuladas por vía ejecutiva. Creen honradamente
que la expansión del sector privado en Cuba —que sin duda traería un
alivio a las condiciones de vida en la Isla— fomentaría per se las
tendencias y exigencias democráticas provocando de forma inexorable
cambios en esa esfera. Pero emprender negocios privados no
necesariamente fomenta una ciudadanía más proclive al activismo democrático.

Su error político ha sido limitarse a reclamar de EEUU el levantamiento
de aquellas restricciones que afectan el desarrollo del sector privado
cuando el principal embargo o “bloqueo” a ese grupo social lo constituye
la decisión pública de Raúl Castro de no dar un paso que vaya más allá
de su proyecto de actualización del totalitarismo.

Del lado opuesto, lanzando ataques apasionados —en ocasiones
inaceptables— contra los miembros del grupo antes citado, se encuentran
quienes se aferran al actual status quo. Parece escapárseles un dato
esencial: el embargo no nació para ser “La Política hacia Cuba”, sino
apenas una herramienta más de ella. Atrás quedaron los años en que se
empleaba como complemento coherente de una doctrina de roll back o de
contención. No en balde nadie sabe explicar bien cuál es hoy su objetivo
ni cómo medir su eficacia. Unos recuerdan que medio siglo de embargo no
ha traído la democracia a Cuba y los otros responden que tampoco lo ha
logrado el Compromiso Contructivo de Canada.

Curiosamente, los que se apuntan en las filas de los defensores del
embargo o entre los que reclaman su levantamiento unilateral creen
sinceramente en ello porque parten de un cuestionable criterio
determinista de la historia que privilegia el factor económico.

Pero la esencia y prioridad de toda política de Raúl Castro es asegurar
la dominación sobre la sociedad cubana por una elite de poder que
“manda” mientras su burocracia “gobierna” y el clan Castro ejerce un
control omnímodo sobre ambas. La mejora de los indicadores económicos y
del bienestar de la población queda subordinada a ese axioma político.
No es posible influir sobre el General Presidente si primero no se
comprende que opera sobre una lógica diferente.

El levantamiento o no de las sanciones económicas no es el campo en el
que se moldean hoy las percepciones ciudadanas. Y es ahí —no en la
economía— donde está la clave del sostenimiento del poder castrista. Por
ello resulta ineficaz la pregunta binaria: apoya usted el embargo a
Cuba, ¿sí o no? El tema central a dilucidar no es la magnitud del
impacto económico del embargo, sino el modo en que esa herramienta
política es percibida por el ciudadano común cubano y si ello influye
favorablemente en su preferencia por la democracia.

La percepción y el poder

Es por ello que el Gobierno cubano se prepara incluso para presentar el
levantamiento del embargo como una victoria histórica de su invencible
poder. De hecho han iniciado una nueva campaña en reclamo de
indemnizaciones. Así procuran mantener la confrontación en fase post
embargo y sembrar la nueva percepción de que, de no materializarse
aquellas, sería imposible que el pueblo cosechara los beneficios del fin
de las sanciones.

Raúl Castro no ha logrado hacer crecer la economía ni el consumo, sus
nuevas leyes no atraen inversionistas, la pobreza aumenta precisamente
cuando disminuye en América Latina y, como veredicto silente sobre su
gestión administrativa, el éxodo migratorio continúa envejeciendo a un
país marcado por su baja productividad. Más aun: su mecenas venezolano
ha destruido el aparato productivo que lo subsidia y parece estar al
borde de una implosión.

Todo eso es rigurosamente cierto y seguramente no se pasa por alto
cuando La Habana mide la conveniencia de acomodarse, finalmente, a una
distensión. Pero la clave del poder castrista descansa en inculcar la
aceptación de una realidad que se presenta inmutable y eterna. Un
gigantesco Macondo al que ha de acomodarse tanto la población en la
Isla, como Washington y los gobiernos europeos.

El General Presidente lo tiene claro: no importa cuánto se quejen los
cubanos de su vida cotidiana mientras su sentido común les dicte que
toda protesta organizada es peligrosa e inútil. Mientras el malestar por
la depauperación creciente se traduzca en expresiones individuales de
descontento y crecientes cifras migratorias, no tiene por qué perder el
sueño.

Aquí no vale la admonición de James Carville (“Es la economía,
estúpido”). La lucha por la democracia en Cuba no se decide en el campo
de la economía aun cuando, sin duda, esta incida mucho sobre aquella. El
conflicto entre la libertad y la sumisión se libra en la mente del
ciudadano, no en la “paladar” cuentapropista. En este caso sería más
exacto exclamar: “Es la percepción, idiota”.

Source: Embargo a Cuba, ¿sí o no? | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1413359474_531.html


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