Informacion economica sobre Cuba

Cuba: el “crecimiento económico invisible”
La economía real en Cuba dejó de funcionar hace 54 años. Se vivió del
cuento, de campañas y ráfagas que tenían más de ilusión óptica que de
fundamento. La estatización y planificación absurda de la producción de
fósforos, croquetas y cepillos de diente mató la creatividad
EL REALISMO MÁGICO DE FIDEL CASTRO | 29 de Julio de 2015
LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

En la literatura latinoamericana, el realismo mágico tiene autores de
peso como Alejo Carpentier, Arturo Úslar Pietri o el genio de Aracataca,
Gabriel García Márquez, que con Macondo retrató a un continente de
bribones, atorrantes y caudillos ampulosos.

En la política, el realismo mágico tiene en Fidel Castro a su exponente
líder. El anciano cubano no tiene comparación con ningún estadista a la
hora de vender humo.

Probablemente sólo el siniestro Adolfo Hitler le hizo sombra en el arte
de encantar y poner a marchar y aplaudir a todo un pueblo. La economía
real en Cuba dejó de funcionar hace 54 años.

Se vivió del cuento, de campañas y ráfagas que tenían más de ilusión
óptica que de fundamento. La estatización y planificación absurda de la
producción de fósforos, croquetas y cepillos de diente mató la creatividad.

Un espejismo apuntalado por un torrente de rublos que llegaban desde el
Kremlin

Todos los cubanos éramos un cupón de la libreta. Un número en la
Oficoda. Seis libras de arroz al mes y dos camisas anuales de algodón.
La economía era un espejismo apuntalado por un torrente de rublos que
llegaban desde el Kremlin.

Se diseñó un sistema de salud universal, vigoroso y efectivo, con dinero
ajeno. Se explotó de manera intensiva e irracional la tierra con
fertilizantes, petróleo y tractores que llegaban de Moscú o Siberia.

Cuba era una fábula. Una burbuja. Un país hipertrofiado. Sin mantequilla
ni camarones, pero con un racimo de campeones olímpicos y una vaca
sagrada que producía 110 litros de leche.

Deslumbrado, dos veces al mes, Castro inauguraba obras como “la
textilera más moderna del mundo” en Santa Clara, una fábrica de quesos
que arruinaría al queso francés en Cumanayagua y enterró millones de
dólares en construir una central nuclear en Juraguá.

Aterrizaje forzoso

Cuando el comunismo soviético dijo adiós, Cuba tuvo un aterrizaje
forzoso. Durante 30 años estuvimos encaramados en una nube. La realidad
era otra. Un cuento de hadas. La producción era chapucera e ineficiente.
Y había más comisarios políticos, burócratas y profesionales que obreros
y campesinos.

No se supo capitalizar los miles de millones de rublos y entramos de
golpe en un agujero negro eufemísticamente nombrado “período especial en
tiempos de paz”. Una guerra sin bombardeos ni el rugir de los obuses.

Desaparecieron las mudas de ropa y los zapatos plásticos que a precio de
ganga nos vendía el generoso Estado verde olivo.

Entre la indigencia y la inflación

Era el sálvese quien pueda. El teléfono se convirtió en un arma eficaz:
en dos horas, parientes de Miami, los otroras odiados ‘gusanos’, te
giraban por Western Union te giraban una ‘tabla’ (100 usd). Y con el
dinero del ‘enemigo imperialista’, comprabas alimentos ‘suntuarios’ como
leche en polvo, aceite o salchichas.

Cuba zigzagueaba entre la indigencia y la inflación. Carlos Solchaga,
asesor del presidente español Felipe González, en los 80 llegó a La
Habana para soplarle consejos a Fidel Castro.

Del socialismo al capitalismo

Despacio, el desconfiado Castro se abrió al capitalismo. Una simbiosis
extraña. Al populacho, discursos de resistencia, nacionalismo barato y
antiimperialismo. Mientras, en las alcantarillas del poder se fraguaba
un entramado empresarial de corte militar.

La Isla pasó del socialismo castrense al capitalismo regentado por
generales y coroneles. Un cambio mágico y silencioso. Con la llegada a
Miraflores del paracaidista de Barinas, cuajó el mejor escenario
posible. Otro bolsillo extranjero para sostener las tonterías ideológicas.

En cualquier Estado, la ideología siempre será un pretexto, una trampa
cazabobos. Si se quiere funcionar y ser eficiente, se deben tener las
cuentas claras, trabajar duro e invertir en educación y nuevas
tecnologías. No hay otra fórmula.

Mientras exista el dinero habrá capitalismo. El gran pecado de los
hermanos Castro no es ser autócratas groseros. No. Su error es no ser
dictadores modernos capaces de fundar una economía decente.

Cuba se abre repleta de fobias

La censura por muchos años de internet le ha pasado factura a la
economía, los negocios y el talento profesional. Cuba se abre al mundo
repleta de fobias, inexactitudes y mentiras.

La economía, según nos cuentan, crece todos los años. Es como inflar un
globo de feria. Los números nunca cuadran con la realidad.

Mientras el zar financiero Marino Murillo se nos apea con el discurso de
que el PIB creció un 4,7% en el primer semestre de 2015, los cubanos de
café sin leche se rascan la cabeza ante los precios exagerados de los
alimentos en el agromercado.

La prosperidad económica de la que hablan los medios oficiales no
aterriza en las mesas de los hogares cubanos. No se percibe en un mayor
consumo de bienes.

El realismo mágico político de los Castro es una hazaña para contar.
Nunca antes se ha vendido tanto sin tener nada.

Source: Cuba: el “crecimiento económico invisible” :: Diario las
Americas :: Cuba –
http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3249667_cuba-crecimiento-economico-invisible-hugo-chavez-fidel-castro.html


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