Informacion economica sobre Cuba

Expectativas moderadas
[08-11-2015 20:24:28]
Alberto Medina Méndez

(www.miscelaneasdecuba.net).- El populismo y la demagogia han dejado
huellas que no se borran de la noche a la mañana. No se puede pretender
que este colosal deterioro cicatrice espontáneamente. El punto de
inflexión parece estar a la vuelta de la esquina y el eventual cambio va
más allá de lo meramente electoral.
El hartazgo ha hecho su parte y, a estas alturas, es evidente que la
mayoría espera que la dinámica actual se modifique pronto dándole lugar
a un período diferente. Pero es indispensable eludir ese exitismo que
antepone lo emocional por sobre lo racional, con todo lo que eso conlleva.

Ningún país salió de procesos funestos y prolongados a gran velocidad.
La historia mal contada, a veces, simplifica en demasía haciendo creer a
muchos que el odio, el resentimiento y el caos, pueden ser reemplazados
mágicamente por el amor, la convivencia y el progreso. Nada de eso ha
ocurrido en un breve lapso, en ninguna parte del planeta.

La transición, aun en la hipótesis de que se recorra el sendero correcto
y con escasos tropiezos, no da sus frutos rápidamente. Es vital
disponerse a superar cada etapa, sabiendo que cada una de ellas implica
sobrepasar desafíos específicos, que se lograrán solo con grandes
esfuerzos, pero también con importantes sacrificios en el presente.

El futuro se muestra de un modo atractivo y por eso entusiasma tanto.
Pero es central no equivocarse y fantasear con la idea de que todo
sucederá en un conveniente contexto de éxitos concluyentes y triunfos
categóricos.

No se trata de suavizar la euforia. Todo es bastante más complejo y
tiene que ver con establecer expectativas absolutamente razonables. Es
saludable evitar frustraciones innecesarias y esquivar las grandes
decepciones, pero también sirve esta postura para disfrutar, como
corresponde, cada avance.

Es fascinante soñar con lo mejor, ser ambiciosos y aspirar al logro de
extraordinarias metas. No es bueno ponerse límites y se deben intentar
alcanzar elevados estándares. Pero esos enormes retos deben obtenerse,
con impulsos sucesivos, con pequeñas victorias que propicien la siguiente.

La situación actual es preocupante. Muchos de los indicadores han sido
deliberadamente alterados y la basura se ha escondido bajo la alfombra.
Ahora vendrá la difícil tarea de transparentarlo todo. Se visualizará
renovada información que algunos imaginaban pero que no estaban
disponibles. Es imperioso construir ese diagnóstico para evaluar la
gravedad de lo acaecido y empezar, desde allí, a diseñar ese camino que
permita resolver uno a uno los desmadres de este tiempo perdido.

Suponer que ese procedimiento será simple sería de una gran ingenuidad.
Que algunos ciudadanos estén exultantes porque entienden que el ciclo
vigente ha llegado a su fin es esperable, pero la clase dirigente tiene
la inmensa responsabilidad de advertir a todos acerca de lo que ha
sucedido en el pasado y lo que ahora tienen en sus manos de cara al
porvenir.

Los groseros despilfarros, los obscenos excesos, la dilapidación
imprudente de los recursos de todos ha sido una de las características
de esta era. No se sale de allí solo con emotivos discursos, excitantes
festejos, ocultamientos piadosos y mentiras que intenten mitigar el
malhumor social.

Desactivar el explosivo coctel que engendraron los gobernantes demandará
no solo de varios años, sino de una singular inteligencia que permita
desarticular cada torpeza cometida, dominar cada adversidad concreta,
minimizando el seguro impacto negativo que recaerá sobre tantos.

Algunos asuntos llevarán mucho tiempo. Tal vez sea necesario esperar
varias generaciones para olvidar estos infortunios. Un mandato de
gobierno no bastará para resolverlo todo. El daño ha sido gigante y no
debe ser subestimado. Aún resulta imposible dimensionar la magnitud del
desorden.

La destrucción de la cultura del trabajo y una perversa mutación de los
valores morales no se solucionan con cuantiosas inversiones, mayor
seguridad jurídica, el sinceramiento de las variables, la apertura de
los mercados y la integración con el mundo. Ni siquiera una alta dosis
de sensatez y el regreso del sentido común alcanzan para restablecer
parcialmente esas profundas heridas que el régimen deja como legado.

Pese a lo que muchos sostienen, lo económico no es lo más importante. Es
solo una parte del problema que, claramente, debe ser abordado para
evolucionar. Pero es trascendente entender que la batalla que asoma se
dará en otros campos que precisarán de más esmero y dedicación.

Por astutas que sean las decisiones y empeño que se le asigne a la
gestión, la recuperación será invariablemente lenta y gradual. Habrá que
prepararse para esta dificultosa fase, acompañando apropiadamente su ritmo.

Después de todo, no se ha llegado hasta aquí de casualidad, sino con la
imprescindible complicidad de esta sociedad que hoy parece dispuesta a
darse una nueva oportunidad. La autocrítica tendrá que ser la
protagonista excluyente si realmente se espera una transformación con
mayúsculas.

Se necesitará entonces de mucha paciencia, de bastante prudencia y de
una tenaz perseverancia, para no cometer los mismos errores del pasado.
La actitud adecuada será la verdadera clave. Por eso resulta fundamental
disponer de esa madurez cívica que admita expectativas moderadas.

Source: Expectativas moderadas – Misceláneas de Cuba –
www.miscelaneasdecuba.net/web/Article/Index/563fa16c3a682e0fbc95cd2d#.VkC6QvmrTjY


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