Informacion economica sobre Cuba

Obama y la realpolitik
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 25 Mayo 2015 – 6:39 am.

‘El problema de la elite militar de la Sierra Maestra es que no está
preparada para abrirse y relacionarse normalmente con Washington, a
quien teme.’

Cuando se repasa un poco la historia de Estados Unidos se percibe que la
estrategia del presidente Barack Obama hacia Cuba no es tan nueva como
parece a primera vista.

Y es que se trata de realpolitik, palabra alemana que significa
pragmatismo político a ultranza, y que se sintetiza en una frase de
John Foster Dulles, secretario de Estado con el presidente Dwight
Eisenhower en los años 50: “Estados Unidos no tiene amigos, sino
intereses”.

Dulles lo que hizo en realidad fue resumir otra frase pronunciada
por el también secretario de Estado John Quincy Adams, pero en 1823,
cuando sentenció: “Estados Unidos no tiene amistades permanentes, sino
intereses permanentes”.

Por cierto, Adams ese mismo año enunció la política de “la fruta
madura”, según la cual, por gravitación geográfica inevitable, Cuba
sería parte de la Unión Americana al separarse de España . Y también
en su fecundo 1823, Adams elaboró la tesis de “América para los
americanos”, que fue llamada Doctrina Monroe porque era James
Monroe el presidente y no Adams, quien lo fue dos años después.

O sea, esta política de Washington de acercamiento a los Castro sin
tener en cuenta factores “sentimentales” es añeja. Lo que es nuevo es
que de los 11 presidentes que ha tenido EEUU desde que Fidel Castro
entró triunfante en La Habana hace 56 años, Obama es el que más se ciñe
a esa doctrina Adams-Dulles, y que tiene cierto parentesco con el cínico
pragmatismo del filósofo estadounidense Williams James (1842-1910) y
que se sintetiza en una insólita sentencia suya: “Solo es verdad lo que
me es útil”.

En el caso de los Castro no hay solo parentesco, sino que es James el
guía doctrinario del régimen. En su filosofía se basan los medios de la
Isla, y el Gobierno, para la manipulación de la realidad: si algo es
verdad pero no conviene al régimen, es mentira; si es mentira pero
conveniente, es verdad. Y punto.

Vecinos más cercanos

Los intereses de EEUU respecto a Cuba se expresan en la apetencia que
tienen los hombres de negocios de hacer negocios con las Isla. La razón
es simple: si europeos, chinos, rusos y brasileños quieren meterse en
la Isla, con más razón deben hacerlo sus vecinos más cercanos. Por la
parte castrista se manifiesta en la necesidad de tener un asidero al
que agarrarse ante el cada vez más incierto futuro de Venezuela,
mecenas de Cuba.

De una u otra manera todos los gobiernos actúan como lo definieron
Adams y Dulles. Solo en tiempos de guerra, o de catástrofes naturales
los Estados actúan solidariamente en tareas puntuales. Y también en
las entregas de ayuda humanitaria a países con crisis alimentaria o con
gente muy necesitada, y en la lucha contra el terrorismo, o la
protección del medioambiente, etc.

A fines de la Segunda Guerra Mundial, con sus 67 millones de muertos y
una destrucción material sin precedentes, hubo consenso internacional en
que las naciones debían ser más “amigas” y coordinar políticas para
evitar una hecatombe humana como la ocurrida. Y así, en junio de 1945
un total de 51 países firmaron en San Francisco la Carta de las Naciones
Unidas. Surgió la ONU.

Pero nació tarada por el derecho de veto en el Consejo de Seguridad, el
único órgano capaz de aprobar resoluciones de cumplimiento obligatorio
para los Estados miembros. Ese privilegio de poder vetar, que paraliza
constantemente a la ONU, fue la condición sine qua non que exigieron
las cinco grandes potencias vencedoras en la guerra para crear la
entidad política global. Y sin ser muy “amigas” se constituyeron en
miembros permanentes del Consejo de Seguridad: EEUU, Gran Bretaña,
Francia, China y la Unión Soviética (hoy Rusia).

Con la expansión geográfica del comunismo y la Guerra Fría no cuajó
del todo el plausible propósito de la ONU. La realpolitik lo impidió.
Con la descolonización de Africa y Asia, y la independencia de otros
territorios, se cuadruplicó su membresía y hoy la organización tiene
193 países, que muy poco pueden lograr, salvo recomendaciones que
nadie cumple. La entidad ha quedado más bien para la asistencia
humanitaria en casos de crisis, o el despliegue de “cascos azules” en
zonas de conflicto.

¿Internacionalismo?

Por lo demás, mientras más poderoso es un país menos amigos y más
intereses tiene, no importa la ideología. ¿Era por “internacionalismo
proletario” que la Unión Soviética subsidiaba al castrismo y pagaba la
libra de azúcar a 45 centavos cuando se cotizaba a 4 centavos en el
mercado mundial?

Moscú pagaba, y caro, porque Cuba era su plataforma en el corazón del
continente americano para expandir el comunismo y la influencia
soviética en la región, y porque era su base de inteligencia y
contrainteligencia en las narices mismas de EEUU, entre otras razones.

No fue por solidaridad revolucionaria que Fidel Castro sembró de
guerrillas y quiso incendiar Latinoamérica con la ayuda del Che
Guevara, sino para convertir a Cuba en el centro ideológico y político
de la región y vivir luego a expensas de las naciones liberadas de la
“explotación imperialista”. ¿Subsidia hoy Caracas a La Habana por
solidaridad, o porque el chavismo sin la dirigencia cubana no puede
sobrevivir?

Y al colocar 35.000 médicos cubanos en Venezuela y Brasil, sin sus
familias, los Castro no lo hacen por solidaridad con los pobres, sino
porque esa es la principal fuente de ingresos en divisas —quintuplican
los ingresos por el turismo— que tiene la arruinada economía cubana, y
porque a la vez concientizan ideológicamente a decenas de miles de personas.

Pragmatismo excluyente

Lo peor es que el Gobierno castrista aplica la doctrina Adams-Dulles a
su propio pueblo. El bienestar del pueblo cubano, ya uno de los más
pobres del hemisferio occidental, y la necesidad de restablecer derechos
y libertades ciudadanos no cuentan a la hora de hacer política en La
Habana. Lo que le importa a la cúpula dictatorial es perpetuarse en el
poder, al precio que sea.

Es por ello que no quiere en realidad una normalización total de
relaciones con EEUU. El propio Raúl Castro insiste en que eso tomará
“mucho tiempo”. Lo que quiere el régimen es que se levante el embargo,
tener acceso a créditos internacionales, recibir mucho dinero de los
turistas estadounidenses y capitales. Pero no como en China o Vietnam,
sino con muchas más restricciones para los cuentapropistas y la
población en general.

A decir verdad, el problema de la elite militar de la Sierra Maestra es
que no está preparada para abrirse y relacionarse normalmente con
Washington, a quien teme por motivos reales y no ficticios como aquel
fantasmal peligro de invasión militar. No sabe cómo va a lidiar con una
masiva invasión de yanquis pero sin armas, tanques y aviones. Es
consciente de que por muchos controles y leyes que imponga, el riesgo de
que la situación la desborde es real.

En resumen, la realpolitik de Obama con Cuba es económica, comercial y
tecnológica, nada altruista, pero también la apuesta de que como efecto
colateral el régimen se vea arrastrado a hacer cambios profundos.

La estrategia de los Castro, en tanto, es precisamente la de impedir que
ese desbordamiento se produzca.

Source: Obama y la realpolitik | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1432467938_14759.html


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