Informacion economica sobre Cuba

Cuba, el WiFi, las redes sociales y el fin de una era
RAÚL DOPICO | Miami | 25 Jul 2015 – 10:40 am.

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El castrismo seguirá intentando retrasar la entrada de los cubanos a la
era digital, pero no lo logrará por mucho tiempo. La nueva economía,
empujada por un capitalismo digital arrasador, mueve el dinero en el
ciberespacio.

El fallecimiento reciente en México del periodista Jacobo Zabludovsky,
quien fuera el zar de las noticias en México durante 27 años, viene a
significar la muerte de uno de los símbolos emblemáticos de una época en
que la televisión era el vehículo informativo más importante. A Jacobo
lo desecharon cuando Emilio Azcárraga Jean lo consideró demasiado viejo
para los nuevos tiempos televisivos. Un productor cubano fue el
encargado de borrar las huellas de su popular noticiario 24 horas,
bautizando la nueva emisión noticiosa con el nombre que llevaba la de la
Televisión Cubana: El Noticiero. Toda una simbología. El nombre del
noticiero televisivo de la dictadura cubana, impuesto al noticiero que
aceptaba las reglas de, a decir de Mario Vargas Llosa, la “dictadura
perfecta” del Partido Revolucionario Institucional (PRI). Hoy, con la
irrupción de internet y las redes sociales, todo parece indicar que el
consumo de la televisión, de la forma como la conocieron Jacobo y el
castrismo, ha comenzado su declive inevitable.

La televisión sigue siendo un medio de comunicación de influencia, por
el consumo de determinados contenidos con buenas audiencias, como pueden
ser los reality shows, las series (para algunos el verdadero cine de
estos tiempos), los deportes, los sitcoms, o las telenovelas
latinoamericanas. Sin embargo los noticieros televisivos, como antes los
periódicos, se han visto seriamente perjudicados por internet y las
redes sociales.

Los noticieros, como los periódicos, se han convertido en medios de
reacción que parecen estar dando noticias viejas, difundiendo
información de la que mucha gente ya se enteró. Están literalmente
detrás de la noticia. Y eso, a pesar de que la televisión puede hacer
breaking news en real time, para trasmitir ciertos eventos: un tiroteo,
una persecución, el izamiento de una bandera, o un accidente dramático.
Pero esa opción ya la ofrecen también un par de aplicaciones para
teléfonos inteligentes. La mayoría de las noticias que vemos en
televisión, ya circularon por internet desde varias horas antes.

Los menores de 30 años han cambiado de forma radical el negocio.
Consumen la información a través de internet y sus redes sociales. Desde
hace mucho un número creciente de personas dejó de necesitar sentarse
frente al televisor, comprar un periódico o escuchar la radio, para
enterarse de lo que está pasando. Ha ocurrido una masiva migración de
audiencia, debido, fundamentalmente, a la llegada de los teléfonos
inteligentes y las tabletas, que han convertido a las computadoras de
escritorio casi en fósiles.

La televisión, que hasta hace muy poco ejercía el rol de cuarto poder
heredado de los periódicos, ha cedido ese protagonismo a las redes
sociales. Porque si bien todavía posee la capacidad de fabricar figuras
políticas como Pablo Iglesias, líder de la formación neocomunista
Podemos, en España, o de darle un protagonismo desmedido a un excéntrico
personaje como Donald Trump, en Estados Unidos, son las redes sociales,
las que, como “potros salvajes” que cabalgan a toda velocidad y en todas
las latitudes, las que representan, hoy por hoy, el verdadero cuarto poder.

Facebook y Twitter han cambiado el valor de la opinión y su nivel de
penetración, con un valor agregado que no tienen ni la prensa escrita ni
la televisión: son verdaderas movilizadoras sociales; agitadoras
profesionales poco costosas, con la capacidad de crear inmediatos
estados de opinión, debido a la temeridad, rapidez, creatividad e
interacción con que se transmite el mensaje. Ningún medio pudo antes
provocar revoluciones como lo ha hecho Twitter. Ningún medio ha tenido
la capacidad para promover opiniones y contenidos como Facebook. Es el
poder del tweet y del share. Es la capacidad de encender la polémica,
que ejerce con entera libertad el intercambio de comentarios. Es la
empatía del like.

Las redes sociales tienen tres cosas que no poseen ni la prensa ni la
televisión: una radical democracia en la exposición de los contenidos,
una infinita expansión de las opiniones, y una absoluta falta de
corrección política. No se mueven por otros intereses que no sean los de
cada individuo. Y es justo a todo esto a lo que le temen los regímenes
que tratan de controlar a la opinión pública. Desde el fascismo chino al
chavismo venezolano, pasando por el autoritarismo de Putin en Rusia o de
Correa en Ecuador.

A esto se enfrentará ahora el castrismo, con la habilitación en Cuba de
varios puntos de conexión a internet, a través de redes wifi, que
facilitarán el acceso de más cubanos a las redes sociales. Una simple
mirada a los posibles amigos que ofrece Facebook, demuestra la creación
de nuevos perfiles de cubanos jóvenes que viven en Cuba, y que tienen la
posibilidad de pagar el todavía caro servicio de conexión (2 CUC la hora).

El castrismo está experimentando con la posibilidad de facilitar un
mayor y más rápido acceso a internet, sabedor de que es imposible tratar
de sobrevivir a la debacle económica y social en que está inmerso, en un
mundo interconectado, sin hacer concesiones. Por eso ha comenzado a
liberalizar, poco a poco, el internet, a la misma vez que diseña la
metodología para mantener el control sobre el acceso y la difusión de
ciertos contenidos, al mejor estilo chino.

El castrismo no le teme tanto a la información en sí, como a la rápida
difusión que propician las redes sociales, a los amplios engranajes de
interconexión que posibilitan y al poder de convocatoria que pueden
tener. Sabe que mientras más cubanos estén interconectados a internet,
mayor acceso a la verdad y a la posibilidad de movilización de grandes
masas, como ocurrió en Túnez o Egipto. Pero no tiene más remedio que
correr el riesgo y adaptar su aparato represivo a esta nueva realidad.
Tratará por todos los medios que la oposición activa —con acceso a
ciertos recursos y financiamiento— se mantenga desconectada de la masa
joven y apolítica, que vive descontenta con el sistema político que le
ha quitado sus libertades y secuestrado su presente y su futuro. Por eso
ha arreciado la represión contra las Damas de Blanco o la UNPACU. Que lo
puedan lograr o no, depende de que la oposición sea capaz de articular
nuevas estrategias de confrontación, mayores desafíos y una movilización
social que alcance a los sectores populares más afectados por el fracaso
socioeconómico del régimen.

Los jóvenes cubanos viven ajenos a la realidad inventada por el
castrismo en sus noticieros de televisión y en sus periódicos. Cada vez
están entrando más en una nueva era donde la mayoría de las personas usa
las redes sociales para buscar noticias, a través de los celulares
inteligentes. El castrismo seguirá intentando retrasar la entrada de los
cubanos a la era digital, pero no lo logrará por mucho tiempo. La nueva
economía, empujada por un capitalismo digital arrasador, del que nadie
puede escapar, mueve el dinero en el ciberespacio: desde la hegemonía de
Google, hasta las transacciones bancarias por celulares, pasando por las
ventas de Amazon o Alí Babá, y el surgimiento de ese deslumbrante
universo que se abre de la mágica mano de las impresoras 3D.

Para el castrismo mantener el statu quo ya no es factible, tras verse
obligado al restablecimiento de relaciones con EEUU. Sin embargo,
tratará de sostenerse con una combinación de ceder y golpear. Pero me
atrevo a decir, que la sobrevivencia del régimen depende de lo que haga
el próximo presidente estadounidense con la Ley de Ajuste Cubano, que
desde 1994 viene funcionando como válvula de escape a la tensión social
en Cuba. Y es que, aunque los hermanos Castro la tachan de “ley
asesina”, en realidad saben que no les conviene su derogación. Saben que
cada cubano que quiera huir y no pueda, es un enemigo potencial. Por
primera vez, en más de medio siglo, los cubanos de la Isla empiezan a
tener una verdadera oportunidad de sacudirse los grilletes, en vez de
escapar, como hemos hecho más de 2 millones, desde que en 1959 el
castrismo decidió lucrar con el destino de la nación.

Source: Cuba, el WiFi, las redes sociales y el fin de una era | Diario
de Cuba – http://www.diariodecuba.com/cuba/1437785453_15929.html


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