Informacion economica sobre Cuba

Indetenible en Holguín la fiebre del oro
Pico y pala en mano, improvisados mineros pasan semanas agujereando la
tierra en busca de una pepita, o al menos un “piojillo” del metal
precioso ¿Afán de lucro o necesidad?
Rolando Cartaya
septiembre 30, 2014

Las autoridades de la provincia cubana de Holguín, principal polo de la
minería en la isla, despliegan una ofensiva contra la fiebre del oro por
cuenta propia que se extiende por la demarcación, en la que improvisados
topos, “pico y pala en mano, han abierto huecos por doquier en busca de
un pedacito de oro que llene de resplandor sus bolsillos”, según reporta
el diario oficialista de la provincia, Ahora.

El cotidiano alerta que “lo que en un inicio se convirtió en prácticas
intermitentes en la vieja mina de la comunidad de Aguas Claras,
municipio cabecera, se ha extendido hasta localidades de Moa, ‘Rafael
Freyre’ y Báguano”.

Lamenta asimismo el daño ambiental que está provocando a aguas y tierras
de la comarca la frenética búsqueda, que convoca incluso a residentes en
otras provincias:

En las cercanías del río Calentura han talado indiscriminadamente
árboles para construir campamentos provisionales. Allí cocinan sus
alimentos y duermen durante las semanas de estadía. No todos son
holguineros, pues hay ‘visitantes’ de Guantánamo y Santiago de Cuba.
También, aunque resulte alarmante, hay mujeres y menores de edad.

Precisa la publicación que “la comunidad de Tres Fiebres, ubicada en las
montañas moenses, parece un cráter dentro de ese paraíso natural que es
el Parque Nacional Alejando de Humboldt”.

La alarma roja sobre el daño al medio ambiente resulta irónica,
considerando que los mayores daños ambientales al territorio los ha
ocasionado la industria del níquel administrada por el Estado, o donde
éste tiene el control mayoritario de las acciones, como en el caso de
las empresas mixtas con la corporación canadiense Sherritt.

El geógrafo y ambientalista cubano exiliado Eudel Cepero ha denunciado
que al menos 1,350 hectáreas de aguas costeras en el municipio
holguinero de Moa “registran altos niveles de contaminación debido a
las actividades de la industria del níquel en la zona y a la eliminación
de desechos tóxicos y residuales que son indiscriminadamente vertidos en
los ríos”.

Por otra parte, Ahora tilda de “sobrecalenturados” a los buscadores de
oro, y dice que “el estado ‘febril’ que los aqueja ha quemado sus pocas
neuronas racionales”.

Se esfuerza asimismo por desalentar la práctica:

El oro se encuentra siempre en cantidades muy pequeñas y su extracción
se torna complicada. Para separarlo se utilizan sustancias muy
peligrosas, como mercurio y cianuro de sodio, cuyo manejo irresponsable
en las cercanías de los ríos puede generar daños irreparables al
ecosistema y a la salud humana. Por supuesto, dichos componentes
químicos no llegan a sus manos por arte de magia, sino son ‘gestionados’
a través de entidades estatales.

En un reportaje dedicado al tema, publicado en agosto pasado en el
diario digital independiente 14ymedio, su directora, Yoani Sánchez,
describía la operación:

Los mineros furtivos han creado con pocos recursos sus propios
instrumentos de trabajo. Entre los más importantes, está el “carro”, un
cernidor con un trozo de goma donde se deposita el lodo que cae después
en la malla. Es un trabajo en equipo, al menos se necesitan tres hombres
fuertes. Mientras dos sacuden el tamiz, el otro echa agua sobre el fango
recogido en las excavaciones. ‘Entonces queda el oro en polvillo, en
partículas o como una especie de cascarilla de chícharo, aunque también
puede estar en pepitas’, refiere Fernando Ramón Rodríguez Vargas quien
vive en Levisa, municipio Mayarí, y se ha dedicado por años a la
búsqueda del preciado metal.

Esperan a que haya algo de brisa para empezar a fundir. Uno trae un poco
de mercurio. Lo colocan en un crisol y le aplican calor. Emite un gas
venenoso y los hombres se paran a favor del viento para no respirar el
humo. Es un proceso peligroso, pero casi mágico. En el fondo de la
vasija reluce el oro ya fundido. Cada gramo de 24 quilates lo venderán a
un precio que oscila entre 25 y 27 pesos convertibles.

El diario provincial de Holguín recuerda que la minería ilegal “viola la
Ley 81 del Medio Ambiente, que exige la posesión de una licencia
ambiental para cualquier actividad susceptible de producir efectos
significativos sobre el entorno. También la Ley de Minas, varias normas
cubanas por la explotación del suelo y áreas protegidas, así como el
Decreto-ley sobre la protección de la biodiversidad”.

La nota señala que el Ministerio del Interior “ha desempeñado un rol
fundamental en la prevención y enfrentamiento de la minería ilegal de oro”.

En otro reportaje, fechado en Holguín en noviembre de 2011, nuestro
colega Luis Felipe Rojas identificaba en la zona un floreciente negocio
itinerante de compraventa de joyas o chatarra de oro, plata y piedras
preciosas, y lo vinculaba con que “en la relación de actividades
autorizadas para el ejercicio del trabajo por cuenta propia, el acápite
109 incluye al Reparador de artículos de joyería”. El gramo de oro de 10
kilates en chatarra se cotizaba entonces a 7 CUC.

El órgano provincial Ahora atribuye la fiebre del oro en la provincia a
un afán de lucro. El reportaje de 14ymedio, en cambio, señalaba que “la
zona de Rafael Freyre, en la provincia de Holguín, atrae cada año a
cientos de personas que sueñan con una mina que los ayude a salir de sus
estrecheces económicas”, y citaba en ese sentido al “más experimentado
de los mineros furtivos: ‘Si me encuentro por lo menos un gramo, voy a
terminar el techo de la casa’”.

Source: Indetenible en Holguín la fiebre del oro –
http://www.martinoticias.com/content/cuba-holguin-fiebre-oro-diario-ahora/76112.html


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