Informacion economica sobre Cuba

Cuba empresarial: la realidad ahoga a los buenos deseos
NORA GÁMEZ TORRES NGAMEZTORRES@ELNUEVOHERALD.COM

En los parques de pueblos en el interior de Cuba y en algunos barrios de
la capital, los niños se entretienen montando carretones tirados por
caballos y cabras. No es una actividad lucrativa que se asociaría
inmediatamente con el término “pequeño empresario”, pero el “servicio de
coche de uso infantil tirado por animales” es una de las 201 actividades
que el gobierno cubano ha autorizado a ejercer “por cuenta propia”.

No es, por supuesto, lo que tienen en mente funcionarios del gobierno y
congresistas estadounidenses que han visitado recientemente la isla
cuando hablan de ayudar al florecimiento de los negocios en Cuba, pero
quienes pasean a los niños en coches forman parte, junto a dueños de
“paladares”, taxistas, fotógrafos, reparadores de todo tipo de objetos y
“arrendadores de vivienda”, entre otros, de un emergente sector privado,
al que la nueva política exterior de Estados Unidos ha colocado en el
centro de atención.

El objetivo declarado es estimular a este sector para la mejoría
económica del pueblo cubano y la promoción de una sociedad civil
independiente que, eventualmente, podría promover un cambio político en
la isla. Pero ¿qué dimensiones reales tiene ese sector y qué
potencialidades tiene para expandirse bajo el control del gobierno de
Raúl Castro?

Según las últimas cifras oficiales publicadas en el periódico estatal
Trabajadores en enero, 483,396 personas laboraban “por cuenta propia” en
Cuba. Una pequeña cifra todavía, en comparación con los más de cuatro
millones empleados en la economía estatal.

Estos trabajadores necesitan una “licencia” u autorización gubernamental
para operar en una de las 201 actividades permitidas y deben pagar
mensualmente las cuotas fijadas por el Estado. En su mayoría son oficios
o servicios que requieren poca capacitación e infraestructura
tecnológica, como “forrador de botones”, “rellenador de fosforeras” y
“cuidadores de baños públicos”. Entre los que arrojan más beneficio se
encuentran la gestión de restaurantes o “paladares” y los servicios de taxi.

“Aunque Raúl ha hecho cambios significativos en cuanto a la economía y
la microempresa en Cuba, no son cambios suficientes para lograr las
metas del gobierno de crecimiento y de transferir a los trabajadores
estatales al sector no estatal, privado o cooperativo”, explica el
profesor de Baruch College, Ted Henken, autor junto al también profesor
y economista Archibald Ritter, del libro Cuba empresarial: un contexto
de políticas cambiantes, del cual este reporte tomó prestado el título.

“Hay un grupo de obstáculos burocráticos y de regulaciones. Por ejemplo,
muchos profesionales no pueden trabajar en su profesión en el mercado
laboral privado. La mayoría de los 201 oficios no son productivos, son
de sobrevivencia”, apuntó.

Si las remesas son la principal fuente de inversión en los negocios
privados en Cuba, como argumenta Henken, la nueva disposición anunciada
por el gobierno de EEUU de eliminar restricciones a envíos destinados a
“actividades de personas particulares y organizaciones no
gubernamentales que promueven la actividad independiente para reforzar
la sociedad civil en Cuba y el desarrollo de empresas privadas”, puede
estimular la expansión de los negocios ya existentes o el surgimiento de
otros. Pero la casi total ausencia de créditos nacionales es un
obstáculo importante para aquellos que no tienen familiares o contactos
en el extranjero.

Existe, además, “un obstáculo mayor del que todos se quejan: que no hay
un mercado mayorista”, observa Henken.

Los altos impuestos es otra de las críticas a las regulaciones actuales,
que establecen un impuesto progresivo sobre las utilidades hasta del
50%, más otros tributos por ventas, servicios, utilización de fuerza de
trabajo, contribuciones a la Seguridad Social así como tasas por
anuncios y publicidad comercial.

Los impuestos por utilidades comienzan en un 15% y llegan al 50% por
ganancias superiores a $2,000 al año, lo que unido a las tasas
arbitrarias de gastos deducibles, pueden generar impuestos reales que
superan el 100 por ciento de lo generado en un año. “Obviamente esto
podría matar a la empresa o promover el fraude”, argumentan los autores
de Cuba empresarial.

En plena temporada de declaración de impuestos, algunos cuentapropistas
han hecho pública su insatisfacción en cartas a medios oficiales como
Granma o comentarios dejados en las páginas en internet de estas
publicaciones.

La lectora Elizabeth González Aznar se quejó en Cubahora del bajo índice
de deducción de gastos (hasta un 40% en dependencia del tipo de
actividad) en el régimen de contribución de los cuentapropistas en
condiciones en que “no existe mercado mayorista”, “los productos se
adquieren en mercados minoristas y a precios muy altos”; “las tarifas
eléctricas suben cada vez más” y “se abrió el cuentapropismo sin crear
mecanismos elementales que mantuvieran una oferta de productos acorde a
la demanda”.

González Aznar dijo verse obligada a comprar productos más caros en las
tiendas de recaudación de divisas solo para poder obtener comprobantes
que luego puede presentar al hacer su declaración.

Pero este no es el peor escenario. Históricamente, cada vez que el
gobierno cubano ha permitido pequeños espacios para la iniciativa
individual, ha perseguido duramente a quienes considera acumulan capital
o se convierten en una competencia para el estado, como sucedió con la
prohibición de comercializar ropa importada en 2013 o el cierre de
paladares como El Hurón Azul.

La clausura de las salas de cine privadas en noviembre del 2013 ilustra,
además, que el gobierno no está dispuesto a ceder en el control de
espacios que considera esenciales, como la distribución de información y
productos culturales, zonas que, por ahora, están vedadas a los negocios
privados, al menos legalmente.

Que los emprendedores hayan reaccionado con la creación de “los
paquetes”, un compendio de programas extranjeros distribuido
informalmente en dispositivos portátiles de almacenamiento, ilustra que
las autoridades solo pueden desplazar—pero ya no controlar—estas
actividades hacia el mercado informal, que sigue interesado en este tipo
de oferta.

Una última limitación impide la expansión de capital nacional en
inversiones de mediano y gran alcance. La Ley 188, de inversión
extranjera aprobada por el parlamento en marzo del 2014, regula las
inversiones en Cuba de “personas naturales” y “jurídicas extranjeras”,
así como las llamadas empresas “mixtas” con capital del estado cubano,
pero no menciona que los cubanos, residentes o no en la isla, tengan el
derecho de invertir en Cuba.

Para estimular las inversiones, el gobierno otorgó una excepción de ocho
años a las empresas extranjeras que abran negocios en Cuba, entre otras
facilidades, a las que no tienen derechos los pequeños empresarios
cubanos, lo que constituye “un tipo sorprendente de discriminación en
contra de los ciudadanos cubanos”, según escriben Henken y Ritter.

Pese a las limitaciones, la inventiva de los emprendedores cubanos se
multiplica en una variedad de nuevos negocios que van desde la
fabricación de jabones artesanales a la organización de fiestas y
eventos o servicios de bienes raíces. Las regulaciones en este sector
también han ido cambiando y se han añadido nuevas ocupaciones como
“anticuario” o “chapistero”.

Y medidas como la reciente autorización del gobierno estadounidense de
venta de “herramientas, equipos, suministros e instrumentos para su uso
por empresarios del sector privado” podrían contrarrestar el
desabastecimiento de insumos, si el gobierno cubano lo permitiera, como
insitió la subsecretaria de Estado para América Latina, Roberta
Jacobson, en una audiencia en el Congreso a inicios de este mes.

“Me reuní con siete de estos empresarios, gente que realmente está
tratando de administrar sus propios negocios, dueños de restaurantes,
barberos, mujeres que hacen jabones o decoraciones textiles y uno puede
ver personas que están comenzando a separar su propio futuro del
gobierno y pasando trabajo porque no tienen insumos; el estado no quiere
proveerles de estos materiales. Es a esas personas a quienes queremos
ayudar”, dijo.

La Iglesia Católica, también ha estado discretamente organizando, con el
apoyo del Cuba Study Group, talleres de asesoramiento empresarial a
través del proyecto Cuba-Emprende. El Centro Cultural Padre Félix
Varela, adscrito al Arzobispado de la Habana ofreció, en colaboración
con la Universidad Católica de Murcia una maestría en administración de
empresas.

La oposición cubana tampoco está a espaldas de este grupo emergente y
algunas figuras dentro de este movimiento apuestan a representar ese
sector. El ingeniero Eliécer Ávila, fundador de la organización Somos
Más y profesor de computación “por cuenta propia”, defendió la nueva
política hacia Cuba propuesta por Obama por los beneficios que podría
traer a jóvenes que quieren construir un futuro dentro de la isla, pero
quieren “emprender pequeños negocios”, en rueda de prensa previa a la
pasada Convención para la Democracia celebrada el 28 de enero en Miami.

Ávila asume una actitud pragmática sobre el acercamiento entre EEUU y
Cuba, que muchos consideran ofrece más oportunidades económicas que
políticas para los cubanos.

En declaraciones a el Nuevo Herald, argumentó que “la política sirve
para dos cosas: para que la gente viva libre y para que viva bien. No
hay que aplazar una discusión en función de la otra, para mí el tema de
la economía y de los derechos humanos se complementan. Debemos avanzar
en lo que es posible, si es la economía, pues avanzamos en eso y
seguimos defendiendo los derechos humanos”.

Siga a Nora Gámez Torres en Twitter: @ngameztorres

Source: Cuba empresarial: la realidad ahoga a los buenos deseos | El
Nuevo Herald El Nuevo Herald –
http://www.elnuevoherald.com/noticias/mundo/america-latina/cuba-es/article10895450.html


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