Informacion economica sobre Cuba

Cooperativismo vs. Cuentapropismo
ORLANDO FREIRE SANTANA | La Habana | 7 Mayo 2015 – 7:08 am.

¿Por qué la población accede preferentemente a los bienes y servicios
del trabajo por cuenta propia y desdeñan las ofertas de las cooperativas?

Para cualquier observador no muy versado en materia económica, tanto la
creación de cooperativas como la flexibilización del trabajo por cuenta
propia serían medidas de similares connotaciones en el contexto de la
actualización del modelo económico cubano.

Sin embargo, si tomamos en cuenta el parecer de los tanques pensantes
(think tanks) del oficialismo insular, se trata de estrategias
diferentes al concebir el tipo de relaciones económicas que los
gobernantes pretenden instaurar en la isla. Mientras el cuentapropismo
se desenvuelve en los marcos de la privatización y los estrechos
intereses de los productores o prestadores de un servicio, al
cooperativismo —agropecuario y no agropecuario— le corresponde transitar
por los derroteros de la propiedad colectiva, tratando de conciliar la
eficiencia económica con cierta dosis de protección a los consumidores.
En ese sentido, es lógico que, a largo plazo, la cúpula del poder se
incline por las cooperativas, también conocidas como “formas
autogestionarias”.

La investigadora Camila Piñeiro Harnecker, del Centro de Estudios de la
Economía Cubana, de la Universidad de La Habana, en sus dos libros
acerca de esta materia (Cooperativas y socialismo: una mirada desde Cuba
y Repensando el socialismo cubano: propuestas para una economía
democrática y cooperativa) alaba la gestión de las cooperativas, e
insiste en la “inconveniencia” de ir aligerando el aparato estatal
mediante la preeminencia del trabajo por cuenta propia.

En el segundo de los textos citados, escrito en el año 2011, al
referirse a las diferencias entre el trabajo libre asociado (el de las
cooperativas), y el trabajo asalariado (estatal o cuentapropista), la
autora apunta lo siguiente: “Hasta que las instituciones del Estado no
privilegien la creación de cooperativas u otro tipo de empresas
autogestionadas sobre las que contratan trabajadores asalariados
permanentemente, estamos promoviendo la expansión de las relaciones de
trabajo asalariado, la base de la explotación capitalista”.

Tan solo un año después, en diciembre de 2012, la Gaceta Oficial
Extraordinaria número 53 anunciaba el marco legal que permitía la
creación de las cooperativas no agropecuarias, con el consiguiente auge
de estas formas colectivas de autogestión.

Ahora bien, una cosa son las disquisiciones teóricas, y otra bien
distinta las evidencias de la vida cotidiana. Porque, en la práctica,
las cooperativas cubanas no han salido muy airosas en su doble misión de
velar por la eficiencia económica —lo que incluye los parámetros de
calidad en sus ofertas de bienes y servicios—, y garantizar la
protección de los consumidores con una disminución de los precios a la
población.

Tomemos tan solo dos ejemplos: la cooperativa no agropecuaria de ómnibus
ruteros de la capital, y las cooperativas agropecuarias que abastecen
las placitas o puntos de venta en todo el país.

Cuando la empresa estatal de ómnibus ruteros se convirtió en una
cooperativa no agropecuaria, las autoridades del país decidieron
mantener la misma tarifa a la población (cinco pesos cubanos), a cambio
de algunas facilidades para la adquisición del combustible de los
vehículos. Sin embargo, comoquiera que la referida tarifa apenas alcanza
para cubrir los gastos de la cooperativa, los ómnibus violan con
frecuencia lo establecido y transportan pasajeros de pie, lo que atenta
contra el confort de los viajeros. A lo anterior se agrega la
insuficiente cantidad de vehículos con que cuenta la cooperativa, los
que obviamente no satisfacen la demanda.

Cabe un capítulo especial para las cooperativas que han arrendado
mercados o puntos de venta de productos del agro. Me referiré
específicamente al antiguo mercado agropecuario de oferta-demanda (MAOD)
de Tulipán, en el barrio de Nuevo Vedado, arrendado hoy por la
Cooperativa de Créditos y Servicios (CCS) Antero Regalado, de la
provincia de Artemisa. A casi un año del paso de una forma de gestión a
la otra, el antaño floreciente mercado de Tulipán es hoy una pálida
sombra de lo que fue.

La mañana de nuestra visita, de no ser por la venta de papas —producto
prohibido para los MAOD—, el desabastecimiento hubiese estado a la orden
del día. Solo en una tarima se ofertaban algunos productos de baja
calidad, y a precios no muy lejanos de los exhibidos, por ejemplo, por
los óptimos productos del MAOD de la calle Egido, en La Habana Vieja. He
aquí una muestra (en pesos cubanos):

Mercado CCS MAOD
Producto UM Antero Regalado Egido
Boniato Lb 1,00 2,00
Tomate Lb 4,00 5,00
Malanga Lb 4,00 5,00
Piña U 10,00 10,00

En esas condiciones es fácil advertir por qué la población accede
preferentemente a los bienes y servicios del trabajo por cuenta propia —
representados en estos casos por los boteros que conducen los
denominados “almendrones”, y los tarimeros cuentapropistas de los MAOD—,
y miran con desdén las ofertas de ciertas cooperativas.

Es que, al parecer, esos tanques pensantes del oficialismo cubano
olvidan un señalamiento poco menos que axiomático del economista y
filósofo Adam Smith, hecho público hace más de 200 años: “Al buscar
satisfacer sus propios intereses, todos los individuos son conducidos
por una mano invisible que permite alcanzar el mejor objetivo social
posible”.

Source: Cooperativismo vs. Cuentapropismo | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1430850764_14395.html


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