Informacion economica sobre Cuba

¿Quién ganará y quién no?
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 13 Mayo 2015 – 7:33 am.

Este proceso empuja a Cuba hacia una versión raulista y modificada del
modelo chino.

Con solo la intención de querer normalizar las relaciones con los
hermanos Castro, el presidente Barack Obama ha puesto a Cuba de moda y
todos quieren ir a La Habana para “estar en onda”.

Sin embargo, casi nadie se pregunta quiénes realmente ganarán y quienes
recibirán tan poco que al final podría decirse que saldrán perdiendo.
Al parecer, en este andar hacia el deshielo bilateral La Habana y
Washington se basan en la filosofía del poeta español Ramón de
Campoamor: “todo es según el color del cristal con que se mira”.

Y me sorprende que no se mencione que falta un tercer prisma, y no color
de rosa como el que usan los gobiernos citados. Es el del pueblo de
Cuba, que siendo el protagonista principal ha sido ignorado por los
Castro y que en esa “nueva era” que se augura no va a ganar tanto como
muchos creen.

Haciendo trizas la dignidad nacional, de la que tanto habla, el régimen
está dispuesto a llegar a un arreglo con una superpotencia extranjera
pero no a dialogar y entenderse con los cubanos del patio. Así vende,
ahora con más éxito que nunca, la idea de que el problema de Cuba es el
“bloqueo” y el diferendo con EEUU, y no la dictadura comunista.

La propia Administración Obama, aunque diga lo contrario, no ha tenido
en cuenta que en estas negociaciones tiene que haber tres factores y no
dos: 1) los intereses económicos y geopolíticos de EEUU, 2) los de la
dictadura castrista, 3) y los de los cubanos de a pie.

Los objetivos 1 y 2 encajan bastante bien entre sí, pero no mucho con el
3. Y en dependencia de si se benefician o no los cubanos es que la
normalización será positiva o no.

Prisma de Washington

En EEUU los empresarios ven el deshielo como una formidable oportunidad
para hacer negocios en un país que, devastado por el sistema comunista,
no tienen nada y necesitan de todo. Los estadounidenses en general lo
desean, pues les abriría un singular destino turístico que estuvo
cerrado mucho tiempo y está a 40 minutos en avión.

Para Obama representa pasar a la historia como el presidente de EEUU que
puso fin al enfrentamiento bilateral, que politólogos y académicos
consideran un rezago de la Guerra Fría, aunque no es cierto, pues
comenzó en 1959 con las confiscaciones de las propiedades
estadounidenses en suelo cubano.

Como importante efecto colateral el mandatario y sus asesores esperan
que al “amigarse” con los Castro las relaciones con el resto de América
Latina van a mejorar, con lo cual ha de extinguirse, o disminuir al
mínimo, la hostilidad de los gobiernos izquierdistas de la región contra
EEUU. Craso error.

En cuanto a derechos humanos, la tesis de Obama es que en vez de exigir
que estos se respeten lo mejor es acercarse a Raúl Castro y su equipo,
concederles estímulos económicos, y dejar que sea la comunidad
internacional la que le exija luego que concedan las libertades ahora
inexistentes.

¿Empoderar a quién?

Aún no hay evidencias suficientes de que la elite castrista quiera
realmente tener relaciones amistosas con Washington, sino que se levante
el embargo, recibir créditos, muchos turistas “yanquis” e inversiones de
capital. Si lo logra, comenzará a poner piedras en el camino y a dilatar
las conversaciones para la normalización total de las relaciones.

El dictador ha dicho que no habrá cambios políticos. Es cierto, para
ello haría falta un relevo radicalmente nuevo y desideologizado del
actual liderazgo castrista, algo que no se atisba en el horizonte. En
todos los países excomunistas los cambios estuvieron a cargo de nuevos
dirigentes.

En cuanto al ámbito económico, es una ilusión creer que las compañías y
los bancos estadounidenses podrán “empoderar a los emprendedores” y
fomentar un pujante sector privado. En Cuba el Estado tiene el monopolio
absoluto y enfermizo de toda la actividad industrial, comercial,
bancaria y hasta la agrícola, pues los campesinos están obligados a
vender a empresas estatales de acopio casi todo lo que producen.

Además, la Ley de Inversión Extranjera impide que los cubanos residentes
en el país puedan invertir. Y si reciben financiamiento extranjero
tampoco pueden porque lo prohíbe el Partido Comunista (PCC), que
establece: “No se permitirá la concentración de la propiedad en personas
jurídicas (negocios privados) o naturales (individuos)”. Es decir, no
hay cómo crear capital privado. Por ejemplo, el dueño de una paladar no
puede crecer porque solo le permiten tener 50 sillas como máximo.

Los cuentapropistas no pueden exportar o importar nada, ni negociar
directamente con nadie. Solo pueden relacionarse con las empresas del
Estado y nunca con una empresa privada o mixta, y menos con extranjeros.

Alguien podría decir que con derogar esas restricciones los
cuentapropistas podrían convertirse en capitalistas. Eso no va a
suceder. Con los Castro en el poder es impensable la consigna de
“enriquecerse es glorioso” con la que Deng Xiaoping inició las reformas
luego de la muerte de Mao Tse Tung.

Hacer fortuna será privilegio de la elite militar castrista, que será la
que negociará con los estadounidenses directamente. Ella será la
ganadora neta y sí se va a “empoderar”.

Un cese del embargo consolidará la nueva burguesía cívico-militar —ya en
gestación—, integrada por los familiares de los Castro, el generalato y
jerarcas del Partido Comunista. Y acelerará el diseño del neocastrismo,
cuya primera versión será presentada en el VII congreso del PCC, en
abril de 2016.

Más palos que zanahorias

Otorgando el beneficio de la duda puede pensarse que como el castrismo
no está preparado para quedarse sin el “enemigo” que hizo posible su
discurso político-ideológico y fue el motivo para movilizar al “pueblo
combatiente”, al producirse finalmente la invasión yanqui, pero de
turistas y hombres de negocios, la situación podría desbordar al régimen
y producirse cambios más profundos. Esa es la esperanza de los más
optimistas. Pero parece muy poco probable.

Es cierto que los cubanos sentirán menos miedo. No será delito hablar
bien del Gobierno “yanqui”. Y si se levanta el embargo ya el “imperio”
no será el culpable de todo lo malo. Ello evidenciaría con más fuerza
que nunca, de manera ineludible, que la pesadilla cubana solo puede
tener fin con la salida de escena de los Castro y la gerontocracia
“histórica”. También hay que contar con el uso creciente de teléfonos
móviles y otros medios tecnológicos en la Isla.

Sin embargo, el control de la sociedad cubana que tiene el castrismo es
algo nunca antes visto en Occidente. Es asombroso el control absoluto
que ha logrado de la vida de cada ciudadano. Y no se vislumbra que eso
se vaya a modificar, haya o no relaciones con EEUU.

Por el contrario, el autoritarismo castrista se está fortaleciendo.
Sabedora de que es la vedette política del momento y que nadie, ni
siquiera Washington, va a censurarla para no hacer ruido en las
negociones en curso, la dictadura se siente impune y arrecia la
represión contra los disidentes.

El deshielo Cuba-EEUU, si se levantase el embargo, traerá una ligera
mejoría económica para la gente, pero bajo la égida estatal. El Gobierno
podrá recibir créditos, más dinero del turismo y de los eventuales
negocios que hiciere con compañías extranjeras, y habrá más
importaciones de alimentos, maquinarias, medicinas y artículos de consumo.

Como conclusión, a mi modo de ver este proceso empuja a Cuba hacia una
versión raulista y modificada del modelo chino: se mantendrá la
represión política igual o peor que en China, pero no se permitirá que
surja un millonario sector privado como el que ya genera el 70% del
Producto Interno Bruto (PIB) de la segunda mayor economía mundial.

Los cubanos recibirán los mismos palos, pero menos zanahorias que los
chinos. Y continuarán sin disfrutar las libertades a las que tienen derecho.

Ojalá me equivoque de plano y todo sea distinto.

Source: ¿Quién ganará y quién no? | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1430607456_14339.html


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