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¿Qué pasó con los buenos maestros de Primaria?
Muchos maestros de hoy son capaces de vender un examen o aprobar al que
no pudo responder ni una pregunta
miércoles, noviembre 11, 2015 | Jorge Ángel Pérez

LA HABANA, Cuba.- Recuerdo muy bien a mis maestros de la Primaria a
pesar de las tantísimas vueltas que han dado los relojes. Sin hacer
malabares con la memoria consigo mirar en el aula a Yolanda Vega, mi
primera guía en el colegio Miguel de la Guardia. No preciso del más
mínimo esfuerzo para que aparezcan otra vez Fefa Galiano Barrenechea,
Olga Diaz Cañón, Lucila Lima, Claudina Basterra o el maestro Marante. De
ellos guardo gratísimos recuerdos y a cada uno agradezco sus buenas
maneras y enseñanzas.

Jamás olvido a mi entrañable Magdalena Cangas, maestra de tercer grado
en la escuela José María Capdevila, allá en Encrucijada… Mientras
escribo estas líneas puedo verla con sus dulces exigencias. No era una
mujer saludable, el asma la azotaba con violentísima frecuencia y ella
manipulaba el spray que la aliviaba por un rato.

Recuerdo la primera vez que la felicité por el Día de las Madres. De
entre todas las postales escogí la que creía más bonita y escribí, con
mi mejor caligrafía: “Maestra, le deceo muchas felicidades”. Unos días
después recibí esa postal a vuelta de correos: “Jorge Ángel, no creo que
sean buenos tus deseos si los escribes con c”.

Confieso que me sentí molesto. ¿Qué importancia tenía que escribiera c
en lugar de s? ¿Acaso no era peor que olvidara el día y las
felicitaciones? Fue horrible que mis padres aplaudieran su actitud, que
hicieran elogios al proceder de mi maestra, pero ahora que vuelvo la
memoria hacia esos días creo que ella encontró la mejor manera de
corregir. Propició que yo fuera mi propio Sócrates, me llevó a que me
hiciera un montón de preguntas y que también las respondiera. Han pasado
muchos años pero todavía recuerdo aquel suceso.

¿Quedarán maestras como esa en nuestras aulas? Esa interrogante me la
respondió Adelfa con lágrimas en los ojos. Ella se graduó en la Escuela
Normal de La Habana en los años 50. “Como tu maestra Magdalena quedan
pocas”, dijo y me contó que se había retirado hacía unos años pero
convirtió en aula la sala de su casa. Me aseguró que no lo hizo
únicamente por dinero. “Enseñar es lo que más me gusta”.

La convencieron los padres de sus alumnos. “Es que desconfían de la
enseñanza que reciben sus hijos”, me dijo. Aunque sus salarios no sean
altos están dispuestos a pagar 1 CUC por cada clase, 5 en una semana, 20
al mes. “No sé cómo lo consiguen”. Muy bien conocen la importancia que
han cobrado los repasadores, como se les llama. “Sin dudas es la figura
más importante de la enseñanza primaria en Cuba”, agrega.

La maestra jubilada achaca la mala calidad de las clases a la urgencia
con la que se forman los maestros y a la falta de vocación. Según cree,
esto no es un mal reciente. Recuerda a los maestros Makarenkos, aunque
asegura que de allí salieron buenos profesionales. “Yo misma los tuve
como compañeros”, y también trabajó con graduados de las escuelas
formadoras de maestros primarios, y formó claustro con los que se
agruparon en el Destacamento Pedagógico Manuel Ascunce Domenech. Las
peores opiniones las reserva para los maestros emergentes. “Esos que se
han estado formando en los últimos años”.

Asegura que muchos se decidieron por esa profesión porque venían a
preparase en La Habana, porque aquí trabajarían después de una
brevísimas preliminares, después de que los maestros mejor preparados
decidieran buscar nuevos emprendimientos, preferiblemente en el turismo.
Con esa última emergencia se consiguieron “maestros” para las aulas de
la capital. Ser maestro era el primer salto para algunos, después
vendrían otros. ¿Quién podía dudar que la suerte les pusiera a un
extranjero en las calles de la gran ciudad? ¡Quizá una lancha los
ayudara a hacer el viaje más al norte! Muchos de los que no consiguieron
pareja ni vencieron al mar que separa a la Habana de Miami, decidieron
aceptar el soborno de algunos padres. Los menos afortunados lograron el
mote de “palestinos”.

Entre estos últimos están los que son capaces de vender un examen o
aprobar al que no pudo responder ni una pregunta. “Un aprobado puede
costar 5 CUC”.

“Por suerte todavía quedan padres que saben que no resolverán mucho si
todo cuanto hacen es comprar las mejores calificaciones”. Es por eso que
Adelfa se prepara cada tarde para recibir a sus alumnos. Es importante
que reconozca en que zona está el mayor déficit de aprendizaje y
diagnosticar los problemas de razonamiento, hurgar en la concentración…
Adelfa hace malabares cada día para atender alumnos de niveles diferentes.

Después del almuerzo deja lista la mesa que recibirá a dos muchachos que
cursan el cuarto grado y al de quinto, también a Yadira, que está en
sexto nivel. El buró pequeñito será para los niños de primer grado.
Adelfa tiene muy buenos métodos de enseñanza pero los medios para
conseguirla son escasos. Es esencial que se procure mapas y tablas de
multiplicar, un abecedario, libros…. Pero ella está dispuesta a no cejar.

¿Y quién podrá dudar de que alguno de sus alumnos reciba de vuelta una
postal de felicitación que exhibiera errores ortográficos?

Source: ¿Qué pasó con los buenos maestros de Primaria? | Cubanet –
www.cubanet.org/destacados/que-paso-con-los-buenos-maestros-de-primaria/


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