Informacion economica sobre Cuba

Obama y el rey Pirro.
ROBERTO ÁLVAREZ QUIÑONES | Los Ángeles | 15 Jul 2015 – 8:50 am.

El régimen cubano tiene un plan B para después del levantamiento del
embargo.

Para el presidente Barack Obama la inminente reapertura de las embajadas
de Estados Unidos y de Cuba en las capitales de ambos países es una
victoria personal suya, que presenta como la rectificación de una vieja
política basada en el aislamiento, que no funcionó, y que él cambió para
acercarse a los Castro y animarlos a que enrumben el país hacia una
democracia moderna.

Pero ¿de quién es realmente la victoria, al menos en el primer round del
deshielo EEUU-Cuba?

A decir verdad, este triunfo autoproclamado de Obama evoca lo ocurrido
al rey Pirro de Epiro, en la antigua Grecia, quien en el año 280 A.C.
derrotó a los romanos en una batalla tan encarnizada que perdió a miles
de soldados y a sus mejores generales. Al finalizar los combates Pirro
dijo a uno de sus generales sobrevivientes: “Si obtengo otra victoria
como esta, estoy perdido”.

Hoy, los cubanos pueden afirmar que con victorias como esta, en la que
Washington concede y La Habana no mueve fichas, el futuro de la
democracia no está perdido, pero sí se aleja. Y no porque las libertades
en Cuba dependan de una potencia extranjera y no de los propios
cubanos, sino porque esa potencia con su nueva política fortalece,
paradójicamente, a la dictadura.

El acto de izar la bandera estadounidense en La Habana y la de Cuba en
Washington constituirá el más grande triunfo político del castrismo en
su historia y el más resonante de Fidel Castro en 56 años. Se habrá
cumplido, por ahora, la consigna de “Patria o Muerte, venceremos”.

Además, con la reapertura de embajadas, EEUU podría ver repetirse lo
ocurrido con la Unión Soviética, con la que aun en los peores tiempos de
la Guerra Fría Washington tuvo siempre relaciones diplomáticas. La
política de “coexistencia pacífica” lanzada por el líder soviético
Nikita Jrushov en 1955, y la “détente” (distensión) diseñada por Leónid
Brézhnev en los años 70, que fueron aceptadas por Washington hasta la
llegada de Ronald Reagan a la Casa Blanca, y que incluyeron la firma de
tratados de limitación y control de armas nucleares, sirvió a la URSS
para expandir su poderío militar y su influencia política
antiestadounidense por Asia, Africa y Latinoamérica.

El envalentonamiento de la Junta Militar con la legitimidad que ya le ha
concedido mundialmente la Administración Obama, si bien no puede
propiciar la expansión de un sistema político fracasado, sí confiere una
impunidad inédita al régimen para reprimir. La salvaje paliza propinada
al líder opositor Antonio Rodiles lo muestra dramáticamente.

No importan las curiosas interpretaciones que se quieran hacer, lo
cierto es que con su realpolitik, Obama reconoce al “presidente” Raúl
Castro, abandona el deseo de EEUU de un cambio de régimen político en
la Isla, libera en gran medida los viajes de estadounidenses, quita a
Cuba de la lista de naciones que apoyan el terrorismo y le abre el
acceso a créditos internacionales. ¿Qué cosa sustancial ha concedido
Cuba a cambio? Nada.

Tono indiferente

Mientras los medios, empresarios, legisladores, políticos y
personalidades de EEUU muestran un gran entusiasmo por las negociaciones
con Cuba, los medios y los funcionarios castristas solo emiten
comunicados escuetos que expresan indiferencia o soberbia, y le restan
importancia.

Es lógico. Para La Habana la importancia del restablecimiento de lazos
diplomáticos radica en que coloca la pelota en el campo del Congreso,
que recibirá ahora más presiones que nunca para poner fin al embargo.
Ese es el objetivo de los Castro, y urgente, pues la crisis de su
mecenas venezolano se agrava aceleradamente.

La elite político-militar cubana no aspira a tener relaciones normales
con EEUU, sino a que se levante el embargo, recibir inversiones,
créditos y turistas de EEUU, para tener un asidero económico al que
sujetarse si colapsa el chavismo en Caracas, y para garantizar su propio
fortalecimiento económico, comercial y financiero.

Por el contrario, una normalización de relaciones preocupa al régimen
por razones políticas e ideológicas. No en balde el dictador reitera que
eso tomará mucho tiempo. La nomenklatura isleña no quiere correr el
riesgo de que “demasiada amistad” con EEUU cree una situación que se
les vaya de las manos, y se quiere blindar contra ese riesgo. Es más,
los históricos de la Sierra Maestra quieren dejar esa tarea
normalizadora a sus sucesores.

El plan B castrista

Y si se levanta el embargo la cúpula castrista buscará la forma de
empantanar las negociaciones y pondrá en marcha el plan B: exigirle a
Washington $115.000 millones en compensación por los daños ocasionados
por el “bloqueo”. Y dirá a los cubanos y al mundo que sin ese dinero no
será posible restaurar el enorme deterioro de la economía cubana como
consecuencia de tantos años de “criminal bloqueo”.

Definitivamente, no habrá en Cuba una transición a un Estado de derecho
mientras ostenten el poder el general Castro y la casta militar que lo
sostiene. Se necesita con urgencia un nuevo liderazgo político. Todos
los cambios en las naciones excomunistas estuvieron a cargo de nuevos
dirigentes. Pero si en vez de presiones, cuando ya los Castro no están
en condiciones de andar exigiendo nada, la dictadura cubana recibe
halagos y dinero, no habrá un nuevo liderazgo capaz de hacer
transformaciones profundas en Cuba.

Los dinosaurios de la cúpula dictatorial, con la benevolencia tácita de
Washington, más fuertes que nunca para reprimir a la oposición interna,
no sienten amenazado su monopolio vitalicio del poder. Y se dan el lujo
de negar incluso la más mínima libertad económica a los cuentapropistas
para que puedan hacer negocios con los estadounidenses que,
supuestamente, los van a “empoderar”.

No están dispuestos, como sí se hizo en China y Vietnam, naciones
también gobernadas por partidos comunistas, a que los cubanos creen
capital y prosperen. Se les prohíbe a los cuentapropistas exportar o
importar nada. No pueden negociar directamente con nadie dentro de la
Isla, sino solo con empresas estatales. La producción industrial privada
está prohibida y los graduados universitarios no pueden prestar sus
servicios profesionales en forma privada.

Lo mínimo que se debió pedir

Lo mínimo que debió pedirle Obama a Raúl Castro antes de hacer tantas
concesiones sin recibir nada a cambio fue que para que cese el embargo
el Estado cubano debe derogar todas esas prohibiciones estalinistas que
impiden progresar a los cuentapropistas y sus familias, o no hay
negocio, y punto.

¿De no eliminarse esas leyes draconianas de qué puede servir el
acercamiento de EEUU sino para enriquecer a la casta militar que ya
controla el 70% de la economía cubana?

Finalmente, que la mayoría de los cubanos en la Isla apoye la
normalización de relaciones con el antiguo “enemigo” no debe sorprender
a nadie. Ante el inmovilismo de la gerontocracia estalinista y su
rechazo sistemático a hacer reformas verdaderas, es lógico que la gente
albergue la esperanza de que “ahora sí van a cambiar las cosas”, bajo la
influencia arrolladora de EEUU.

Pero una cosa es tener esa esperanza, la única que ha tenido el pueblo
en más de medio siglo, y otra es que se puedan cumplir esos deseos con
la misma dictadura militar jurásica que convirtió en ruinas y hambruna a
la otrora próspera Cuba.

Para que el deshielo EEUU-Cuba no sea otra victoria como la de Pirro, la
Junta Militar castrista debe hacer concesiones, y punto.

Source: Obama y el rey Pirro | Diario de Cuba –
http://www.diariodecuba.com/cuba/1436744919_15659.html


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