Informacion economica sobre Cuba

Los revolucionarios son más “iguales” que los otros
Si la Constitución impuesta se viola cotidianamente, ¿qué puede esperar
la disidencia?
viernes, noviembre 6, 2015 | Roberto Jesús Quiñones Haces

GUANTÁNAMO, Cuba – En los Estados de Derecho todos los ciudadanos son
iguales. Este presupuesto democrático, según el cual nadie está por
encima de la ley, se conoce como principio de igualdad ciudadana y es
una creación de las revoluciones burguesas.

En su artículo 41, la Constitución cubana afirma que todos los
ciudadanos gozan de iguales derechos y están sujetos a iguales deberes.
Dicha ley se complementa con el siguiente, que prohíbe la discriminación
por cualquier motivo que lesione la dignidad humana.

Aunque no lo exprese, es obvio que la discriminación política lesiona
esa dignidad.

Según el artículo 42, la discriminación es sancionada por la ley, pero
todavía está por ver el primer proceso penal donde resulte acusado un
miembro de las fuerzas represivas castristas por ejercer actos
discriminatorios en contra de la oposición pacífica, a la que se le
impide cotidianamente disfrutar de derechos internacionalmente
reconocidos, varios de ellos pálidamente reflejados en la Constitución
cubana.

En Cuba circula este chiste: Un ciudadano sorprende a un dirigente
haciendo algo ilegal y le dice: “Eso está prohibido, todos somos iguales
ante la ley”. Y el jefe responde: “Es verdad, pero algunos somos más
iguales que otros”.

La respuesta retrata fielmente la situación de quienes están empoderados
en Cuba. En estos 56 años de presunta revolución y escasa
institucionalidad ha habido trasgresores de la ley a los que, por su
pedigrí revolucionario o vínculos con el poder, les han “tirado la
toalla” y luego partieron a sus casas –salario incluido– para esperar el
próximo nombramiento.

La gran mayoría de estos violadores fueron, son y serán miembros del
partido comunista, autocalificado como la vanguardia de la sociedad
cubana. No en balde la prensa oficialista jamás publica el número de
militantes involucrados o sancionados en estos hechos. De hacerlo,
sabríamos cómo está la ética de la “vanguardia”.

En Cuba, como en todo estado totalitario, las calles, la universidad,
los medios de comunicación y la sociedad civil permitida y controlada
por el estado, son de los autodenominados “revolucionarios”.

Quienes discrepen de los mandantes no tienen derecho a expresar su
disentimiento, organizarse pacíficamente ni a moverse libremente por
el país. Tampoco a no recibir interferencias ni intromisiones en su vida
privada, a expresarse con libertad, a optar por un trabajo acorde con
sus posibilidades ni a disfrutar de otros derechos internacionalmente
reconocidos.

Quienes se autocalifican “revolucionarios”, se han convertido en
verdugos de otros compatriotas al asumir el triste papel de “asalariados
del pensamiento oficial”, según expusiera el argentino del gatillo
alegre –Ernesto Guevara– en su ensayo “El hombre y el socialismo en Cuba”.

Disidencia e igualdad

En un país donde la Constitución impuesta por el gobierno se viola
cotidianamente, ¿qué puede esperar la disidencia?

Aunque el artículo 63 de la Constitución establece que todo ciudadano
tiene derecho a dirigir quejas y peticiones a las autoridades y a
recibir la atención y respuestas pertinentes en un plazo adecuado, se ha
introducido la práctica de no entregar constancia de las presentaciones
de esas quejas, ni de sus respuestas, con el objetivo de que estos
documentos no se conviertan en pruebas de los abusos del gobierno.
También sucede que, muchas veces, las quejas no son respondidas.

Opositores pacíficos, periodistas independientes y hasta ciudadanos cuyo
único “delito” fue presenciar un acto disidente, son detenidos por horas
y días sin que medie acta de detención ni proceso, y luego puestos en
libertad sin que se les entregue ningún documento. Este procedimiento ya
es habitual, sobre todo los domingos, con respecto a las dignísimas
Damas de Blanco y con quienes se les unen en la campaña “Todos
Marchamos”. A muchos se les detiene violentamente o sencillamente se les
golpea, a otros se les despoja de sus celulares por haber hecho una o
varias fotos.

Recientemente, el representante de la Comisión de Derechos Humanos y
Reconciliación Nacional en Guantánamo, vecino de la calle de Ahogados
entre Carretera y Donato Mármol, fue obligado a bajar de un ómnibus e
impedido de continuar viaje hacia La Habana sin que tal detención se
amparara en lo establecido en la Ley de Procedimiento Penal.

Asimismo Juan González Febles, director de la publicación independiente
Primavera Digital, residente en La Habana, es sitiado en su domicilio
cada sábado desde hace varias semanas, con despliegue de patrullas
policiales y testaferros vestidos de civil, para impedirle que al día
siguiente reporte las acciones de las Damas de Blanco.

Tal práctica discriminatoria, impuesta desde la asunción del castrismo,
ha sido, es y será la fuente principal de la disidencia cubana, cuyos
primeros integrantes fueron los miembros del Movimiento 26 de Julio y
del Ejército Rebelde; quienes lucharon por el restablecimiento de la
democracia y jamás por un régimen comunista.

Y esto ocurre ante un mundo occidental que no se cansa de hablar de
democracia y derechos humanos, pero se muestra más interesado en el
dinero que en los derechos de los cubanos. Ocurre ante las narices de
los muy preparados representantes de la prensa extranjera acreditada en
Cuba, más interesada en nuestra cultura y en los cotilleos que propician
los abundantes mojitos de las recepciones oficiales, que en esta triste
parte de nuestra realidad.

Source: Los revolucionarios son más “iguales” que los otros | Cubanet –
www.cubanet.org/actualidad-destacados/los-revolucionarios-son-mas-iguales-que-los-otros/


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