Informacion economica sobre Cuba

Lavar, planchar, teñir
REGINA COYULA, La Habana | Julio 16, 2015

Negocio local por excelencia, la lavandería era la escala superior del
tren de lavado de chinos. Las más prósperas, con servicio de urgencia y
recogida y entrega a domicilio; las más especializadas: las tintorerías,
para prendas especiales y delicadas y para teñir, lo cual es el origen
de su nombre; y claro, las súper estrellas: lavanderías-tintorerías,
todo en uno, no tan numerosas, pero siempre alguna cerca del trabajo o
de la casa para tener lista la ropa de lana o la sobrecama de crochet de
la abuelita.

Muy poco queda de esa época. Cuando en 1968 intervinieron los negocios
particulares y desapareció la pequeña propiedad privada con toda su red,
más de un centenar de estos establecimientos se mantuvo, ahora en manos
del Estado. En 1975 se había reducido el número a 80, cuarenta años
después quedan apenas 15 lavanderías de autoservicio, muchas de ellas
restauradas en 2009 por el Ministerio de Comercio Interior; desde
entonces no han parado de deteriorarse. Esto, en una ciudad que ha
duplicado su población (somos más de dos millones de habitantes).

Algunas ya han entrado en la modalidad del cooperativismo, forma de
organización que de acuerdo con las reformas económicas del “ahora sí”,
absorberá los servicios a la población. Como en todas las esferas, aquí
también el proceso avanza sin prisa y con pausas. El autoservicio de 23
y Paseo ya completó las formalidades y es una “cooperativa no
agropecuaria”. Allí se observa mayor dinamismo, el personal es atento,
con esa nueva forma de cortesía que mezcla la sonrisa con los “dime, mi
vida”. Además de lavar la ropa por uno mismo, puede dejarse por la
mañana y recogerla limpia y planchada por la tarde; hasta hacen arreglos
menores como dobladillos o pegar botones.

A El Orbe en Ayestarán y Pedro Pérez, de la que tengo noticias por los
percheros de cedro que desafían los años, nadie la conoce por ese
nombre, para los vecinos es El Lavatín o Autoservicio de Ayestarán. El
amplio local original es compartido con un taller de reparación de
electrodomésticos y en los modernos equipos instalados en la
restauración de 2009 ya se observan bajas. Todo tarifado en moneda
nacional en unos grandes murales, desde 0,50 por una camisa de niño
hasta los 8 de un traje completo de etiqueta.

La mayoría de aquellos pequeños locales se convirtió en viviendas. El
caso de La Cubana, en 27 y 28 en El Vedado, es impactante. Probablemente
la mayor lavandería-tintorería de la ciudad, estuvo abandonada durante
años y fue víctima de la depredación de constructores urgidos. Allí
funcionó también durante un tiempo, en una pequeña parte del inmueble un
“restorán comunitario”; luego el local fue cedido a damnificados del
municipio Plaza para construir viviendas con esfuerzo propio. Al pasar
por la acera, cuesta reconocer a La Cubana en esta construcción crecida
con más improvisación que recursos; con más de ciudadela que de edificio
multifamiliar.

Chantres, otrora una tintorería famosa sita en Calzada y Paseo en el
Vedado, ha perdido el letrero que la identificaba. Pero no solo el
letrero ha perdido. Un local soñoliento con dos empleados también
soñolientos que me recomiendan no usar la tintorería de allí pues puedo
tener la sorpresa de que mis prendas cambien de talla. Me recomiendan
Aster, según ellos, la única tintorería que trabaja bien.

Aster se encuentra en la calle 34, a unos metros de la 5ta Avenida en
Miramar. No puedo precisar si es un local adaptado o construido para su
función de lavandería y tintorería y los empleados no lo saben. La razón
por la que en Chantres me dijeron que trabajaban bien debe ser que su
servicio es en moneda convertible. Local climatizado, entregan la ropa
protegida en forros de nailon. Aquella camisita de niño por 50 centavos
en El Lavatín de Ayestarán, en Aster vale 1 CUC en el ciclo de 72 horas
y 2,85 CUC en el ciclo de 8 horas, y un traje de hombre de tres piezas
dependiendo del apuro puede ir de 5,50 a 9,90. Allí, también en divisas,
funciona una lavandería de autoservicio. Nunca han ofrecido teñido de ropas.

Y como tintorería viene de tinte, indago por Ponds en la Calzada de
Buenos Aires, la única con especialidad de tintes en toda la ciudad
donde mi mamá mandó a teñir hace años unos sacos de yute para tapizar
los muebles. Pero tampoco Ponds escapó del proceso de disolución de ese
ramo.

Muchos podrían suponer que la disminución de lavanderías y tintorerías
ha estado en proporción directa con el aumento de la venta de lavadoras
y planchas domésticas, pero no ha sido así. Entre la desaparición de la
“asamblea de méritos” para la entrega de electrodomésticos en los
centros de trabajo, con las Aurika que rompían la ropa antes de romperse
ellas, y las lavadoras en divisas, hay un largo paréntesis.

Solo los electrodomésticos considerados dentro de la llamada revolución
energética obtienen crédito bancario y la lavadora no es el caso. Una
semiautomática no baja de los 200 CUC y las automáticas causan
escalofríos con el precio casi siempre por encima de 400. Como tarea
tradicionalmente femenina, la mayoría de las mujeres cubanas ha visto su
emancipación social desde un lavadero o desde la ancestral batea. A
pesar del escenario actual, no tengo la menor duda de que las
lavanderías, tintorerías y autoservicio de lavado, retomarán su lugar
como negocio local por excelencia.

Source: Lavar, planchar, teñir –
http://www.14ymedio.com/nacional/Lavar-planchar-tenir_0_1816618321.html


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