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La Habana: jineteras de verano
Las historias de las jineteras cubanas contienen un rosario de penurias
humanas y familiares, sueños rotos, obsesión por emigrar o la ilusión de
prostituirse exclusivamente para atrapar un extranjero de bolsillo
generoso que las lleve ante el altar
HISTORIAS DE PENURIAS | 28 de Julio de 2015
LA HABANA.-IVÁN GARCÍA
Especial

A Giselle el orgullo y el remordimiento a ratos le juegan una mala
pasada. La prostitución es su modo de vida.

Un oficio viejo como el mundo con un mercado que lo hace atractivo. La
chica no es tonta. Dejó la escuela en segundo año de bachillerato y sabe
algo más que manejar los múltiplos fundamentales.

Un modo de vida

Comenzó a prostituirse por puro placer. Quería ser diferente. Vestir a
la moda, comer en restaurantes de lujo y hospedarse en hoteles cinco
estrellas. Sus padres no le podían ofrecer tanto.

Una comida frugal al día no saciaba el hambre juvenil. Cuando cumplió 15
años, recuerda, el exiguo salario de sus progenitores no les permitió
costear una fiesta decente.

“Con muchos sacrificios me llevaron a comer a un pizzería en el Barrio
Chino. A la mañana siguiente fui a ver a una amiga de la escuela que
‘luchaba’ (se prostituía) y comencé a jinetear. Al principio sólo con
extranjeros. Pero después de estar una temporada presa en un reclusorio,
me adapté a los nuevos tiempos”, recordó.

Ahora, cualquiera le viene bien a Giselle. “Mientras me pague 25 o 30
cuc (25 ó 30 dólares). Tengo un hijo y padres que mantener. Pero,
créeme, siento asco cuando tengo que acostarme con clientes viejos,
gordos y a veces pervertidos sexuales. La dosis de decencia que aún
conservo me hace perder clientes”.

Sueños rotos

Las historias de las jineteras cubanas contienen un rosario de penurias
humanas y familiares, sueños rotos, obsesión por emigrar o la ilusión de
prostituirse exclusivamente para atrapar un extranjero de bolsillo
generoso que las lleve ante el altar.

Pero los cuentos sólo funcionan en la ficción. Las hay que pueden contar
finales felices y hoy viven como impolutas señoras en Roma, Madrid o
Nueva York, han formado una familia y su etapa de jinetera es un secreto
personal o un vaivén obligado por la mala vida en su país.

Aunque la prostitución en la isla nunca desapareció del todo, el régimen
es altamente sensible a las notas de prensa que airean ese fenómeno.

La prostitución camuflada de diversas formas

Sucede que el fanfarrón de Fidel Castro, una mañana cualquiera, alardeó
que Cuba estaba libre de esa lacra. El Estado se anotó un gol importante
ayudando a insertar a las prostitutas en la sociedad.

Muchas se vistieron de milicianas, otras se matricularon en escuelas
nocturnas de superación para la mujer. Algunas aprendieron corte y
costura o a manejar y se convirtieron en las primeras taxistas
femeninas. Como negocio, la prostitución casi desapareció.

Se camufló de diversas formas. Gracias a su poder económico y político
un ‘mayimbe’ (dirigente) mantenía una o más queridas, con apartamento
incluido. Tener amantes era bien visto y tema de conversación entre los
pesos pesados del Gobierno y el Partido.

Los funcionarios de rango alardeaban de sus conquistas. Artistas,
modelos, bailarinas o profesionales que destacaban por sus cuerpos,
ascendían a velocidad supersónica dentro de la monolítica y uniforme
sociedad cubana.

Luego llegó el turismo extranjero. Y la prostitución se convirtió en un
negocio. Era simple. Como en cualquier nación, tú ofreces, yo pago. Pero
en Cuba existen detalles novedosos.

Pescar un novio extranjero

Las jineteras eran tan baratas como las de Puerto Príncipe o Santo
Domingo. Con la diferencia de que un segmento amplio de chicas no
deseaba un cliente. Estaban a la caza de un novio extranjero.

Pedían y anhelaban ser amantes a distancia. Tener un tipo que
mensualmente les girara dinero y mucho mejor si el ‘novio’ le solicitaba
matrimonio. En este nuevo siglo, sólo hay tres cosas que han crecido en
Cuba: emigración, prostitución y marabú.

Un mercado en plena efervescencia

Se ha diversificado el fenómeno del jineterismo: femenino, masculino,
homosexual, travestismo o lesbianismo. Un mercado en plena
efervescencia. Si usted se da una vuelta por cualquier bar privado o
estatal, discoteca o el malecón habanero, comprobará que la
prostitución, del género que sea, es tan numerosa que asusta.

En el caso de las féminas, la competencia y la necesidad las ha obligado
a ser cada vez más atrevidas y agresivas. “No pueden ver a un hombre o
grupo de amigos bebiendo. Te abordan y te leen la carta de su servicio”,
cuenta Ricardo.

En un bar privado, en la Calzada 10 de Octubre, confortable y
climatizado y con dos pantallas planas donde los usuarios se divierten
haciendo karaoke, las jineteras hacen sus rondas a la caza de clientes.

“A veces es un valor agregado para el negocio. Después de tomarse unos
tragos, hay clientes que desean compartir con una jinetera. Pero es
malo, por dos motivos: te marca con la policía, que comienza a acosar tu
negocio, pues la prostitución genera broncas y conflictos violentos
entre las jineteras y sus chulos, y porque ocupan un sitio sin consumir
un centavo”, apuntó el dueño del bar.

En este verano de calor aterrador, en La Habana se han multiplicado las
jineteras. “Mucha gente está de vacaciones y hay más espacios abiertos
donde se montan fiestas. La gente está en las calles. Y existen más
posibilidades de enganchar a un cliente”, dijo Oilda, jinetera.

El gran problema de chicas como Giselle, además del remordimiento, es
que no le gusta venderse por poco. “Tengo una tarifa fija, pero cuando
estás dos o tres días regresando a tu casa sin un centavo, tienes que
aceptar los precios a la baja. Si no cuadran contigo, hay un montón para
escoger. Tengo que decidir, entre la soberbia o el hijo que debo
alimentar y vestir”.

Casi siempre la necesidad supera al orgullo.

Source: La Habana: jineteras de verano :: Diario las Americas :: Cuba –
http://www.diariolasamericas.com/4847_cuba/3247624_habana-jineteras-prostitucion-cuba.html


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