Informacion economica sobre Cuba

Europa, España y Cuba
Jaime Aznar | François Hollande se ha vestido de líder mundial para
tomar la iniciativa que en su día se le negó a Zapatero.
nuevatribuna.es 19 de Mayo de 2015 (16:41 h.)

Todo comenzó durante la primera legislatura de José Luis Rodríguez
Zapatero cuando entre las más airadas críticas, apostó por reforzar los
contactos institucionales entre España (país miembro de la UE desde
1986) y Cuba. Desde aquel entonces la agenda socialista se centró en
lograr un acercamiento de la Unión Europea para evitar la fosilización
del régimen castrista, priorizando el diálogo como herramienta de
trabajo. No todos estuvieron de acuerdo, en aquel entonces pesaban mucho
ciertos nombres de la oposición interna como Osvaldo Payá, como figuras
imprescindibles para lograr el cambio. Cualquier comunicación con La
Habana era interpretado como un respaldo a la dictadura y además debía
hacerse bajo la atenta mirada de los Estados Unidos, quienes en 1996
impusieron un nuevo bloqueo comercial con la ley Helms-Burton. En un
escenario tan complicado dónde la Guerra Fría se resistía a desaparecer,
no había margen para la innovación, no obstante la falta de avances
llevaron a un necesario cuestionamiento de los métodos tradicionales.
¿Podía llevarse a cabo una eficaz política exterior en Cuba a espaldas
del gobierno cubano? ¿Apoyar a la disidencia era nuestra única opción?
Aquel engañoso dilema bloqueó la política europea durante años, pues
nuestro apetito económico por la isla era inversamente proporcional al
deterioro diplomático. La paradoja se hacía más evidente en el caso
español, ya que una pujante industria hotelera venía desarrollándose en
Cuba desde la década de los 90.

En 2008 la situación comenzó a cambiar con el levantamiento de las
sanciones impuestas por la Unión Europea en 2003, con el objetivo de
impulsar los cambios desde otra perspectiva. De esta manera España hacía
valer sus puntos de vista en Bruselas, al tiempo que promovía y apoyaba
la liberación de presos políticos cubanos. En 2009 Rodríguez Zapatero
trató de ir un poco más allá al aprovechar la presidencia española de la
UE para modificar la posición común de los entonces veintisiete socios
sobre Cuba. En aquella ocasión la Comisión Europea frenó las
pretensiones de nuestro país, a fin de hacerse con la iniciativa en este
campo. Ya nadie (o casi nadie) cuestionaba el cambio de estrategia, la
“ostpolitik” caribeña parecía ser el único camino. Ahora el problema
radicaba en el surgimiento de nuevas economías emergentes en América
Latina que empezaban a romper el aislamiento de Cuba, y podían
utilizarla como punta de lanza estratégica frente al hemisferio norte.
Desde la XV Cumbre Iberoamericana celebrada en Salamanca se había hecho
evidente la fuerza del eje Caracas-La Habana en la región. No podíamos
seguir esperando a la oposición democrática, había que actuar. Tampoco
los cubanos estaban dispuestos a aferrarse al pasado, y vista la
afluencia de nuevas amistades decidió jugar tímidamente la baza
capitalista. Sin llegar a lo que en el sudeste asiático se conoce como
Socialismo de Mercado, comenzó a dibujarse una tímida apertura en 2011
con la liberalización de pequeños mercados, viajes al extranjero o
divisas. Sin embargo la verdadera revolución vino de la mano de China y
su Canal de Nicaragua, presentado en sociedad en 2013 mediante la
concesión realizada a la Hong Kong Nicaragua Canal Development (HKND
Gropu). Esta segunda ruta entre el Oriente y Occidente aumentará el
tráfico de mercancías y capitales en el Caribe, por lo que las Grandes
Antillas, especialmente Cuba, adquieren una nueva importancia. Brasil
comprendió la magnitud de este proyecto y ya en 2014 comenzaron las
obras de ampliación de Puerto Mariel, en la costa noroccidental de la
isla, para poder recoger los frutos de este floreciente mercado.

A la vista de los acontecimientos parece que el viaje de Hollande no es
algo tan novedoso, ya que importantes competidores como Venezuela,
China, Rusia o Brasil llevan algún tiempo estrechando lazos políticos y
comerciales con Cuba. Aunque los intereses norteamericanos son bien
conocidos, las ambiciones franceses permanecieron aparentemente
aletargadas hasta el trágico terremoto que asoló Haití en 2010. A pesar
de poseer pequeñas islas en el Mar Caribe (Martinica, Guadalupe, San
Martín y San Bartolomé) las autoridades galas ambicionan una mayor
presencia en la zona. Recordemos pugna entre Barack Obama y Nicolás
Sarkozy por monopolizar las labores de reconstrucción en Puerto Príncipe
y otras áreas afectadas. Las declaraciones de París fueron subiendo de
tono al acusar a los norteamericanos de estrangular en su beneficio la
ayuda humanitaria. La posición del Elíseo arrastró también a la Unión
Europea, que reivindicó una mayor presencia continental en el devastado
país. A esta disputa acabó uniéndose Brasil, fundamentalmente para
contrarrestar la presencia estadounidense y reivindicar su papel de
potencia. A pesar de todo Francia tuvo que reconocer el papel dominante
de Estados Unidos en Haití, y seguir buscando un nuevo solar en el que
hacer valer su influencia. Parece que lo ha encontrado en Cuba, por lo
que François Hollande se ha vestido de líder mundial para tomar la
iniciativa que en su día se le negó a Rodríguez Zapatero. Ni que decir
tiene que tal movimiento ha sido posible gracias al histórico
acercamiento entre Washington y La Habana de los últimos meses, en otro
contexto sería impensable. Mientras tanto los españoles seguimos a
nuestras cosas, enfrentados, llenos de prejuicios, olvidando que dimos
el primer paso en este deshielo al que sin lugar a dudas llegaremos tarde.

Source: Europa, España y Cuba – Internacional – Diario digital Nueva
Tribuna –
http://www.nuevatribuna.es/articulo/mundo/europa-espana-y-cuba/20150519101951116092.html


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