Informacion economica sobre Cuba

Compraventa de viandas: vía crucis para el cubano de a pie
No pocas personas se llevan las manos a la cabeza cuando tienen que
comprar productos agrícolas
lunes, noviembre 2, 2015 | Osniel Carmona Breijo

LA HABANA, Cuba.- No pocas personas se llevan las manos a la cabeza
cuando tienen que comprar productos agrícolas. A priori, los precios de
venta que alcanzan muchos de estos alimentos, constituyen una barrera
económica de acuerdo al poder adquisitivo del cubano promedio. ¿Estafa?
¿Indolencia generalizada? ¿Complicidad de las autoridades? Son
interrogantes por las que el pueblo espera respuestas.

“La botella de puré (de tomate) vale 15 pesos, la libra de tomate está a
16 pesos y la de frijoles a 15. De las especies ni hablar. Una solita
libra de esos productos cuesta aproximadamente lo mismo que gano de
salario diario, son cosas que uno no se explica y que tampoco a nadie le
interesa explicarnos”, expresa con rostro de preocupación Hortensia,
joven trabajadora de Cultura.

Por décadas, el estado asumió la comercialización de la gama de
alimentos provenientes de la tierra. Los llamados MAE (Mercado
Agropecuario Estatal) vendían sin competencia con precios más
accesibles, pero el volumen de ofertas cayó considerablemente. En 2010
las reformas raulistas hicieron frente a los problemas de abasto
potenciando la actividad privada. Sin embargo, no se crearon bases para
el comercio organizado, ni mecanismos de protección al consumidor.

El criterio popular responsabiliza a los “carretilleros” (vendedores
ambulantes de productos agrícolas) por los exorbitantes precios.

Mientras vende sus mercancías en una barriada de Arrollo Naranjo, Marcos
de la Osa revela algunas de las interioridades que provocan
inestabilidad en el negocio.

Según explica, a los amplios gastos en mercancías y fisco, adiciona una
cuantía que “semanalmente se paga para poder ‘curralar’ (trabajar) sin
contratiempos”.

“Aquí siempre falta algún papel, y aunque son ellos –el gobierno–
quienes tienen que otorgarlo, todas las semanas entrego entre 500 y 700
pesos de soborno a los inspectores, para que nadie se meta conmigo. De
lo contrario me arriesgo a que se ensañen y cumplan todos los planes de
multas conmigo solo. El dinero hay que sacarlo debajo de la tierra si es
preciso. Encima tengo que ganarme lo mío, ¿o voy a trabajar por gusto?”,
comunicó.

Amplía que las inconformidades apuntan a los “carretilleros” porque son
el rostro visible del oficio, “pero detrás hay otro tipo de negociantes
que condicionan el último precio que adopta cada producto”.

Donde come uno comen dos, y donde comen dos…

Antes de llegar a manos del cliente, del surco a la tarima los alimentos
agrícolas transitan por una pirámide comercial donde interactúan
productores, funcionarios del sector, intermediarios, inspectores,
policías de carretera y finalmente, los dueños de carretillas o de
puntos de venta en los Mercados Agropecuarios de oferta y demanda.

A cargo de las Cooperativas de Crédito y Servicio Fortalecidas (CCSF)
corren los controles primarios que regulan las ventas de productores a
intermediarios. Para efectuar cualquier gestión de venta, los campesinos
necesariamente tienen que afiliarse a las CCSF, y tributar a estas un
por ciento (se estima el 30%) del ingreso declarado atendiendo a los
precios estatales.

No obstante, muchos campesinos deciden permanecer al margen de lo que se
establece. Para ahorrarse unos pesos maniobran por debajo del telón.

En la provincia Mayabeque, un campesino al que todos conocen por Mingo,
indicó que cuando planea realizar una venta importante, para no
arriesgarse a sufrir multas o decomisos, “cuadro con algún jefe en la
cooperativa y por unos cuantos billetes me hace una carta para vender lo
que yo quiera. Y si iba a vender la cebolla a 60 pesos la ristra, la
‘clavo’ (vende sobre valorada) a 80, para recuperar el soborno”.

aAsimismo, alega que los costos agregados en la cosecha por la
adquisición de pesticidas, fertilizantes y mano de obra, obligan a
elevar los precios de la producción.

“Un litro de cualquier veneno para las plagas, cuando aparece, puede
valer más de mil pesos”, dijo.

El juego del gato y el ratón.

“Ahora les dicen los caza correcaminos (tractor con adaptaciones para
incrementar la velocidad, generalmente se utilizan para transportar
viandas desde los campos hacia la ciudad), no pueden ver una caja de
viandas arriba del tráiler”, relata en tono jocoso Adonis Palma,
intermediario, en alusión a las patrullas de Tránsito.

Confirma que, “como si fueran narcos, cuando los saludamos les damos la
mano y en el interior ponemos 80-100 pesos para cada uno y ya está, no
pasa nada. Tiene que ser que a algún ‘sesudo’ de ‘arriba’ se le ocurra
montar un operativo, como hace seis meses, cuando nos decomisaron cerca
de 40 mil pesos”.

Los intermediarios son una figura extraoficial dentro del negocio. El
estado permite que actúen a la sombra porque desempeñan una importante
función que él no puede suplir: poner en los mercados toda la vianda
demandada. No se permite que trasladen malanga y frijoles, por
pertenecer a la canasta básica, como tampoco ajo.

Sin licencia tipificada para la actividad que desarrollan, ni autorizos
para adquirir mercancías al por mayor, son blanco habitual de las
patrullas policiales y los inspectores.

“Entonces imagínate, cuando por fin llego al mercado, ¿a cómo tengo que
vender lo que traigo para recuperar las pérdidas?”, se pregunta.

Source: Compraventa de viandas: vía crucis para el cubano de a pie |
Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/compraventa-de-viandas-via-crucis-para-el-cubano-de-a-pie/


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